La feria y el Vicario de Caravaca

Caravaca, 21 de septiembre de 1748
La Villa de Caravaca buscó durante años los medios para terminar las reformas urbanísticas que tenía proyectadas. Gracias a la Pragmática de Felipe V que obligaba a invertir los ingresos producidos por las fiestas de toros en obras públicas o en centros sanitarios, se acordó organizar varias corridas durante unos seis o siete años. El dinero conseguido facilitaría alcanzar los objetivos. Todo se puso en marcha, renunciando incluso las familias más acomodadas a sus privilegios.
Para poder hacer los festejos en la vieja plaza mayor durante la feria de septiembre, fue preciso desplazar las tiendas de los feriantes a las calles adyacentes, y colocarlas junto a las paredes de la iglesia parroquial. En un principio no hubo problemas con el clero, pero luego se torcieron las cosas:
160921Por los Sres Dn Jph Carreño y Dn Jph Melgares se hizo presente a la Villa que haviendoseles dado comision para recaudar los drºs de la feria y tiendas que con el caudal de la Villa se a echo a los forasteros que an venido con tiendas a dhª feria, sin embargo de haver sido costumbre inmemorial el celebrarse la feria que dio prinzipio el dia 14 del corriente en la calle donde se halla la Yglesia Maior Parroquial desta Villa, haviendo arrimado las tiendas que se hazen de madera a una de la paredes de dhª Yglesia con consentimiento de los Sres Juezes Eclesiasticos sin que en tiempo alguno haia perzevido otro drº la fabrica de dhª Yglesia, que es de 1 Rl por cada palmo de la pared que se ocupa con todas.
Con el motibo de haverse conzedido por su Magd y Sres del Real y Supremo Consejo de Castilla la facultad de zelebrar anualmente diferentes corridas de toros, como tambien de que todo el producto de tiendas y puestos que se ocupan en la feria se recauden por esta Villa para probizion de las obras publicas que tantos años a que se hallan detenidas por falta de medios, en birtud de la conzesion de de dhºs arbitrios se ha zelebrado los dos años antezedentes la feria en la plaza publica desta dhº Villa, retirandola del rezinto de dhº Yglesia, haviendo pagado todos los feriantes íntegramente las cantidades en que se an hajustado (s) con los Comisarios nombrados.
Con el motivo de haverse decretado por esta Villa el que el presente año en la presente feria se zelebrasen algunas corridas de toros, como con efecto se an ejecutado desde el dia 16 del corriente hasta el dia 19 ynclusive, en virtud de la comision que se nos confirio para el ajuste de tiendas, por parezerles ser ympracticable el que estas se pudiesen colocar en la plaza publica, por hallarse ocupada con los tablados y haverse ejecutado las funziones en la misma feria, por la anchura y conmodidad de los ferieros (s) y forasteros, determinaron se pusiese dhª feria en el mismo sitio donde a estado de tiempo inmemorial exzepto los dos años que se a zelebrado en la plaza. Para lo qual hablaron a los dueños de las casas de donde se ha zelebrado dhª feria para que prestasen su consentimiento como lo executaron.
Asi mismo hablaron a Dn Diego Ruiz como Maiordomo de las rentas del dhª Yglesia Maior Parroquial nombrado por esta Villa para que pretase su consentimiento asi para que se arrimasen tiendas a la pared de dhª Yglesia en la forma que siempre se ha costumbrado (s), como para que ocupasen los ferieros los portales de las dos casas que son propias de dhº Yglesia, ofreziendole y hallanandose a pagar a dhª Yglesia los drºs que siempre se havian acostumbrado por razon de dhª pared.
Y sin embargo de haver asentido y combenido en ello por dhº Maiordomo, para la maior formalidad pasaron a hablar al Sr Vicario Juez Eclesiastico desta dhª Villa para que prestase su consentimiento para lo referido, arrimando las tiendas a la pared de dhº Yglesia, como siempre se havia acostumbrado.
No habiendo encontrado a dhº Sr Vicario en sus casas, y ocurrido a dhº Sr Dn Joseph Melgares diferentes ocupaziones por hallarse asimismo Comisario de la funzion de toros, paso dhº Sr Dn Joseph Carreño ha bisitar a dhº Sr Vicario segunda vez. Quien, en virtud de lo relazionado, presto su consentimiento para que se arrimasen las dhªs tiendas a la pared de la Yglesia, dando a esta lo que era costumbre. En virtud de cuia lisenzia dieron orden a los maestros de carpintero para que de la madera propia de esta Villa y a sus propias expensas construiesen las tiendas nezesarias para los ferieros que havian de ocupar y an ocupado la pared de dhº Yglesia, y para las tiendas de las dhªs dos casas de la Yglesia, como con efecto lo ejecutaron, y en su virtud, ajustaron con cada uno de los ferieros el precio que havian de dar, asi por los palmos de pared que cada uno ocupaba de dhª Yglesia como por el gasto y construczion de tiendas. En cuia consequencia las pusieron, y an estado vendiendo en ellas a vista, zienzia y pazienzia de dhº Sr Vicario y Maiordomo de la Yglesia sin la menor reclamazion.
Despues de ser pasados seis dias de los ocho francos que es dhª feria, en el dia 19 del corriente, segun es llegado a nrª notizia, por haversela dado los feriantes que ocupan la referida pared y tiendas de la Yglesia, se les a noticiado Auto, al parezer proveido por dhº Sr Vicario para que, bajo la pena de excomunion maior y zierta multa, no pagaran a esta Villa cosa alguna de las cantidades que havian ajustado dhºs ferieros por razon de dhªs tiendas. Y que el dia de aier, 20, se les bolvio a notificar, bajo de dhª zensura y demas penas, pagasen al Maiordomo de dhº Yglesia Parroquial todo el total yntegro que habian ajustado pro razon de dhªs tiendas y puestos.
Con cuio motibo y de nobedad tan extraña, pasaron ha verse (s) con dhº Sr Vicario en el mismo dia de aier por la tarde, y haviendo recombenido a dhª Sr Vicario por lo relazionado y de estar pronta la Villa a satisfazer a la parte de la Yglesia lo que siempre se havia acostumbrado y que constara de las quentas que anualmente se hallan tomadas de las rentas de dhª Yglesia, por no ser justo que esta se lucre con los emolumentos y gastos echos por esta Villa en la formazion de tiendas, y mas siendo el fin para la prosecuzion de las obras publicas de Ayuntamiento, carzel y carniceria que tanta falta haze en virtud de lc conzesion de su Magd. A lo que respondio que el solo entraba en el pagar el alquiler de la madera, pero que el Maiordomo de dhº Yglesia havia de perzevir el todo de los ajustes. Lo que ponen en considerazion de la Villa para que tome la providenzia que corresponda….

