151231El costumbrismo murciano de finales del siglo XIX, siguiendo las pautas de otras regiones, y superado el conflicto federalista de Antoñete Galvez, precisaba de elementos de la “cultura tradicional” para argumentar unas señas de identidad frente a la presión de Albacete para ser capital de la región. Lo más sencillo fue reconducir algunos elementos de la vida rural, como el vestido “ancestral”, las músicas, y sobre todo la supuesta “vivienda” conocida como barraca.
Siguiendo la documentación consultada, se trataba de edificios de pésima factura, destinados en su origen para la cría del gusano de seda y para guardar los aperos de la labranza. Se levantaban por los llamados “colonos” o “arrendadores” junto a las viviendas de buena construcción de los propietarios de las tierras, quienes, según la calidad de esa obra, al terminar el “rento” se quedaban las barracas o las mandaban desmontar.
En los siglos XVII y XVIII, según el calendario agrícola, en los tiempos de la recolección de la hoja de la morera o de otros frutos, a veces los labradores pernoctaban en las barracas. A lo largo del siglo XIX, esa costumbre se fue enquistando, y al no disponer de otra vivienda, algunos se acomodaron como pudieron en esos edificios.
En ellos, la vida cotidiana resultaba dura, incómoda e insalubre. Y además como se ha dicho, en su inmensa mayoría, esa construcción no les pertenecía. Lo cual generaba una angustia constante ante la decisión del dueño de las tierras.
Con motivo de las sucesivas inundaciones que tuvieron lugar desde la más conocida del día de Santa Teresa de 1879, y ante la nula respuesta de los organismos competentes, los huertanos tomaron tres caminos:
1.- Buscar una vivienda en lugares y poblados seguros
2.- Conseguir los medios para construir edificios sólidos, siempre con licencia del dueño de las tierras.
3.- Emigrar
9 de marzo 1716 Murcia
Del libro (Historias de los Lugares)
Hizose relazion de la zitacion a este Cavildo para establezer ordenanza que regulara las havitaziones de la huerta en bista de la proposizion hecha por el Sr Dn. Juan Carrillo, rexºr procurador Gl., en el dia 5 de Dzbre del año proximo pasado,
Y la Ziudad, haviendolo oido y conferido, teniendo presente que las dhªs viviendas son nesesarias para el beneficio y conservazion de las Hzdªs, pero que yntroduziendose en ellas el abuso de aumentar dhªs havitaziones sin motibo que pueda conspirar al referido fin sino es voluntariamente por la utilidad de arrendarlas, y que siendo sus habitadores pobres jornaleros, se siguen graves perjuizios publicos y particulares, y deseando ebitarlos prohive absolutamente la habitazion de caseros en la dhº huerta y raigueros ezepto donde sean nezesarios para el cultibo de las heredares.
Y Ordena y Manda que no se puedan fabricar varracas ni palazios sino es teniendo el que lo pretenda 12 thªs propias, Y si en menor numero quisieren hazer dhª fabrica a de ser prezediendo lizª desta Ziud. en vista de los motibos que representare y no en otra forma, y que las dhªs havitaziones an de estar prezisamente a distanzia de 10d pasos de las tierras zircunbezinas; y que ningun eredado en la huerta y raiguero no pueda dar a zenzo ni arrendamiento tierra alguna con el fin de hazer havitaziones en ellas ni fabricarlas por si para efecto de arrendarlas; Y el que contrabiniere a qualquiera de las zircunstanzias contenidas en este acuerdo, demas de demoler a su costa la fabrica que hiziere, yncurra en pena de 10 Ducados aplicados conforme la ordenanza. Y como tal se a de obserbar este acuerdo, prezediendo aprobazion de su Magd, y luego que se consiga, Se publique para que benga a noticia de todos:
Como del libro Capitular pareze a que me refiero y de orden de la Cdªd, doi la presente en la Zdªd de Murcia en 9 de marzo de 1716 años, Dn Antº Xmnz de Leon

Historias

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Murcia, 13 de octubre de 1713
La huerta de Murcia, a principios del siglo XVIII, era un territorio casi inhabitado, por lo que eran frecuentes las tropelías. La barraca era una construcción endeble donde se colocaban las andanas de zarzos para la crianza del gusano de seda. También servían como almacén para los aperos precisos para el trabajo hortelano. Sólo en los momentos de la cosecha de la hoja de morera servía de refugio para los jornaleros que participaban en esas labores. (del Libro “Historias de los Lugares”)
Fotografía costumbrista  Primeros años del siglo XX
Fotografía costumbrista
Primeros años del siglo XX
La Ciudad acuerda se publique la orden de su Mgd prohiviendo la fabrica de havitaciones en los raigueros, y lo resuelto por esta Ciudad en barios ayuntamientos para que no aya caserios en la huerta, por servir estos de ladrones y abrigo de otros, a cuio fin el cavº Procurador General ejecute en justizia todas las dilixenzias que convengan para atajar el daño que orijinan.

