Colección Martínez Blaya en el Museo de Cartagena

161130-2La fotografía de estudio ha sido considerada como un genero menor dentro de la historia. Sin embargo, en muchas pequeñas y medianas poblaciones, en las últimas décadas del siglo XIX, al ir sustituyendo la nueva técnica a las costosas y elitistas pinturas de retrato, este se popularizó.
Hoy, con los procesos generados por las nuevas tecnologías, el trabajo de estudio ha mejorado mucho, pero en las primeras décadas del siglo XX, el resultado de ese trabajo dependía de un alto conocimiento de las técnicas de iluminación.
Los Martínez Blaya de Cartagena, siguiendo las enseñanzas del maestro Cassau, consiguieron un prestigio enorme con sus trabajos.
ANUNCIO
El etnógrafo musical y profesor de literatura Emilio del Carmelo Tomás Loba, siguiendo las conferencias de M. Muñoz Zielinski sobre Cuentos leyendas y costumbres de la Murcia árabe, da unas charlas detallando la evolución de los cantos de los trovadores medievales llegando al actual canto del trovo.
Hoy en Sangonera la Verde
Mañana en Sucina
El dia 2 en el Centro Cultural de La Arboleja.

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Difuntos. Los cementerios

Los movimientos románticos del siglo XIX crearon mitos y creencias en torno a los fallecidos. La llamada novela gótica potenció esta idea con personajes como Drácula, El Golem, Nosferatu y otros, sin mencionar el crecimiento de creencias en “aparecidos”, “fantasmas” o “la santa compaña”.
Razones no faltan. Desde que se implantaron en Europa las dos grandes religiones (cristianos, maometanos), el ritual funerario conllevaba enterrar a los difuntos en las inmediaciones de los templos y lugares sagrados, incluso en los emplazados en los cascos urbanos. El avance de las tropas cristianas ocupando lugares de tradición árabe y trasformando las mezquitas en iglesias, no cambió las cosas y se seguía enterrando junto a ellas. También a lo largo de la Edad Media surgió una inmensidad de conventos en los que se enterraba a sus miembros en sus propios claustros.
Este estado de cosas se mantuvo hasta los siglos XVI y XVII, cuando los tremendos episodios de peste produjeron centenares de miles de muertes. En las cercanías de las ciudades, pueblos y lugares se habilitaron espacios donde se abrieron enormes zanjas en las que eran arrojados los cadáveres que no eran quemados. Estos lugares fueron denominados “Montes Sacros”.
Los diferentes avatares de finales del siglo XVIII y de la primera mitad del XIX, (guerras, desamortización, Etc.) hicieron que muchos conventos aislados quedasen abandonados y que sus cementerios fuesen saqueados y las tumbas abiertas. Esto dió pie a la creencia de “muertos” que reivindicaban su derecho al descanso eterno alterado por esas acciones.
Por otro lado, las políticas de higiene y sanidad desarrolladas a lo largo del siglo XVIII recomendaban la apertura de cementerios civiles extramuros de las Ciudades, ya que por el aumento de la población, los cementerios parroquiales estaban desbordados.
La leyenda urbana sobre la venganza del Prior del Convento de Santo Domingo de Murcia, cuyo cuerpo estuvo enterrado en el solar donde se construyó el teatro Romea, pasada la desamortización, se mantiene viva amenazando con incendiar el coliseo tres veces. De momento se han registrado dos graves episodios en el edificio.
El primer cementerio municipal murciano estuvo en las inmediaciones de la Puerta de Orihuela.
Portada del segundo cementerio municipal de Murcia
Portada del segundo cementerio municipal de Murcia
Murcia, 29 de octubre de 1796
Sabado extra en las Casas de la Corte despues de concluida la funzion de rogativa a Maria Ssmª de la Fuensanta por el benefizio de la lluvia.
Viose papel de los Sres Dean y Cavildo de esta Stº Yglesia, su fhª 27 del corriente, dirijido a esta Ciudad, en que manifiesta que en cumplimiento de las Rls Ordenes y prezedidos los Oficios correspondientes, Acordó en 20 de noviembre de 1795 la construccion de un zementerio en el sitio que parezio mas proporzionado. El que hallandose concluido, ha resuelto el Yllmº Sr Obispo hazer por si la bendizion en el dia de mañana domingo, concluidos los Divinos Oficios en dhª Stª Yglesia, y queriendo S. Y. que este acto tan religioso se practique con la mayor solemnidad, ha determinado se baya (s) prozesionalmente concurriendo asi dhº Cavildo como el Clero, lo que participa a este Ayuntamiento para que se sirva asistir, con lo demas que manifiesta.
Quien habiendolo tratado y conferido, considerando que el haber tenido efecto la construczion de este edificio se debe al infatigable zelo y eficazia de su Señoria mediante los ofizios que ha pasado asi por escrito como berbales, con el Yllmº Sr Obispo e yndividuos de su Cavildo, lo que se corrobora ademas con ver que desde el año de1787 en que se expidio la Rl Zedula de S. M. en este asunto, sin embargo de las juntas y conferenzias que se tubieron y constan del expediente, todas fueron dificultades y no pudo verificarse su establezimiento, desde luego dá el Ayuntamiento las debidas grazias a nombre del publico al Sr Corregidor por lo que se ha dedicado y dedica a su mayor benefizio como es notorio, y particularmente en el presente negozio, tan interesante a la humanidad: Y Acuerda se concurra a dhª funzion de vendizion del Zementerio, zitandose generalmente segun costumbre. Y que para que en todo tiempo conste lo referido, se una dhº papel al expediente de que se ha hecho relazion por su Señoria y se coloque en este mismo Cavildo.