 

Toros en Cartagena

Cartagena, 20 de septiembre de 1790
Las fiestas de toros comprendían tanto la lidia en sus primeros conceptos, como la suelta de vaquillas.
Cartagena fue incorporándose a este festejo ejecutándolo en diferentes espacios hasta construir una plaza sobre el antiguo coliseo romano.
160920Esta Ciudad dijo que, atento a que en las tardes que se corren bacas en el corral o plaza destinada a este efecto acavada la funcion y antes de ritirarse (s) los coches y gentes que salen a los Paseos, las sueltan con susto y sobresalto de las personas que transitan: Acuerda se haga saver al arrendador de dhº corralon que hasta que se verifique que retiradas las gentes de dhº paseo y media ora despues de fenecida la corrida, con ningun pretexto hagan suelta de dhº ganado vajo la pena que de los contrario será severamente castigado.

 

Ritos festivos: los toros

 

Cartel de Alfonso del Moral

Cartel de Alfonso del Moral

Todos los grupos festivos que se mueven en torno a la organización de cualquier evento marcado por el calendario son similares, en lo general, y muy especiales en lo particular. Uno tiene la suerte de conocer a muchas personas que se integran en esos grupos cuando llegan las fechas señaladas, y poder asistir a las primeras manifestaciones del ritual sin que le hagan sentir extraño o ajeno.
Digo lo general, porque los protocolos de preparación del festejo o del rito, aunque propios de cada uno, están animados y calentados con el mismo entusiasmo, casi rigor ritual, porque todo salga lo mejor que se pueda.
Y lo particular, porque cada acontecimiento tiene sus reglas, sus normas y sus actores.
En torno a los toros, ya lo he dicho alguna vez, me siento incómodo cuando asisto a esos preparativos por mi casi total desconocimiento de muchos elementos.
Sin embargo, siempre que voy a esas cosas recibo un muy cordial recibimiento de los participantes, especialmente por parte de algunos toreros con los que, lejos de ese mundo y fuera de calendario, paso buenos ratos charlando de casi todo o de casi nada.
Y “llevando el toro a mi terreno”, ¿Qué puedo decir? Los ritos festivos forman parte de la forma de ser de los pueblos, y de paso, de la historia del ocio.
En realidad nadie ha podido reseñar cuando y por qué se organizaron los primeros festejos en torno al toro. Hay muchas interpretaciones a propósito de la fuerza y de la casta de los animales, de los ritos de paso de adolescencia a la madurez, de la necesidad de destacar de unos, o de disfrutar de un espectáculo de otros.
Dicen los que saben de esto, que los mejores tiempos del arte del toreo fueron los últimos del siglo XIX y primeros del XX. Puede ser. Por aquellos tiempos el ocio apenas ofrecía espectáculos colectivos de carácter lúdico. Estaban las procesiones y las rogativas, pero esto era otra cosa. El teatro quedaba reducido a unos escasos lugares, y a un público menor todavía. Los bailes se limitaban a los organizados con motivo de las fiestas patronales, o a los de carnaval que se hacían en locales privados.
La llegada de nuevos elementos del ritual festivo (gramófono, cinematógrafo, radiofonía, etc.) junto con la progresiva integración de la mujer en el mundo laboral motivó la aparición de otros elementos. En algunos territorios se conservaron y mantuvieron las viejas “costumbres” (ritos, rituales, tradiciones). En otros la novedad se impuso y “lo viejo” desapareció casi del todo. Contar cómo algunos políticos se sirvieron de personajes de la cultura para “reinventar” ese pasado sería muy largo….