 

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26 de mayo de 1714
La huerta de Murcia, en las primeras décadas del siglo XVIII, dedicada en gran parte al cultivo de la morera, era un territorio inhóspito. Para completar el ciclo de la seda, se construían barracas sólo para la cría de los gusanos. Había pequeños huertos cercados de tapias con árboles frutales, y en otros espacios se plantaban las hortalizas y cereales de subsistencia o de consumo de la Ciudad. Los espacios poblados eran unas reuniones de edificios en los que vivían unas decenas de habitantes. Muy pocos vivían en las huertas.
En este ambiente era frecuente que surgiesen pandillas de maleantes que, ante la ausencia de guardas, vigilantes o similares, cometían todo tipo de delitos. Esto, entre otras cosas, fue lo que motivó que hasta finales del siglo estubiese prohibida la construcción de barracas para vivienda en los pequeños huertos aislados.
150526El Señor Crrxºr puso en noticia de esta Ciudad como haviendo entendido que una quadrilla de muchachos andavan vagueando por la Guerta con el titulo del Rxtº de Malteses, ejecutando muchos rovos y otras maldades, solicito la prision de ellos para prozeder a su castigo. Y lo logro en el numero de veinte y quatro que tiene en la carzel publica. Y respecto de hallarse en el animo de consultar a su Magd para que los mande poner en un prezidio, no enquentra modo de mantenerlos en dhª Prision ynterin se toma resoluzion, por no haver caudales de penas de Camaras y gastos de Justicia, y asi lo pone en la considerazion desta Ziudad para que se sirba de usar de su gran piedad y conmiserazion en el socorro de esos presos, y por el veneficio publico que resulta de su castigo.
Y haviendolo oido y conferido, dio las gracias al Señor Crrxºr por su zelo, y le suplicó se sirva de azer dhª representazion a su Magd con todo exfuerzo por constarle de los exzesos que cometian dhºs muchachos, y Acordo que el Sr Dn Ygnacio Romo, Rxºr, solizite el socoro diario de ellos en lo que discurra preziso para su manutencion, sacandolo de la parte y en la forma que tenga por mas conveniente.

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La Azacaya, Huerta de Murcia.- 9 de abril de 1738
150409
La vida en las barracas era bastante más dura de lo que se describe por algunos. Eran edificios de barro y cañas con la cubierta apenas estanca, y con muchos problemas de salubridad. Estaba permitida su construcción en cada 12 taullas y con permiso del dueño del terreno, quien al finalizar el tiempo de rento, solía quedarse con la construcción que había hecho el labrador. Además, la escasa superficie de su interior no permitía lujos. Generalmente había sólo una cama para el matrimonio y, si acaso, otra para la abuela y las muchachas, todo en el mismo espacio. Los chicos dormían en el suelo. Había que estar pendiente del fogón pues el edificio se incendiaba con facilidad, con desastrosas consecuencias.
Notas: El termino “curador” hace mención a la persona que se ocupa de los menores una vez fallecidos los padres.
La cama de tablado consistía en un par de bancos sobre los cuales se colocaban unos tablones. El colchón que no siempre era de lana iba encima. 
Ymbentario.- Estando en este Pago que llaman de la Zacaya, huerta y Jurisdiczion de la Ciudad de Murcia, a 9 dias del mes de abril de 1738, en cumplimiento del auto antezedente, yo el escnº, en virtud de mi comision, en presenzia y con asistencia de Juan Fernandez Bermudez, curador adlites de Salbador y Brigida Sanchez, menores hijos de Salvador Sanchez, difunto y con asistencia de Josepha Sanchez Bascuñana, biuda de el susodhº y madre de dhºs menores, en las barracas que fueron de su havitazion y morada donde murio, se hizo inventario de sus vienes en la forma siguiente:
Una cama de tablado de pino usada
Dos sabanas biejas de tramado
Una colcha de retales usada
Un colchon biejo de tocas viradas poblado de paja
Una almoada de tocas poblada de lana
Una sabana vieja de lienzo casero
Una capa bieja de paño pardo
Dos camisones para ombre de lienzo casero usados
Dos pares de calzones de lo mismo, usados
Dos pares de medias, las unas de seda negra y las otras blancas de hilo, viejas
Seis servilletas de tocas usadas
Tres tablas de manteles de lo mismo usadas
Una mesa bieja pequeña de pino
Una silla bieja de morera con asiento de sogas
Una arca bieja de pino sin zerradura ni llave vazia
Una artesa, tabla y zedazo usados
Un candelero de pino usado
Una escalera de pino de siete escalones usada
Una hacha bieja de partir leña
Un legon viejo
Unas tixeras biejas de sastre
Una sarten pequeña usada
Unos yerros pequeños para el fuego
Dos candiles biejos
Una rasera pequeña para la artesa
Ocho zarzos biejos

