11 de noviembre de 1914
41110El frio había llegado a la Región. Y la vida cotidiana trataba de acomodarse a los tiempos, disimulando los agobios del conflicto mundial. El mercado semanal tenía su sede, desde los tiempos de los árabes, en la plaza de Santo Domingo. Como muchos otros españoles, los murcianos mantenían la esperanza de que la guerra terminaría en pocas semanas, y que la Navidad sería como las de siempre.
Diario de Murcia.- Por la fuerza de la costumbre, ayer se trasladó el mercado de los jueves de las plazas de Santo Domingo y del Romea, donde se celebra los meses de calor, a los alrededores de la Glorieta, Paseo de Garay y subida del puente, explanada amplia y bañada del sol, donde se han de celebrar en los meses de invierno. En este traslado no han intervenido autoridad ninguna: el mercado íntegro se ha trasladado él sólo, ocupando los vendedores sus respectivos sítios, sin que nadie les haya disputado su derecho.
En este sítio hacen más negocio los pequeños industriales que salen al mercado que en Santo Domingo, porque, por tomar el sol y dar un paseo, salen muchas señoras y señoritas, y porque en los géneros que se ponen a la venta predominan frutas apetitosas como los dátiles, low peros, las níspolas, las naranjas, las granadas, etc., cosas que no entran en la compra diaria.
Por eso, teniendo los dos mercados el mismo secular orígen y estando amparados por las mismas tradiciones, este del Arenal es más popular y castizo que el de Santo Domingo. El del Arenal tiene días grandes que no los tiene el otro, como los mercados anteriores al dia de Navidad, el de Noche Buena en los cuales toda Murcia va al Arenal a comprar el pavo, las castañas, bellotas, nueces, piñones, ápio, cardo, coliflor y la batata de Málaga, etc.
Las primeras horas de la Noche Buena es cuando se da en aquel sítio mayor concurrencia, porque acuden las pobres mujeres de los trabajadores que han cobrado al oscurecer a llenar su cesta de lo que pueden comprar, no faltando su medio de castañas para que las criaturas tengan ese regalo.
Esta noche, aunque la guerra no haya terminado, que tal vez para entonces esté más intrincada, la plaza de la Reina y la subida del puente presentará el mismo aspecto alegre y consolador de la gente pobre que tiene dinero y que gasta en comprar cosas para celebrar en familia y al calor de hogar la noche de Noche Buena.
He dicho que para entonces no habrá terminado la guerra. ¿Y quién lo sabe? Faltan cuarenta y ocho días, y en este largo tiempo pueden ocurrir sucesos tan grandes, cuyas consecuencias no puede nadie calcular. Pero aquella noche, en que se conmemora la venida al mundo del Divino Pacificador, pot imposición de lo alto, no debe haber guerra y no la habrá. Todos los beligerantes son cristianos y les repugnará a ellos mismos disparar un tiro que mate a un hermano suyo en la noche que se dijo: “Paz en la tierra a los hobmres de buena voluntad”.
Ni aún en el campo de las batallas, pueden ser esos ejércitos una excepción del orbe cristiano, que todo él celebra piadoso y regocidamente esa noche, tan llena de augustos misterios.
J. Martínez Tornel
BULLAS.- El Postillón conoce algo de los campos de Bullas. Con mucho esfuerzo y con mucho trabajo han conseguido que su vino, de origen centenario, sea reconocido entre los mejores. ¿Quien no ha probado el clarete del Carrascalejo?
A la entrada del Lugar hay un pequeño museo cuya visita es muy agradable y muy didáctica. La torre del reloj señorea el casco antíguo, y la Vírgen del Rosario y sus cofrades han tenido un importante protagonismo en la historia del Lugar.
Un fuerte abrazo para todos ellos.

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Murcia, 7 de febrero de 1778
1777 fue especialmente seco con pocas lluvias y escasas nevadas. Esto tuvo graves consecuencias en las cosechas, faltando trigo y siendo muy corta la recolección de uva. A pesar del aumento de calidad de los vinos de la zona de Bullas, comenzaban a apreciarse los vinos de Villena.
Viose memorial de Juan Bol, Juan Tarrida y consortes comerziantes de vino, haziendo presente han sido cortas y reduzidas las cosechas en los Campos de esta Ciudad y Cartaxena, Billar de Moratalla, Carabaca y Zehejin, por lo que se surten de las del Reino de Valenzia; y por la exorvitanzia de prezios, conduczion y drºs no pueden vender el quartillo a tres quartos, pues pierden en cada arrova zerca de dos Rls, y asi suplican a este Ayuntamiento se digne arreglar el prezio con la equidad que acostumbra.

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Poner un hito: dejar una señal o marca definitiva
Los Concejos cuidaban de sus términos territoriales con un especial interés evitando cualquier alteración o injerencia de los Municipios vecinos. Para ello era obligado que durante el mes de febrero se hiciese una visita de los mojones o hitos que marcaban los límites geográficos, lo que suponía un buen dia de campo para los concejales de los consistorios vecinos y sus comitivas con un almuerzo a veces muy generoso.
Por lo general esas marcas eran sencillos montones de piedras, marcas en las rocas o árboles emblemáticos. Todo eso era facil de trasladar o eliminar por lo que algunos Ayuntamientos no dudaron en construir unos sólidos pilones con sillares y piedras talladas.
En los límites más meridionales del municipio de Bullas se encuentran dos de estos hitos cuya forma suele desatar todo tipo de comentarios. Uno se encuentra en Zarzadilla en dirección a Casas Nuevas de Mula, y el otro al norte de Avilés. Los dos son idénticos.
Murcia y Cartagena mantuvieron largos pleitos por los mojones colocados tanto en La Manga como a lo largo de la rambla del Albujón. Algunos de estos litigios duraron años pasando por la Chancillería de Granada e incluso ante la Corte.

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