Los antiguos ritos festivos en torno a los toros como arte, han venido quedando reducidos a unas escasas manifestaciones a lo largo del año. Los otros, organizados por seculares agrupaciones o cofradías, se agarran a “la tradición”, al “ritual”, o incluso a las “señas de identidad” para justificarlas o para prohibirlas.
En algún trabajo hemos publicado un pequeño inventario de rituales que en nuestra tierra tenían lugar (auténticas salvajadas como “toros borrachos”, “vacas enmaromadas”, “toros ciegos”, “peleas de astados contra perros”, Etc.), quizá justificados por algunos como ritos de tránsito o de paso de pubertad a adulto.
No creo que aquello fuese del agrado del todo el mundo, salvo el atractivo de un espectáculo violento en una época en que los ánimos estaban muy “calientes”, y que mucha gente iba con pistolas o con cuchillos “para autodefensa”.
Las fiestas de toros que se organizaban en plazas destinadas para ello o en otras improvisadas, suponían la garantía de los únicos momentos de diversión, de evasión y del escaso placer colectivo que había.
Y los toreros eran héroes, y los ganados bravos, y el público apasionado.
Al terminar, ya se producía la misma parte del ritual que ahora: los comentarios. ¡Que si los maestros!, ¡que si los toros!, ¡que si el presidente!

 

Toros, cofradías y pozos de la nieve

18 de junio de 1746, MURCIA
160427La organización de corridas de toros, que duraban tres o cuatro días, suponía para los Ayuntamientos una enorme fuente de ingresos ya que, junto con la venta de entradas, el público asistente consumía fuertes sumas en los comercios y casas de comidas.
En 1746, atravesando un momento de apurado presupuesto municipal, en Murcia se organizaron unos festejos taurinos cuyo producto fue destinado en primer lugar para la construcción de un nuevo pozo de nieve en Sierra Espuña, y luego para mejoras de las capillas de dos importantes cofradías.
La venta de hielo era uno de los mayores ingresos concejiles, tanto en Murcia como en Cartagena.
Sobre los pozos de la nieve charlará el Postillón esta tarde en los salones del Real Casino de Murcia.
Viose memorial de los Mayordomos de las Cofradias de Nrª Srº del Rosario y Sangre de Christo en que hacen relacion de la cortedad de limosnas con que se hallan para proseguir el culto de sus respectivas festividades; y para subvenir en parte a esta devida venerazion, suplican a la Ciudad se sirva concederles licencia para tres corridas de toros,
Y haviendolo oydo, Acordó se ejecuten dhªs corridas de toros que suplican y su producto y utilidades, vajados gastos la mitad, que desde luego aplica esta Ciudad para ayuda a construir el pozo de nieve en Espuña que se tiene proyectado y otro tanto ymporte al beneficio y salud publica y hallarse sin fondos para ello y sus propios concursados; y la otra mitad se reparta por iguales partes a ambas dhªs Cofradias. Y dhªs corridas de toros se celebren en la plaza del mercado cediendo sus vecinos y Cofradia del Rosario sus confrontaciones y servidumbres, y en caso de no lograrse asi sea en la Alameda de el Carmen al derrame del puente, haciendo igual valcon para que asista la Ciudad que el que se estila hacer en la plaza del mercado y que los Cavalleros Comisarios concurran juntamente con los Mayordomos de dhªs Cofradias a la mejor providencia de dhª funcion y demas que se ofreze.
Excepto los Sres Dn Francº Rocamora y Dn Juachin de Toledo, regidores, que no vienen en el acuerdo.
El Sr Dn Juan Sandoval, regidor Comisario de las Alamedas, suplico a la Ciudad le concediese otra quarta corrida de toros para aplicar su producto en el adorno y perfeccion de ellas,
Y la Ciudad lo concedió asi a que asistira en la misma forma.