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5 de diciembre de 1715
41205La barraca forma parte de la visión de la vida antigua en la huerta que ha llegado hasta la actualidad. Su historia se ha deformado mediante los relatos costumbristas de las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX.
En teoría se trataba de construcciones muy sencillas, en donde se criaba el gusano de seda y donde se guardaban los aperos de los labradores. Sin embargo, los jornaleros vivían en la ciudad o en las inmediaciones de los lugares, y con frecuencia resultaba largo el traslado hasta los bancales, por que procedían a ocupar esas construcciones para pasar las noches. El problema surgía de la necesidad de buscar leña para calentarse y cocinar, por un lado, y por otro el que era habitual que se “tomasen” hortalizas de los bancales cercanos. Había quien se introducía en las barracas con toda la familia, con los problemas que esto podía traer. Además eran frecuentes los incendios y las desgracias. Los regidores de Murcia, que eran propietarios de buena parte de las tierras, trataron de controlar este proceso mediante ciertas ordenanzas que perduraron hasta el siglo XX.
El Sr Dn Juan Carrillo de Albornoz, Rxºr Procurador General, dijo que por quanto de algun tiempo a es esta parte de an introduzido en la huerta de riegos desta Ziudad la fabrica de barracas y palazios que solo las ocupan pobres jornaleros y otras personas forasteras, de suerte que al presente ay mas havitazion en el despoblado de la huerta que en esta poblazion; en que se an reconozido y existen gravisimos inconvenientes y perjuizios a la Rl Hazienda, paz y quietud de esta Republica y buena administrazion de Justizia, ademas de los que la experienzia a demostrado de que siendo como son jornaleros los que las havitan sin tener hazienda suia ni arendada ni otro caudal mas que su jornal, tienen sus biviendas (s) probehidas de quantos frutos produze la tierra. Zircunstanzia que, teniendola presente en lo antiguo la gran justificazion desta Ziudad, no dava lugar a la poblazion de dhªs havitaziones.
Subsistiendo los mismos reparos, de poco tiempo a esta parte hizo esta Ziudad algunos acuerdos prohibiendolas, permitiendo por regla general que solo hubiese una barraca en 12 taullas, los quales se conformaron por Rl Despacho de S. M, que uno y otro no se an podido encontrar entre los papeles de la Escrivania deste Ayuntamiento sin envargo de las diligenzias que se an executado. Y porque cada dia se aumentan las havitaziones en la huerta y por consiguiente los perjuizios a los azendados con general desconsuelo, le a parezido mui correspondiente a la obligazion en que lo pone su empleo de Procurador General dar quenta a esta Ciudad para que en su intelixenzia se sirva de mandar aplicar el remedio conveniente a reparar estos daños acordando (si le pareziere) que no se puedan hazer ni tengan mas que una barraca o palazio en 8 o 10 taullas y prohiviendo absolutamente caseros en la huerta, con lo demas que conduzva a este yntento, por lo que zede en venefizio comun y particular de loa interesados, y que se publique para que benga a notizia de todos.

