Algunos han aplaudido la carta del Postillón a Tornel. Incluso alguien ha pedido alguna información acerca del aviador Garnier.
En los primeros tiempos de la aviación mediante aeroplanos, la exhibición de estos cacharros se había convertido en el mayor atractivo de ferias y acontecimientos festivos. En Murcia, después de las espectaculares fiestas de Alicante de 1911, la comisión de fiestas buscó, tratando de aumentar la convocatoria de que gozaba el Entierro de la Sardina, contrató al piloto Garnier para que presentara el aparato el mismo Domingo de Resurrección de 1912. Las gestiones se hicieron de forma positiva, decidiéndose que el mejor terreno era un campo de tiro ubicado al norte de Espinardo, al que tanto militares como civiles acudían, unos para prácticas y otros por deporte, ya que el tiro al pichón y al plato eran practicados por muchas personas.
Se adjunta la crónica periodística y el comentario de Tornel.
9 de abril de 1912. La fiesta de la aviación.- La aviación ha constituido en Murcia un acontecimiento tan extraordinario que ella ha dado a nuestras fiestas de Abril resurrección y vitalidad consistente y ha ofrecido a nuestras calles tal contingente de forasteros, que podemos decir que ningún año hubo tanta animación como el presente.
De Alicante, Cartagena, La Unión y otras poblaciones vinieron un considerable número de automóviles, que con los muchos que en Murcia hay, han dado a nuestra capital un aspecto de población moderna.
En las fondas, en los cafés, en teatros y demás sitios públicos la concurrencia es inmensa. Todo es regocijo y algazara por todas partes.
Aspecto del campo.- Desde las dos de la tarde comenzaron a ir a los tranvías para Espinardo abarrotados de gente. A las tres los carruajes y automóviles formaban un interminable cordón vertiginoso por la pintoresca alameda. Un hormiguero de gente caminaba hacia el campo de tiro.
A las cuatro y media, el intrépido Garnier ordenó sacar el aeroplano, y subiendo sobre él, realizó, con la precisión de siempre su primer vuelo de altura, dando vueltas por las proximidades de la pista y alejándose después sobre los pueblos de Churra y Monteagudo. Este vuelo duró cinco minutos.
El segundo vuelo fue de velocidad y de duración, produciendo en el público un efecto de admiración profundo.
Garnier se alejó, perdiéndose de vista y apareciendo luego por encima de la sierra junto al puerto de la Cadena. Pasó sobre Murcia a muy poca distancia de los terrados, los cuales ofrecían un pintoresco panorama llenos de gente que, desde las primeras horas de la tarde, esperaban ver pasar el aparato. Toda la población satisfizo su ansiedad a las mil maravillas.
Regresó al campo de aviación, dando vueltas sobre la pista. Simuló que iba a aterrizar y cuando el aeroplano descendió hasta casi tocar tierra, volvió a subir en vertiginoso vuelo, causando admiración manifiesta entra la inmensa concurrencia. Este magnífico vuelo duró doce minutos.
El tercer vuelo fue de sensación: pasó por los montes cercanos, a muy poca distancia de los espectadores de los cerros y del público de las tribunas.
En el cuarto vuelo, anuncia una bandera del semáforo que Garnier volaría con un pasajero.
En efecto, el distinguido sportmán alicantino D. Artemio Pérez Bueno, ocupa un sitio en el aeroplano, y da con Garnier un vuelo que duró tres minutos.
En resumen, que la fiesta de la aviación ha sido un éxito para Murcia y para la Junta de este festejo culto y progresivo pues ha sabido proporcionar a los murcianos el recreo en uno de los más grandes y modernos progresos de la ciencia.
Pero el que merece todos los elogios que puedan salir del diccionario es el presidente del festejo, el primer teniente alcalde Don José Baeza Pérez, murciano de gran perspicacia y talento para todos los cargos que se le confían. Puede compendiarse su elogio diciendo que ha sido su organización tan exquisita y detallista que a pesar del loco ir y venir de carruajes automóviles y tranvías, no ha ocurrido accidente alguno que desluzca los días de aviación.
También ha habido un orden completo en el campo del tiro, todo lo cual es debido a las inteligentes disposiciones que el Señor Baeza Pérez ha adoptado.
Con presidentes como este, ya puede una población aventurarse a hacer festejos segura del triunfo. Que sea enhorabuena.
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Diario de Murcia.- Por poco no llego a tiempo de escribir estas líneas. Yo creí que el desfile de carruajes y automóviles y el desalojamiento del campo del Tiro nacional y sus alrededores sería cosa de poco tiempo; pero ya bien entrada la noche pude coger un tranvía.
El caso es que he llegado a mi casa las ocho y media.
La aviación de ayer fue más grandiosa y más emocionante, más artística y perfilada. El gentío fue mayor. ¡Espectáculo admirable!
Los tres ejercicios realizados sobre aquel inmenso campo fueron tan correctos y seguros que desvanecieron del ánimo de los presentes el temor de que pudiera ocurrir una desgracia.
En el último ejercicio, en que tomó parte con el aviador Mr. Garnier, el popular alicantino don Artemio, fue una nota simpática. La intrepidez del improvisado aviador, mejor dicho, del aficionado, y la tranquilidad con que tomó asiento en el aparato, fueron muy aplaudidas por el público que lo llenaba todo, lomas y cabezos, llanuras y alturas.
Aquí fue visto y aplaudido por la multitud que ocupaba todos los terrados, viéndolo como dio una vuelta magnifica; y nosotros les vimos enseguida aparecer muy pequeño y engrandeciéndose por momentos, hasta que llegó encima del campo, y con graciosos revuelos, tocó tierra volviendo a elevarse, descendiendo después majestuosamente.
Días de acierto y felices tendrá Mr. Garnier en el ejercicio de su arriesgada especialidad, pero como el de ayer en Murcia tendrá pocos. Sus vuelos fueron en conjunto un triunfo soberbio, una apoteosis de más de cien mil almas. Tampoco tendrán otro día venta como el de ayer las tiendas de comestibles de Espinardo, ni los ventorrillos del camino. Y no digamos de los tranvías porque eso ha sido una locura.
Decid de ahora para el año que viene todos los favorecidos ¡Vivan los festejos!