 

Toros en Lorca

Lorca, 8 de mayo de 1747

las fotorgafías tomadas después del terremoto mostraron la fragilidad de la fábrica de muchos templos.

las fotorgafías tomadas después del terremoto mostraron la fragilidad de la fábrica de muchos templos.

Los primeros Borbones eran poco amigos de las fiestas de toros. No tanto por su presunta brutalidad, ya que ellos eran practicantes de todo tipo de caza, con ahorcamiento de perros incluso a final de la temporada, si no por el descontrol de las ganancias que generaban esas fiestas. Por ello, promulgaron varios decretos ordenando que tanto el teatro como los toros sólo podían hacerse a beneficio de entidades sanitarias o similares.

Durante la primera mitad del siglo XVIII, la mayoría de las iglesias eran pequeñas, mal ventiladas y con una factura muy pobre. Por ello, con el dinero de los festejos populares y aprovechando el impulso del comercio, muchas de ellas fueron reconstruídas por completo.

Haviendoseme representado por el Cura de la Parochial de Santiago de esa Ciudad estar fabricando a fundamentos la Yglesia de ella, cuya obra se hace a costa de sus rentas y limosnas de barios debotos, solicitando se le conzeda lizenzia para tener tres fiestas de toros y aplicar su producto para en parte del grande costo que tiene la fabrica de la referida Yglesia.

En su vista y por ser para bien tan piadoso, he venido en conzeder la lizenzia que pide, lo que participo a V.M,. para que lo tenga entendido y prevenga de esta noticia al referido cura de la Parrochial de Santiago, y que se ponga de acuerdo con esa Ciudad para el sitio, dias y demas zircunstancias con que se deban ejecutar las tres corridas de toros a efecto para el mayor aumento de su producto a veneficio de la fabrica de la Yglesia.

Dios guarde a Vm Ms As.

Madrid, 8 de Maio de 1747. Gaspaar, Obispo de Oviedo; Presidente del Consejo de Castilla

Plazas de toros

9 de diciembre de 1786
estado del terreno al sur de la Ciudad donde se diseñó el Barrio del Cármen