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La huerta no era ni es un disfraz, ni una parranda, ni una cierta forma de hablar. Había que cultivar los bancales, si había agua para ello, pagar los rentos y evitar las tercianas. Se comía poco y mal, y por supuesto a ningún huertano, “a uso y estilo de buen labrador” se le ocurriría ponerse un calzón blanco para ir al tajo.
Rento
22 de abril de 1738
Dn Pedro Corbari Zeldran y Poyo, vezino desta Ziudad de Murzia, doy en arrendamiento a uso  y costumbre de buen labrador a Joseph Pellizer, vezino de ella y morador en su huerta al Pago de Veniale, dos piezas de tierra en el heredamiento de Sangonera la Verde, con quarto y medio de agua de dhº Rio de Sangonera, linde por levante con tierras de Dn Franzisco Javier Saorin, mediodia dicho Rio, por poniente con las del Marques de Tenebron y por el norte tierras de los herederos de Dn Pedro Pacheco, por tiempo y espazio de 3 años, que tomaron principio el dia de San Juan de junio de el año pasado de 1737, en prezio cada uno de ellos de 1.000 Rls Cn pagados por los dias quinze de Agosto de cada año, que la primera paga que me devera hazer dhº arrendador sera el dia quinze de Agosto que viene deste presente año, y por dhºs dias las demas pagas los años siguientes. Con las condiziones siguientes:
Que a de labrar y cultibar dhªs tierras a uso y estilo de buen labrador, dandolas las rejas y riegos nezesarios a sus tiempos y sazones, pagar las mondas que se ofrescan  en dhº rio de Sangonera, ezepto obras nuebas, que en caso de haverlas an de ser por quenta deste arrendamiento
Que respecto de que las dhªs dos piezas estan pobladas de plantones, es condizion que si alguno se muriese lo a de arrancar dicho arrendador, llebarse la leña y poner otro en su lugar, criarlo e ynjerirlo a su costa de forma que cumplido que sea este arrendamiento han de quedar dhªs dos piezas pobladas de plantones y qualquier falta que hubiese ha de ser de la obligazion de dhº arrendador el completarla, a lo que se le a de poder apremiar.
Que en cada un año de este arrendamiento ha de ser obligado dhº arrendador a segar una pieza en yerba de suerte que no grane por ningun caso, y asta el dia quinze de mayo de cada año la a de tener de dos rejas, prebiniendo que la mitad que a de sergarse en este presente año a de ser a la parte del norte.
Que en los meses de febrero de cada, año dicho arrendador a de hazer la replanta de plantones que fuesen nezesarios, y si no lo hiziere he de poder mandarlo hazer a su costa, y por lo que asi gastare despachar ejecuzion en la misma forma que por la renta
…A su riesgo y bentura de quema, piedra, roya, langosta, avenida de rio o rambla, o de otro qualquier caso fortuito del zielo o de la tierra pensado o no
De los otorgantes firmo el que supo y por el que no a su ruego un testigo
Hijuela
El año de la gran guerra.- 24 de abril de 1914.- Diario de Murcia.
            Ayer ya no llovió y brilló el sol a ratos contribuyendo a endurecer el barro, que aún ha de durar varios días. El mercado no fué tan insignificante como era de esperar. Es verdad que aunque fueran las circunstancias de los caminos y calles tan normales, el mercado de ayer hubiera resultado flojo, porque la gente de la huerta, que es la que hace estos mercados de los jueves, está termínando la cría de la seda y sacando hijuela; pero todavía no ha hecho dinero. Ahora está esa laboriosa clase en la zozobra de a como romperá el precio del pelo de pescar y del capíllo.
            ¡Quiera Dios que se les cumpla su deseo, que no es otro si no el de que los precios sean remuneradores!
            Una inundación inesperada sorprendió ayer a gran número de moradores del barrio del Carmen en las calles próximas a la estacíón del ferrocarril, por haber reventado una de las acequias que por allí pasa, la de Alfande. El agua de esta acequia entró en varias casas y acabó de poner intransitables las calles por donde buscaron salida las corrientes. No hubo que lamentar nnguna desgracia.
            Y es que ahora todo es agua par todas partes. Así como en los meses que van del año y todo el año anterior todo ha sido sequía y sequedad; ahora todo es agua; agua en los periódicos, agua en el río, agua en el Reguerón, agua en las acequias mayores y en las menores, en los brazales, en los escorredores, en los azarbes y en las azarbetas. ¡Que no la echemos de menos en los próximos meses!
            Este exceso de agua, ha suprimido los juicios en el Consejo de Hombres Buenos, ayer no hubo mangueros, y parece que se han dado al olvido las cuestiones que tenemos pendientes sobre riegos abusivos en los regantes de varios pueblos ribereños. Tal vez nos hacemos ilusión de que ya no nos va a faltar nunca el agua.
            Pero nos faltará antes de dos meses… y entonces vendrá el lamentar (no dulce) de las antiguas y modernas desidias nuestras. Y también serán muchos los juicios sobre usurpación de aguas en el buen Consejo. Con la rotación del tiempo, va la rotación de las cuestiones y de los asuntos, influyéndose mútuamente.
            Con el calor del verano, se toman las cosas con más calor. El frío quita el apasionamiento e impone la moderación. Pero en ningún tiempo se resuelve nada definitivamente. Y el mundo en tanto, etcétera.
                        José Martínez Tornel.