José Martínez Tornel

 

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Luis Manzanares: Un Curtiss en el cielo. 1969.
(Orígenes de la Base aérea de Los Alcázares)
1914: Reconocimiento de los terrenos.
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Por encargo directo de Alfonso XIII, varios ingenieros y técnicos del ejercito recorrieron la costa española en busca del mejor emplazamiento para una base de hidroaviones.
Penetraron en Murcia contestana por Aguilas (la Urce de Ptolomeo), y entre ésta y Mazarrón levantaron planos del fondeadero de Cope y del grao de Bolnuevo.
El metereólogo aludió al de Azohía.
-Son terribles los acosos del tercer cuadrante.
Les cogió la anochecida en Cartagena, la opulentísima Carthaginem Novem, y aquél aludió a la fortuna de Escipión el Joven al asaltarla, gracias a un repliegue de las aguas que se originó, no en mareas o estuaciones, aquí casi inexistentes, sino en la contumacia de un duro viento terral.
Festiva la fecha inmediata y oída misa, salieron para cabo de Palos, el “Traete” de los romanos y el “Al-Cabtel” de la morisma. Cara y cruz de los kilómetros: a un lado los castilletes mineros de hierro, y a otro la plana de solitaria sementera. Sendas laterales de zagra rojiza y chispeante.
Más huellas de Vulcano -recalcó el marino-, que por estos rincones vomitó también lava. Ahí están los cráteres de Crisoleja, Santi Espíritu, Lomo de las Narices…; no lejos, en Torre-Pacheco, las “pupas” traquíticas del Cabezo Gordo, Carrascoy…, y ahora andamos por entre las vísceras de La Unión, tan rumbosas de argentería que los fenicios pudieron forjar con ellas sus áncoras.
Encaramados a los treinta y pico de metros del promontorio, fiscalizó:
-Lajas, freus, pedruchos, esculls, molejones…
Conocía Vives, de tránsito, el pequeño edén: enfrente, el mar Mayor, con la isla Grosa (la antigua Strangyle, la Saturna Sacra, de Avieno, la Gezirat Alfire de los árabes, y a espaldas, el Menor, alegrados por las mismas gaviotas, aunque distinguidos por azules diferentes.
-Los vientos del NW., que se fraguan en el golfo de León, temibles allí, disminuyen en el de San Antonio, y aquí, en Palos, se convierten en “lestada”.
Tornó la comisión a los vehículos para buscar la carretera general, y avistando Los Alcázares se detuvo. El coronel no mostró impaciencia; viró los prismáticos desde el tricornio del Cabezo Gordo hasta la modesta montera del Carmolí y escribió en un cuaderno. Se perfilaron planos y dispararon placas. Iban a ocupar los coches y todavía Vives se holgó con las ventajas del lago.
Nueva estación en Santiago de la Ribera y más fotografías. A poco, la playa de La Mata y el borde o algadefe alicantino: dunas saharianas de Guardamar, contenidas por el tesón forestal del ingeniero Codorniu, desemboque cansino del Segura y, en un viso, los restos del castillo que descuartizó el pavoroso terremoto de 21 de marzo de 1829. Torrevieja, resucitada más hermosa del seísmo, Santa Pola, isla de Tabarca, como un náufrago geológico can la sola inteligencia del faro (el metereólogo se refirió a las turbonadas que coinciden con los cambios de estación).
Continuará…

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