estado del terreno al sur de la Ciudad donde se diseñó el Barrio del Cármen

Las grandes ciudades aumentaron su población de forma espectacular, debido sobre todo a los severos protocolos sanitarios que propugnaban la higiene, tanto de las personas como de las calles y plazas. Uno de los resultados es que si a principios del siglo XVIII apenas acudían a Murcia unos miles de personas para los grandes festejos de toros, en los últimos años eran decenas de miles, que no cabían en la nueva plaza que pretendía ser moderna y acogedora. Las corridas se hacían en la plaza de Santo Domingo.
El espacio elegido para la nueva plaza se encontraba fuera del casco urbano y emplazado en la confluencia de los caminos que llevaban al Mar Menor por las Cañadas, a Andalucia y a Cartagena. Esto que generaba serios problemas al enorme tráfico que pretendía entrar en la Ciudad en dias de fiestas, al estar la plaza cerrada por las instalaciones precisas para el festejo: tablados para el público, barreras de protección, chiqueros, etc. Además, era frecuente que se produjese alguna desgracia entre el numeroso público que ocupaba los terrados sin barandilla ni protección de los edificios.
Por ello, comenzó a pensarse en la construcción de un edificio al estilo andaluz con coso redondo en otro lugar. Los conflictos bélicos retrasaron el nuevo proyecto hasta las primeras décadas del siglo XIX, con la construcción de un coso taurino en las inmediaciones del convento de San Agustín.
Cartagena y Lorca ya habían proyectado construir su cosos con capacidad para gran número de espectadores y donde no se causaran problemas al tráfico.
Teniendo presente la Ciudad que desde que se conzedio el permiso para que se zelebrasen las corridas de toros en la plaza nueva de la Alameda con el fin de que su producto se emplease en la composizion de caminos, han rendido tan cortas utilidades que no ha podido conseguirse el objeto de los fines publicos de su comision ni los buenos deseos de este Ayuntamiento de que estén traficables y como corresponde. Nazido esto de que hallandose las casas de dhª plaza construidas vajo una misma simetria con grande juego de balconaje y este a benefizio de los dueños para su aprovechamiento, en los casos de dhªs funziones nunca han podido los arrendadores extenderse a sumas de considerazion. Assi por esta razon como por el reduzido terreno de dhª plaza donde fabricar tablados y demas puestos nezesarios para gozar la diversion, y si las que han ofrezido haziendolas en otras plazas de mayor capazidad y sin aquel gravamen.
Conoziendo claramente este Consistorio que el benefizio y utilidad de los regozijos es puramente para los propios dueños de dhªs casas y que de no ignovarse jamas se verificaran los buenos efectos de la conzesion en que es tan interesado el comun: Desde luego Acuerda que los Sres Dn Matheo Zevallos y Dn Antonio Rocamora, Rxres, a quien nombra por Comisarios, representen al Real y Supremo Consejo de Castilla con los documentos que parezca conduzentes, suplicandole que sin embargo de lo determinado anteriormente para que dhªs funziones se hayan de zelebrar en la zitada nueva plaza, zese esta grazia y el Pribilegio que tubiesen dhºs dueños, ya por los grandes productos que les ha resultado desde que prinzipiaron estos festejos en el año pasado de 1768, y ya por las demas razones manifestadas y otras veridicas que pueden exponerse y consta a dhºs Cavºs Comisarios solzitando se hagan donde mayores cantidades ofrescan, a cuyo fin se les confiere amplio poder y facultad sin limitazion alguna.

Gerardo Diego y los toros

40913

1914: La Feria y la emigración

1914: Los unos y los otros.- Feria de Murcia
A pesar de la gravedad del conflicto, las cosas por Murcia seguían, o a lo menos se intentaba que siguieran “como siempre”. La feria entonces se reducía a unas pocas atracciones en la Glorieta y en la actual avenida del Teniente Flomesta, con algunos barracones con juguetes y dulces, y las terrazas de los establecimientos en donde actuaban algunas orquestas, y, si hacía buen tiempo, se proyectaba cine. La gran convocatoría seguía siendo la oferta de festejos taurinos.
Fuera de esto, la emigración continuaba en los campos y en las huertas por la presión fiscal, la falta de iniciativas empresariales, los fenómenos climatológicos como sequías prolongadas, y un sin fín de motivos. La minería, con la ausencia de empresarios e ingenieros franceses, ingleses y alemanes, y la falta del carbón que venía de los paises en guerra quedó casi paralizada. Los cortijos y los pequeños poblados se vaciaban, y los jóvenes que habían escapado a la leva para ir a la larga guerra que España tenía con Marruecos, seguían marchado a Cataluña o a las Américas, como desde varios años atrás.
40908Diario de Murcia.- Aún quedan entre nosotros bastantes forasteros, si lo son. La numerosa mayoría de los que vinieron para asistir a la primera corrida, se marcharon el mismo dia 8. Las empresas de los ferrocarriles han ofrecido al público tantas facilidades para la venida como para la vuelta, moviéndose los trenes con exactitud matemática; sin que a pesar de la aglomeracíon y de la alegría de los trenes toreros haya ocurrido ningún accidente desgraciado. Son muy de agradecer estos servicios, pues sin ellos no podrían darse estas grandes concurrencias. Muchas veces hablamos de los servicios del ferrocarril para censurarlos con más razón unas veces que otras; hablamos también de ellos para alabarlos cuando nos sean beneficiosos a todos, como han sido los últimos y serán los del próximo día 13, día de la segunda corrida de nuestra feria.
He dicho que aún quedan entre nosotros bastantes forasteros y he añadido “si lo son”, por que son tales murcianos que viven fuera de Murcia que tienen aquí familia y que no vienen para un día cuando hay fiestas o festejos, si no para el tiempo que estos duren. Diez o doce días que se dan de satisfacción en el antiguo hogar donde aun vive la madre o el padre, y algún hermano, que se esmeran en obsequiar al “forastero” querido, si no es él el que obsequie y hace el gasto.
Esto lo decide el haber de los unos o del otro, predominando en todos la generosidad. En esto días se da culto a Murcia, se la alaba y pondera sobre las demás cuidades del mundo y se enfervoriza el amor a la tierrecica, a la Torre, a la Virgen de la Fuensanta.
Estas cosas pasan en muchas partes, lo mismo en casas ricas que en en casas pobres; pero en la primeras no tiene trascendencia. Es una cosa corriente. En las segundas, en las modestísimas viviendas de los barrios populares, la venida de un hijo que se ha colocado por ahí, por el mundo, y se ha hecho de un comercio, de una pequeña industria, de un oficio o de otro cualquier medio que le pemita vivir decorosamente y ahorra cinco duros, es un suceso.
Martínez Tornel

