El Aguilando

El calendario agrícola señalaba que los trabajos en los campos habían finalizado el día de Todos los Santos. Por ello, el día siguiente se recordaba a los fallecidos. Pero en los meses posteriores, el trabajo continuaba. Por un lado se terminaba la cosecha de la aceituna y se procedía a la preparación de los terrenos y a la siembra de los cereales. Por otro se hacía el aforo del vino y del vinagre y se calculaba, en las huertas murcianas, el precio de la hoja de la seda.
Al llegar los últimos días del año, los molinos y almazaras debían pagar el rento por la Pascua, los conventos y los hospitales recibían los donativos pactados desde siglos atrás. Y se preparaban las visitas a los encarcelados, por si se pudiera liberar, al menos por unas semanas, a alguno.
La cultura cristiana había sacralizado ese tiempo, y muchos oficiales de la administración esperaban algún complemento a sus cortos sueldos, antes de la creación de la paga extra. Los músicos de las capillas se afanaban en estudiar los cantos de Navidad, por lo que recibirían un pequeño estipendio.
Pero esto era una historia moderna…
Hace muchos siglos, en las tierras del norte, donde había otros dioses y otras culturas, al llegar el final del año, los hombres sabios y los druidas recogían la hierba sagrada o muérdago, de la que los habitantes de los pueblos cercanos les solicitaban algunas ramas para guardarlas como amuleto protector. En las tierras altas de Irlanda se le llamaba el “hog ma nay”, y en la Francia de los galos era el “gui l’an neuf”, (“gui” en francés es “muérdago” y la frase se pronuncia: “guilanof”).
La tradición debió mantenerse puesto que en el siglo XII en la Occitania y en las tierras del sur, la pronunciación popular lo había convertido en “l’aguilano”, y en España los trovadores mencinaban el “Aguilando”.
Algunos investigadores dicen que los primeros predicadores cristianos buscaron un símil y dieron con: “hoc in anno”, cuya pronunciación “hoquianno”, era muy similar a la ancestral celta, y que por la suavización de las consonantes habría dado “haguilano” con el mismo resultado que la versión anterior.
Cada uno puede acogerse a lo que más le convenga.
Fuesen estos los orígenes, el caso es que esa dadiva de fin de año se popularizó por toda España, hasta tal punto que por el proceso lingüístico llamado “metátesis” que es la alteración o intercambio de las consonantes en algunas palabras de difícil pronunciación, desembocó en “Aguinaldo”.
Todo esto da igual. Las cofradías de Ánimas y del Rosario aprovechaban el momento para cobrar las tarjas atrasadas a sus miembros cantándoles coplas irónicas.  Y hoy,  los niños y los gremios siguen pidiendo el ramo de muérdago, caramelos o algún “sobrecico”.
Un trabajo importante sobre la evolución de los cantos de aguilando
Un trabajo importante sobre la evolución de los
cantos de aguilando