Caravaca 5.- Barranda. Candelas y guitarros

la presencia en la fiesta de  Barranda del trovero Juan Rita ,de 105 años de edad, es indispensable

la presencia en la fiesta de Barranda del trovero Juan Rita ,de 105 años de edad, es indispensable

Los temores y los miedos crecían durante los meses fríos. Entonces, entre la oscuridad y las lluvias y nevadas, cualquier elemento agresivo podía sobrevenir, tanto a los humanos como a los animales. Las enfermedades, propias del tiempo, atacaban a todo ser viviente y era preciso buscar protección en lo natural o en lo extraordinario.
El calendario festivo invernal está plagado de santos protectores. Puede ser que los sabios de la Iglesia asimilasen a su santoral creencias y ritos que se practicaban de forma muy profunda en cultos profanos anteriores o paralelos.
En pocas semanas, junto con el rito de San Antón, nos encontramos con San Blas y la Candelaria. No había Ciudad, Villa o Lugar en España que no incluyese en su protocolo festivo a esta última. Para muchos se consideraba fiesta de guardar y, mediante un rito que en otras religiones podría considerarse como chamanismo, por aquí se encendían hogueras conjuratorias, se buscaban las mejores aves de corral para convertirlas en ofrendas, y sobretodo, buscando la protección totémica, se buscaba la imposición de velas o candelas, en la creencia de que con ello se obtenía una inmunidad ante las enfermedades de garganta y pecho.
En Barranda se tiene culto a la Candelaria en una pequeña ermita antes, y ahora en una moderna iglesia. Posiblemente, este y otros cultos eran mantenidos por una hermandad. Sabemos que esas ermitas rurales cumplían una importante función social. Allí, los domingos soleados, se acudía a cumplir con los preceptos básicos de la misa, confesión y comunión. Lo que reunía a un cierto número de personas. Conscientes de ello, las autoridades solían hacer llegar todo tipo de comunicados e informaciones mediante la colocación de edictos, pregones y papeles en algún espacio de las puertas. Para los que no sabían leer, que eran muchos, se hacía necesaria la intervención del capellán o de alguna persona letrada.
“una guitarra grande y dos violines” (de un testamento de Caravaca de finales del siglo XVIII)
Si la reunión junto a la ermita coincidía con algún evento del calendario festivo, siempre había alguna agrupación perteneciente (hermandad, cofradía, gremio) que organizaba pequeños festejos, entre los cuales abundaba la música y el baile, mediante la vieja técnica de la subasta o puja. Esto era lo habitual durante los últimos días de diciembre y los primeros de enero, simulando las fiestas de inocentes. El juego era doble puesto que primero se pujaba por los bailes y luego por los productos conseguidos, entre los que era habitual algún cerdo.
La música era interpretada con los instrumentos más asequibles: violín, guitarro, dulzaina y panderos. La guitarra, tal y como la conocemos hoy, fue introduciéndose en España a lo largo del siglo XIX. Las bandurrias, laudes y similares, fueron popularizados por las “estudiantinas” y “rondallas aragonesas” que abundaron a finales de ese siglo.
Se han documentado estos encuentros en la ermita de Barranda desde finales del siglo XIX.

 

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