Cárcel Real de Murcia, 10 de junio de 1758
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Aunque los asuntos judiciales se resolvían con cierta rapidez, las cárceles que eran antiguos edificios (algunos de origen medieval), albergaban a condenados a pequeñas penas o a los destinados a los presidios de África o de las Colonias. No había presuesto para su mantenimiento, y sólo algunos recibían ayuda y comida de familiares y amigos. Otros nó. Y a estos se les permitía elaborar algunos productos manufacturados para los que no fuese preciso utilizar herramientas. Los productos como la simple pleita o las capazas de esparto eran los más usuales. Se buscó la forma de comercializarlos aunque siempre había algún intermediario que percibía su porcentaje.

El Sr Dn Joachin Riquelme, Rexidor, en virtud de la comision conferida por el Ayuntamiento en el de 20 de mayo proximo para la asignacion de la casa donde se venda la obra de esparto que fabrican los pobres presos de las Reales Carzeles de esta Ciudad por la suma miseria y nezesidad que padecen, dio cuenta haver practicado dhº Sr y su compañero algunas dilixenzias en este asumpto. Y de acuerdo les parece se señale para el fin referido la casa segunda que havita un barvero inmmediato a el parador del Almudi interin se desocupa la primera, por tener otorgada su escriptura el que la avita. Lo que notiziava a esta Ciudad para que determine lo que sea de su agrado.
Y haviendolo oydo, Acordó destinar y destinó por aora dhª casa para la venta de la obra de esparto de dhºs pobres, sin interes alguno por razon de arrendamiento, y que esta providenzia dure interin cumpla su arrendamiento la citada primera casa de dhº parador.

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17 de junio de 1769
Muestras de bordados conservadas en el Archivo General de Simancas
Los escritores románticos y algunos pintores y fotógrafos del siglo XIX, al hablar de los españoles, los describen como lúgubres y apagados. Ahora bien, numerosos documentos tales como inventarios de dote o particiones testamentales mencionan tanto a la ropa doméstica (cortinas, cobertores, fundas de almohadas, etc.), como la de vestir era de vivos colores. Los más habituales eran el encarnado, el “trigueño” y el azulón. Para ello, los tintoreros hacían su trabajo de forma muy meticulosa, y sus talleres debían ser tan alégres como los que se pueden ver en algunos paises africanos o asiáticos. El principal problema a que se enfrentaban los tintoreros era que bajo ningún concepto los resíduos de su actividad pudiese caer en el vaso de las acequias contaminando las aguas que servían para el riego y para el consumo.
Viose memorial de Alonso Garcia, maestro de tintorero en esta Ciudad, exponiendo que para el consumo del agua que nezesita para el conrreo de sus tintes nezesita surtirse de la Azequia de Carabija sacandola con calderos a mano y baziandola en una tinaja que tiene para este fin, pero como no puede menos de derramarse alguna al tiempo de que la conduzen los ofiziales, se quejan los vezinos expezialmente en el Ymbierno; y para obiar estos incombenientes havia determinado hazer una canal de madera o ladrillo en la superficie de la tierra y cubierta con ella desde sus casas a dhª Azequia de Carabija, que esta distante unos veinte pasos a corta diferencia, y en el final o remate de la nominada canal que lo ha de tener en el quijero de la espresada Azequia a la parte superior o alta en donde no alcanza la corriente de las aguas y por enzima de otra que sirbe para derramar las inutiles de los tintes, hazerle un grifo con su poza o recividero por tasal (s) en la que se aboquen las aguas que nezesitase sacar de la referida Acequia dirigiendolas por dicha canal a la nominada tinaja y conseguir por este medio a menos costa el conrreo de sus tintes,   y no causar perjuicio a la vezindad, y concluie suplicando a esta Ciudad se sirva conzederle lizencia para la construccion de dhª canal.

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Murcia, 5 de febrero de 1791
Felipe V potenció las figuras del Personero del Público y el Diputado Síndico del Común, antecesores de los “Defensores del pueblo”. El encargo de estos consistía sobretodo en defender los derechos de lo público frente a posibles estafas o engaños en las contratas públicas. Uno de los asuntos más “sonados” de finales del siglo XVIII fue la manipulación en el tamaño de los cantaros de los aguadores. Estos cobraban por servir en las casas por cántaros, cuyo contenido debía estar regulado por ordenanzas y marcos oficiales, pero que el potente gremio de alfareros industriales había manipulado reduciendo el tamaño de los recipientes.
No es preciso recordar que el servicio de agua corriente en la región de Murcia es relativamente reciente, con tan sólo apenas sesenta años. Todavía quedan sitios donde el agua potable debe llevarse mediante cubas, y que el aguador es una imagen de la memoria colectiva.    
El Señor Dn Antonio Fontes Paz, Personero del Publico, dio cuenta a la Ciudad que deseando el cumplimiento de su encargo y fazilitarle todo el posible benefizio a este comun, ha inspeczionado la ordenanza establezida para el reximen de los aguadores, los acuerdos de 2 de septiembre de 1642, 12 de dhº (s) de 1693, prebiniendo el primero tengan los cantaros la cabida de 6 azumbres cada uno, y el segundo de 5; y asimismo lo resuelto por este Ayuntamiento en el de 25 de dhº mes del año proximo pasado, de que se guarde dhª ordenanza, que dhºs cantaros sean de 6 azumbres con la marca de esta Ciudad; que todos los aguadores, digo alfahareros (s), esten obligados a hazerlos poniendoles el sello que con distinzion debera tener cada uno. Con estos antezedentes, mandó llamar al almotazen y que traxese las medidas, y pasó, asistido del Sr Dn Juan Josef de La Reguera, uno de los Diputados del Comun, y de el presente Secretario Dn Diego Antonio Callexas, al llenadero que llaman de Sn Juan, y hecha la medida de los cantaros que usan los aguadores, se encontró cabian dos azumbres y media cada uno averiguando por este medio el perxuizio y engaño tan visible que padeze el publico.

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