 

Baile roto en Cobatillas

Cobatillas.- 9 de octubre de 1764
1964. En los caseríos de La Flota, hoy Avenida de Juan de Borbón, se celebraba la matanza con un baile.
1964. En los caseríos de La Flota, hoy Avenida de Juan de Borbón, se celebraba la matanza con un baile.
En las huertas y campos, el ocio y el entretenimiento se entendían de forma diferentes. La vida cotidiana estaba marcada por el horario agrícola, lo que obligaba a levantarse de madrugada y a acostarse sobre las nueve o las diez de la noche. En invierno, algunos juegos de cartas o escuchar relatos y cuentos eran toda la actividad ociosa. Las bodas y similares alteraban la monotonía.
Los ritos de transito como el matrimonio, o el fallecimiento de niños, eran celebrados con bailes. En los primeros, era habitual que grupos de mozos se presentasen a “romperlos” mediante violencia. Los instrumentos utilizados eran el violín y la dulzaina. De los bailes de difuntos hablaremos otro dia.
Fianza carcelera.- Dijeron que ante la Rl justicia y Nicolas de Jodar, se esta siguiendo causa de oficio contra Antonio Guardiola, vecino de esta dha Ciudad, morador en el Partido de Cobatillas de su Jurisdiczion, y otros consortes, por el vaile que en la noche del dia diez y seis de Septiembre pasado de proximo hubo en las barracas de Blas Perez, morador en dhº Partido de Cobatillas, en el que mediaron algunos golpes, de cuio exceso se le puso preso en la Rls Carzeles desta referida Ciudad.

 

