Cruces y amuletos

Los meses de mayo, junio, julio y agosto son, según el calendario agrícola, los de mayor actividad, comenzando por la recolección de los cereales y llegando a los frutales y la vid, tanto para el consumo directo de la uva como para la elaboración del vino.
Coincide en este tiempo, el que las altas temperaturas generan la creación espontánea de grandes nubes, que al ascender en la atmósfera se enfría el agua que contienen convirtiéndola en el peor enemigo del agricultor: el granizo, o “piedra” como se le conoce en muchos lugares.
Buscando elementos de protección ante las terribles tormentas que podían dar al traste con las cosechas, las diferentes sociedades se armaron de amuletos y organizaron ritos como los baños y aspersiones de aguas, rogativas, conjuros y similares.
La fuerte presencia de la iglesia en muchos ambientes rurales, encontró en el culto las cruces y en la adoración a la Virgen un fuerte elemento que ha calado de tal forma en la sociedad que se ha olvidado el motivo original del ritual. No es casualidad que el culto a la cruz se continúe hasta el mes de Septiembre, cuando termina la cosecha, con ceremonias como baños, conjuros y bendiciones de campos, cuyo ceremonial tiene muchos paralelismos con los realizados en otras culturas.
Véase lo narrado por Caro Baroja:

 

La Cruz de Mayo y las aguas
… Hay razones para pensar que viejas prácticas de aspersión con el agua de mayo, cuya virtud se ha visto alabada en refranes y cantares se han cristianizado, siendo adscritas al día de la Cruz en primer lugar; al de San Gregorio, en segundo.
En algunos lugares el día de la Santa Cruz se sumerge una cruz en el agua, agua que se usa para asegurar las cosechas y para que los enfermos y tullidos se bañen después.
En la villa de Caravaca (Murcia) es particularmente curioso dicho rito. Las fiestas comienzan la víspera. La primera parte gira en torno al baño del vino. En el santuario mismo donde se guarda o guardaba la milagrosa cruz que ha dado fama a la villa, un sacerdote sumerge el pie de ella en cierto receptáculo que contiene vino; después, la alza, colocándola sobre una gran bandeja llena de flores, flores que se rocían con el vino que cae de la reliquia y que luego se distribuyen entre los fieles, atribuyéndoseles diferentes virtudes, así como también al vino del receptáculo mencionado, que se mezcla con el de otros odres, y se reparte entre los vecinos”. Terminado este baño, se baja solemnemente la cruz a la parroquial de San Salvador. Va en carroza dorada. Madoz describía así la procesión que en su tiempo la acompañaba:
“La víspera por la tarde se baja del castillo en procesión dicha reliquia a la iglesia parroquial, formando el acompañamiento todo el clero, el Ayuntamiento, autoridades, personas de distinción y numeroso concurso que asiste por convite y por devoción; un número considerable de arcabuceros, vecinos del pueblo y campos, improvisan una compañía, según costumbre antiquísima, mandada por un capitán retirado y un alférez que lleva la bandera destinada al efecto; los arcabuceros van delante de la procesión y principian a hacer fuego desde que sale del castillo la Santa Cruz hasta que entra en la parroquia. Van también comparsas de moros a caballo y a pie, otros vestidos a la española antigua con peto, espaldar y casco adornado de flores contrahechas, formando un frontis de bastante altura, y por último, algunos niños vestidos de ángeles. Por la noche hay castillo de pólvora, iluminación, repique y música en las casas consistoriales.
Al día siguiente, es decir, el mismo día 3 de mayo, se conduce la cruz de la iglesia parroquial al baño de agua, a un templete construido ex profeso en 1780 en el paseo de la Corredera, entre el estruendo de los arcabuces. Un sacerdote sumerge parte de ella en el agua que circunda al edificio y en seguida se bañan en él los enfermos, tullidos, ciegos, etc.
Luego se vuelve con la cruz a la iglesia, donde se celebra una misa solemne, y por la tarde se conduce a su propio santuario, donde queda colocada hasta el día siguiente”.
En la misma provincia de Murcia, aunque con menos fama, practican sumersión semejante en el pueblo de Abanilla.
El mismo Madoz la describe así: «La fiesta que con más solemnidad se celebra en esta villa es la de la Santa Cruz en su día; concurren a ella numerosas familias de los pueblos circunvecinos, para asistir a lo procesión en que se conduce al centro de la huerta y sitio de Maoya una reliquia o cruz pequeña que piadosamente se dice aparecida; se baña en la acequia mayor con grande estrépito de trabucos que llevan los mozos del país; después se bendicen los campos y agua para el riego, y se traslada todo el concurso a la iglesia, donde tiene lugar la solemne función religiosa”.
El nombre de Maoya acaso, esté ligado con el de «maya» o mayo.
En Villanueva del Segura el día de la Cruz se sumergía una en agua y luego se bañaba a los niños en tal agua, para que se pusieran sanos, según vi en los días que allí estuve, del 23 al 26 de febrero de 1950.