Diego de Torres y Villarroel: Memorias.
Homenaje a Pablo Portillo
Yo me escondo á reir á mis anchas de muchos y de muchas cosas; y los primeros gritos de la burla los echaré encima de mí, pues, á la verdad, estoy persuadido que no hay, en todos los entremeses, sayos de bobo y cagalasollas del mundo, despertador más poderoso de mis carcajadas que yo mismo.
Reiréme sin término siempre que vea á mis descuadernados disparates subidos á ser tomos en las mejores librerías de España, hombreando de volúmenes, haciendo de doctores y jurándolas, desde los estantes y desde sus títulos de ciencia, erudición y documentos; y aunque no hay en todas sus hojas un arrapo de utilidad, mientras estén cerrados, se las han de apostar á presunción y fantasía á los autores más cogotudos y severos.
Ahora, por cierto, no me deja la risa tener la pluma en la mano; porque se me viene á la consideración el estupendo chasco que he dado al mundo con mis patochadas y sandeces; é imagino que ninguno de los monederos falsos, envaidores y charlatanes (entrando en esta recua los hipócritas, que son los embusteros más astutos para encajar sus maulas, sus chanflones y sus picardías, por virtudes de buena moneda) le han puesto parchazo tan asqueroso y tan horrible.
Ojo alerta, criticones, presumidos y discretazos, que con estas y semejantes burlas os están hiriendo los ojos y el juicio cada día, sin que tantos ejemplares os hayan alborotado el escarmiento.
Y para que otro vagamundo farandulero no os pegue otra garrapata tan gorda como la que yo os he plantado con las algazaras y las ilusiones de mis tonterías, aconsejo á todos, como vejancón aporreado de fingimientos, espantajos y embustes, que examinen con recato y quietud la opinión de los hombres famosos y aplaudidos, especialmente la de las dos castas de doctos y de santos; que las más veces se hallará debajo de una reputación desmesurada de sabiduría y experiencia un idiota terco, un hablador vacío, un misterioso extravagante, un impertinente caprichudo, ó un maulón ponderado con las letras tan garrafales como las mías, y, revuelto con el capote del Deo gracias y el Dios sobre todo, un bergante, comilón, ocioso, repleto de avaricia y de lujuria.
Las poblaciones altas y bajas verbenean en tontos y embusteros; y los más relamidos de ciencia y devoción son unos fantasmones que estudian en deslumbrarnos para que no sea columbrada su ambición, su gula y su pereza.
No hay desengaño más feliz que hurgarles su estudio, su melancolía, su gravedad, su retiro y su encogimiento; y á pocos tirones saldrá claro y patente el negocio, el vicio, la vanagloria, la soberbia y otros enredos que estaban tapados con el nebuloso cortinón de unas revelaciones, arrebatamientos y parolas sombrías y aparentes.
Los niños de Gaza.

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