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Cabezo de Torres. 18 de febrero de 1727
Había que obtener permiso para construir y mantener barracas en la huerta. Para ello los huertos donde se ubicaban debían tener más de doce taullas. Todo ello sin perjuicio de tercero.
Muchos lugares consiguieron su topónimo al instalarse allí o ser dueña una familia de las tierras. El espacio comprendido entre Espinardo y Monteagudo estaba regado por la Acequia de Churra la Nueva y quedaba al norte de la milenaria Senda de Granada. Algunas familias como los Torres tenían allí sus haciendas, regadas por norias.
El Sr Dn Juan Lucas Verastegui, Rxºr, dixo que en conformidad de lo resuelto por esta Ziudad en el Cavildo de 18 de enero proximo ultimamente pasado, a echo reconozimiento de la pretension de Dn Joseph Lopez Alarcon, asistido de Dn Juan de Baeza, y a allado que la barraca que lo motiba a su queja esta fabricada en secano en la falda del Cavezo compreendido en la azienda que tienen los herederos del Sr Dn Alfonso de Torres, en el Pago de Churra, de mas de 200 taullas y en su misma tierra; cuia barraca que es de pequeño buque, dista 8 pasos por la frente de ella de el murallon que sirve de zerca a el guerto (s) de dhº Dn Joseph de el grueso de bara y media; con corta diferenzia medianera con dhºs erederos; y que en 3 años que esta fabricada la barraca y la abita Joseph Gomez para cuidal (s) de dhª azienda y de un guerteizico (s) de arboles nuebos zercada de cañas que tienen dhºs erederos; y que antezedentemente en el mismo sitio ubo otra barraca sin que ubiese resultado quexa alguna. Como de todo se a procurado ynformar de personas fidedignas y de conozimiento. Por cuias razones no le resulta perjuizio. De que da quenta. Y la Ziudad, haviendolo oido, Acordo que esta parte acuda a Justicia a pedir lo que le combenga.
 
El año de la Gran Guerra.- 15 de febrero de 1914
El Bando de la Huerta de este año va a ser no una ficción, una mascarada, como ha sido siempre, sino una realidad. En sus principios, este festejo, que encajaba perpetuamente en los carnavales, lo idearon y lo representaron don Joaquín López y don Pedro Aceña; de los cuales, el primero, hablaba el panocho y lo escribía muy bien y el segundo caracterizaba en su cara nariguda, tipos vivos de huertanos. Puestos ambos sobre una carreta, eran la alegría de toda Murcia el primer día de carnaval. Los bandos que leían, graciosos ellos y de sana intención, causaban la hilaridad general. Este fué el periodo primitivo y clásico de los bandos de la Huerta.
Después, se unieron a López y Aceña, algunos amigos suyos, jóvenes y alegres como ellos y se quiso dar a los bandos más importancia y significación, formando de ellos mascaradas con asuntos de actualidad política como la Rueda da la Ñora, o de tradiciones huertanas, como el Moro vesibilo. Ultimamente, en estos últimos años, se le ha resucitado como empezó, como fué en el periodo primitivo y clásico, con sus disfraces. Pero, en todo tiempo, el Bando de la Huerta lo han hecho, lo han organizado y lo han representado señoritas de Murcia, no con ánimo de molestar a los de la Huerta, que eso no lo tuvieron nunca, pero si para hablar en su nombre y en su lenguaje y decir, a veces, verdades crudas en defensa de las costumbres e intereses de los buertanos.
Mi amigo don José Frutos y yo somos los que más bandos de la Huerta hemos escrito y no nos remuerde la conciencia de habernos burlado nunca de los huertanos; por más que a éstos nunca les fué muy simpática tal diversión carnavalesca. Pero este año, la farsa va a ser una realidad. Va a hacer el Bando la propia Federación Agraria, la representación más numerosa que ha tenido la Huerta de Murcia, una asociación que se ha formado en poco tiempo para la defensa exclusiva de los intereses y derechos de los hueertanos y, que sabe a donde va.
De esa Federación son los organizadores del Bando de la Huerta de este año, los que han de redactar las soflamas y los que han de leerlas en las calles y plazas de esta ciudad. Yo espero que lo harán todo bien y que no confiaán al éxito de su Bando al ese y intinción de lo que digan y despotriquen, sino que procurarán lo primero, que ese Bando sea una manifestación artística de las bizarrías de la Huerta, de sus tipos, de sus clásicos trajes, de sus músicas, de sus cantares, y de su ingenioso lenguaje.
Ya que lo van a hacer huertanos, que sea el Bando huertano de verdad, digno de pasear las calles de Murcia y digno de que las muchachas de la Huerta ostenten en el su belleza y sus candores.
José Martínez Tornel.
 

