Tornel en el Casino (de Murcia).

13 de mayo de 1904 Diario de Murcia.
En el Casino.- Se ha hablado estos días de disgustos surgidos entre la junta directiva del Casino de esta ciudad y algunos socios, con motivo de cierto acuerdo tomado por aquella y resistido por estos.
Cuando supe lo del disgusto, me puse desde luego de parte de la Junta; primero porque yo soy siempre partidario del principio de autoridad, y segundo porque tanto el presidente de la actual Junta como los demás socios que la componen me inspiran confianza absoluta de no ser capaces de acordar ninguna tontería.
Sin embargo, aprovechando la festividad del día de ayer, fui a tomar café al Casino; porque yo soy un socio de los más antiguos y porque, como murciano, me interesa mucho el prestigio y la buena armonía de esa sociedad, que siempre que ha sido necesario, ha sabido honrar el nombre de Murcia.
Noté con extrañeza que casi todos los socios que había en el Casino estaban en la puerta, en los dos ventanales laterales que hay a la entrada del edificio.
En el patio árabe, que es un portento de laboreo, donde cae la luz filtrada por vidrios matizados donde se aspira el ambiente puro de una Alhambra perfumada, no había nadie, ¿Para qué –me dije yo, sentándome allí con el amigo Antonio Spotorno, a tomar café- para qué habrán gastado tantos miles de duros en hacer este templete encantador?
¡Cuidado que es aquello bonito! Todos los forasteros, todos los periodistas acostumbrados a ver cosas y a no admirarse de ninguna, se detienen allí y admiran aquella corrección, aquella exactitud copiada de los adornos arabescos, y aquel lujo de detalles riquísimos.
Pues allí me enteré de la cuestión de estos días, que ha puesto en entredicho a la Junta Salvadora (llamémosla así) con algunos socios.
La cuestión ha sido por si se ha de sacar butacas mecedoras a la puerta de la calle, o no. La Junta lo prohibió; algunos socios, que no tenían noticias del acuerdo prohibitivo de la Junta, quisieron hacer bueno y dar fuerza de ley a la costumbre; ¡y aquí fue Troya!.
Ayer no había butacas, ni mecedoras, en la puerta; había modestas sillas de anea en las cuales estaban algunos socios decorosamente sentados viendo pasar a la gente.
El motivo que ha tenido la Junta para prohibir que se saquen butacas-mecedoras a la puerta, según me dijeron, ha sido de orden económico, pero lo hay más respetable, que es el motivo del buen parecer.
En una calle con la de la Trapería y a la puerta de una sociedad como la del Casino, no se puede estar sentado tan a la negligée, como cuando uno está en su casa, perezoso y dormilón. Las señoras y señores que pasan, las señoritas, las jóvenes, el público en general, merecen otros respetos.
Ya que la autoridad permite que tanto allí como en los cafés, cervecerías etc., se apoderen de las calles, debe agradecerse el favor, correspondiendo a él del modo más correcto.
El estar repantigado y con una pierna sobre otra en una mecedora, convengamos que no tiene nada de actitud artística. Eso, que es algo musulmán, estaría medianamente y podría pasar en el patio árabe, por cuyos alicatados parece que van a descender las huríes a cantar las dulces cásidas que adormecían a los hijos de Mahoma y adormecerían a los cristianos.
José Martínez Tornel

 

Severo Almansa

Severo Almansa dibuja el Casino de Murcia

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