El pájaro Malver

EL PÁJARO MALVER
El pájaro Malver, según Zarwell
 
Cuento recogido entre 1970 y 1980, por J. A. León Rey, folklorista colombiano.
Pues un buen día amaneció el rey con deseos de salir a pasear al campo. La comitiva regia pasó por cerca de la casa de un labrador tan arruinado que no tenía manera de proporcionar vestido a sus tres hijas, tan bellas como perlas, las cuales viéndonse semidesnudas se la pasaban en el zarzo de su rancho.
Las tres doncellas al sentir las voces de los paseantes, se asomaron a alguna ventanilla que se habían fabricado en el empaje (cubierta de paja) y quedaron maravilladas ante la elegante apostura y las distinguidas facciones del soberano. Tan grande fue su asombro, que la primera dijo:
-¡Es tan lindo y tan bello el rey que si se casara conmigo le pondría un castillo en la mitad del mar, desde el cual se divisara toda la tierra!
Y la segunda dijo:
-¡Es tan lindo y tan bello el rey, que si se casara conmigo le haría con mis propias manos una camisa tan fina que no tuviese puntada alguna!
Y la tercera:
-¡Es tan lindo y tan bello el rey, que si se casara conmigo le daría dos niños que lloraran perlas y corales!
Uno de los fieles servidores del monarca alcanzó a escuchar el primor de aquellas voces y se adelantó a comunicar a su amo el suceso.
El rey se devolvió al punto y sin más ni más se entró a la casita de las doncellas, donde encontró al labrador todo acoquinado (acosado) por la miseria.
-Diles a tus hijas que comparezcan ante mi presencia.
-¡Majestad! Perdonadlas que ellas no pueden salir porque mi pobreza es tan grande que no les puedo dar vestido y están desnudas.
Todo fue el rey oír tan triste confesión y mandar a sus siervos a la ciudad a que trajeran los más ricos vestidos que encontraran. Y los vestidos llegaron y las niñas se arreglaron lo mejor que pudieron. Al presentarse las niñas ante el rey toda la corte quedó alelada por la belleza no vista de las hijas del humilde labriego. Y el rey no se pudo sustraer a la fascinación general. Y habló:
-Bellas niñas: quiero escuchar de vuestros propios labios lo que dijisteis cuando pasaba con mi comitiva.
Las niñas se confundieron, pero al fin no hubo mas remedio que dejar que se escuchase la música de su voz. La primera dijo:
-¡Es tan lindo y tan bello el rey, que si se casara conmigo, le pondría un castillo en la mitad del mar, desde el cual divisara toda la tierra!
Allí fue el quedarse todos boquiabiertos por la armonía de aquella voz que con tanto aplomo y misterio ofrecía al rey una obra tan fuera de usanza. Pero se quedaron cortos en su admiración cuando oyeron a la segunda moza repetir:
-¡Es tan lindo y tan bello el rey, que si se casara conmigo le haría con mis propias manos una camisa tan fina que no tuviese puntada alguna!
Y la tercera:
-¡Es tan lindo y tan bello el rey, que si se casara conmigo le daría dos niños que lloraran perlas y corales!
El rey fuera de sí, al contemplar la no vista belleza de la tercera doncella y su voz angelical, en un arrebato de amor exclamó:
-¡Tú serás mi mujer!
Y se encaminaron a palacio, en donde se celebraron las bodas con mucho lujo.
Pero en palacio quien se entendía con disponerlo todo era una negra de mal corazón que, apenas vio a su soberana, le tomó tal aversión que desde ese momento determinó perderla.
Muy pronto el rey se vio obligado a hacer un largo viaje y, a pesar del gran cariño que profesaba a su esposa, tuvo que dejarla. Dió entonces orden a la negra de que si en su ausencia su mujer cumplía su promesa de darle dos niños que lloraran perlas y corales le enviara entonces su caballo blanco y que si, por el contrario, no realizaba su ofrecimiento, le hiciera llegar su caballo morcillo.
Pero aquí es preciso decir que en aquella remota época lo más precioso que se conocía eran las perlas y los corales. Pronto la reina dió a luz dos niños bellos como soles que lloraban perlas y corales. Mas la negra, mientras su señora dormía, se los cambió por dos marranitos acabados de nacer. Y mandó hacer la malvada mujer a un carpintero un cajoncito dentro del cual colocó a los niños para arrojarlos en seguida a la corriente del río.
Muy abajo estaba un pescador ocupado en su labor, cuando alcanzó a divisar la caja y derechamente se dirigió a cogerla; y cuál no sería su sorpresa al sentir dentro el llanto de dos niños y luego al destaparla y ver que ellos lloraban tantas perlas y corales que al llenar la caja ya casi se ahogaban.
Al llevar los niños para su cabaña, la mujer del pescador por poco se muere de gusto, pues, fuera de no tener hijos a pesar de habérselos pedido mucho al cielo, vivía en estrecha pobreza con su buen marido. Desde el día siguiente fueron vendiendo en la ciudad vecina el tesoro que de los ojos de los niños brotaba y muy pronto quedaron ricos.