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La Arboleja, 13 de enero de 1757
El rento, era un contrato implacable, que se concertaba entre propietario y huertano. Se hacía de forma oficial para evitar malas interpretaciones o abusos por algunas de las partes. La barraca sólo servía para el cultivo de la seda, como almacen de los aperos de labranza, y como vivienda cuando la parcela tuviese más de doce taullas. Los dueños mantenían sus casas construídas de obra.
…parecio Pedro Hernandez, vecino de esta Ciudad y morador en su huerta, Pago de la Arvolexa, y dixo recivia y recivio en arrendamiento de Dª Maria Yrene Galtero, Viuda de Dn Juan Antonio Fontes, diez y nueve taullas, poco mas o menos o lo que hubiese, de tierras blancas y morerales con una barraca de 6 andanas incluido en ellas en dha huerta y Pago de la Arvoleja, divididas en dos pedazos, linde tierras de Dn Pedro Salafranca, Dn Lucas de Azcoytia, Rio de Segura y otros, por tiempo de 6 años que an de tomar principio el dia de Sr Sn Juan de Junio que vendra de este año y en precio cada uno de ellos de 1.500 Rls Vn pagados por dhº dia, siendo la primera paga que de hazer Sn Juan de junio del año que viene de 1.758 y asi subcesive por dho dia los demas años vajo la pena de ejecucion y costas de su cobranza, y con las condiciones siguientes:
– Lo primero que ha de labrar, regar y cultivar dhªs tierras a uso y costumbre de buen labrador, dandoles en cada un año por lo menos 6 rexas y los riegos nezesarios, pagar mondas y azequiaxes, exzepto obras nuebas que si las hubiere han de ser de quenta de la renta.
– Que ha de escardar las moreras sin daño alguno de ellas, la que se muriese la ha de arrancar, llevarse la leña, poner otra en su lugar criar e ingerir a su costa.
– Que todos los reparos que se ofrecieren en la varraca an de ser de quenta del otorgante y dejarla corriente cumplido que sea este arrendamiento a ecepcion de hazerla de nuevo, que en este caso a de ser su rehedificazion de quenta de la renta.
– Que por el dia de Pasqua de Navidad de cada un año de los de este arrendamietno ha de dar y traer a las casas de dha Srª 2 pares de gallinas o capones, y a ello se le ha de poder apremiar.
1914: El año de la guerra
Murcia comenzó el año con una extraordinaria nevada que duró varios dias y que llegó a dejar hasta 20 centímetros de nieve en Cartagena y en todo su campo.
En los ambientes laborales, se buscaba neutralizar los movimientos sindicales mediante campañas mediáticas, para evitar huelgas y acciones de reclamación de sueldos y derechos.
Los empresarios cartageneros apostaban por una línea de ferrocarril que enlazase directamente la ciudad con París.
Los cafés, los restaurantes y los comercios mantenían su tradicional actividad sin ningún sobresalto, y en los cines, las sesiones eeran amenizadas por sextetos. Pero en muchas familias se esperaba la vuelta de los mozos que luchaban en Marruecos.

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