Los niñitos, hombre y mujer, eran de una belleza incomparable y fueron creciendo y adoraban a los pescadores como a sus padres v se desvivían por ellos, tanto que rogaron a estos que les permitieran ir a la ciudad a vender ellos mismos la maravilla de sus lágrimas. Y los buenos pescadores no pudieron negarles el permiso, no sin hacerles una infinidad de recomendaciones.
Al atardecer volvieron los niños muy contentos porque habían logrado vender las joyas a mejor precio que el alcanzado por sus padres. De ahí que volvieron al día siguiente a la ciudad y lo mismo hicieron los demás días. Al fin, por causa de tántas idas, la fama de la belleza de los niños se entró a palacio, y la negra cobró tan grande desazón que ella misma salió a conocerlos, y al hallarlos, dijo a los desapercibidos adolescentes:
-Estas perlas y corales son muy bellos pero lo serán más si al volver mañana entráis a la laguna encantada y los laváis con sus aguas.
Al día siguiente iban los dos inocentes niños a la laguna encantada a lavar sus perlas y corales conforme se lo había aconsejado la negra para perderlos; más en la mitad del camino, encontraron a una viejecita que les dijo:
-¿A dónde vais, buenos niños?
-A lavar a la laguna encantada las perlas y corales para que tengan más precio.
-Sí; andad, les dijo la viejecita, pero cuando lleguéis no toquéis el agua si no extended el brazo y con esta varita tocad la laguna, y esta saltará a lavar las perlas y los corales. Hacedlo así porque allí hay un dragón que de otro modo os comería.
Así lo hicieron los niños como la buena vieja les aconsejo y vendieron a mejor precio su mercancía.
La negra, con todo, no esperaba que volviesen y creía que el dragón se los había comido. Al saber el regreso de sus perseguidos, les salió al encuentro y les dijo:
-Estas perlas y corales son muy bellos pero lo serán, más si al volver mañana vais a la laguna encantada y traéis al Pájaro Malver que se encuentra en el centro de la laguna.
Las obedientes criaturas iban al día siguiente camino de la laguna encantada, cuando se toparon con la misma viejecita que antes los había aconsejado.
– ¿A dónde váis, buenos niños?.
-Vamos a la laguna encantada en busca del Pájaro Malver.
-Sí; andad, pero cuando lleguéis a la orilla de la laguna estirad el brazo con esta varita y sobre ella se posará el pajarito.
Así lo hicieron los niños, y al extender la varita mágica llegó el pajarito, el más lindo que hayan visto ojos humanos. Y presurosos se fueron para la ciudad, la que se conmovió a la llegada de los niños porque aquel día estaban más bellos que nunca y se parecían, el varoncito al rey y la mujercita a la reina, la que había desaparecido sin  saber cómo desde la vuelta del monarca de su largo viaje. Y el Pájaro Malver cantaba que era un primor, y tan pronto estaba en el hombro del niño como en el de la niña y con sus alitas multicolores los acariciaba.
Tanto revuelo causó la escena que el rey hizo comparecer a los niños ante su presencia. La negra tembló porque el pecado siempre acobarda. El rey, maravillado ante el primor de las perlas y corales, en su corazón tuvo como un presentimiento que se acrecentó cuando se fijó en las facciones de los niños. Ello fue que el soberano inmediatamente ordenó a sus siervos que sirviesen un banquete para agasajar a sus visitantes a quienes rogó demoraran en palacio, pero ellos se negaron a ello pues querían regresar a su casa en donde sus padres los esperarían con angustia.
Ya sentados a la mesa, vino el primer plato y entonces fue de admirar el afán con que el Pájaro Malver, volando de un lado a otro, con sus paticas desocupaba los platos de los niños sin dejarlos probar bocado alguno. Y lo mismo sucedió con el segundo y con el tercero. Se hizo tan notorio el hecho que el rey, temiendo alguna insidia, le preguntó al pajarito:
-Pajarito Malver: ¿por qué no dejáis comer a los niños ?
Y el ave prodigiosa, agitando sus alas, dijo:
-¡Oh majestad! No los he dejado comer nada para que mis niños no mueran envenenados.
– ¿Y quién puso el veneno? bramó lleno de ira el rey.
– ¡La negra que en palacio tienes! Y yo he salvado a los niños porque son tus hijos que un día fueron arrojados por ella al río y por fortuna los recogió un pescador.
-¿Y la madre? balbució el rey entre tembloroso y lleno de ansiedad, porque no las tenía todas consigo.
– ¡Tú la emparedaste injustamente! Pero ella vive porque yo la alimenté, y ahora está más bella que nunca.
Todo fue decir aquello y mandar el rey romper la pared de donde salió la reina más bella que se haya visto jamás ni se verá en venideros tiempos. Y allí vinieron los abrazos y los coloquios y los llantos de todos.
A la negra malvada no le sucedió nada distinto de un descuartizamiento en la plaza pública.
Y en los magníficos tapices de palacio, brillaban las perlas y corales que caían de los ojos de los niños que lloraban de gozo, al abrazar a su madre y sentir los cariños de su padre. El Pájaro Malver cantó por tres veces.
Luego cantó por última vez, se posó sobre las cabezas de sus niños, extendió luégo sus multicolores alas y solamente dejó tras de sí la sutil huella de su vuelo…