Guerra, toros y negocios

El Liberal de Murcia, 29 de julio de 1914
Aquel día, según la prensa local, los murcianos estaban más preocupados por la proxíma feria y las noticias que llegaban de Europa apenas cubren un pequeño espacio en la tercera página de las cuatro que tenían los diarios. Sólo a lo largo del mes de agosto, cuando las empresas de la región comenzaron a vaciarse de los directivos y técnicos ingleses, belgas, franceses o germanos que las regentaban y que debían alistarse, la sociedad comenzó a ver claramente el desastre que se avecinaba.
En una población muy encastrada en unas costumbres y unos hábitos muy conservadores, a la enorme emigración, los conflictos laborales y el progresivo avance de las ideas de izquierdas, se vino a añadir el problema de la guerra europea. En los años siguientes, algunos avispados sacaron tajada de ello, vendiendo sus productos a los dos bandos. En los puertos de Cartagena y Águilas se acudía a los espigones para presenciar las luchas a cañonazos entre los submarinos alemanes y los cargueros aliados. Incluso se hacían apuestas. La incipiente aviación, que hasta entonces era sólo una atracción de feria, cobró importancia, y más en esta región donde se instaló en Los Alcazares, uno de los principales aerodromos españoles. Las crónicas de muertos que habrían de llegar apenas tocaban las sensibilidades, puesto que desde muchos años atrás, el conflicto de Marruecos ofrecía listas de bajas a diario.
Todo eso vendría después.
Aquel verano lo importante fueron las corridas de toros de la feria.
CRÓNICA: La hora de la catástrofe
Ha llegado la hora de los grandes pesimismos. A poco que se recapacite sobre el conflicto que se avecina habremos de coincidir todos en reconocer que se aproxima el momento de la terrible catástrofe. No queda un átomo de tranquilidad en conciencias humanas. Es como si a la mecha solo le quedaran unos milímetros de combustible para llegar al sitio donde se halla el exterminador explosivo. Nadie piensa en afrontar con calma el instante supremo, sino que acelerados, todos, nos prestamos a la defensa sin pensar que los alardes de poderío más pueden precipitar los acontecimientos que aminorar su importancia.
Un drama, sensible, en el que han sido protagonistas un estudiante serbio y los herederos del trono de Austria, va a tener un nuevo desenlace, más tremendo, melodramático, trágico, en el que jugarán importante papel los ejércitos internacionales. Es como si cumpliendo el refrán de “un clavo saca otro clavo” pudiéramos evitar o aminorar el efecto de la tragedia de Sarejevo, sacrificando millones de hombres en aras de la decepción que experimentar pueda Austria viendo cómo la mucha sangre que se vierte no es bastante a borrar el mal producido en la persona de sus Archiduques. Fanáticos o locos no piensan en que los hechos consumados no tienen más solución que el olvido y que no hay para ellos más consuelo que el llanto…
Pero los espiritus sensatos, los que ven llegar los terribles momentos como espectadores, temiendo siempre pasar a ocupar el papel de protagonistas, ven en esta locura suicida de propósitos guerreros, el aliento generador de sublimes ideales que pueden ser bastantes a aminorar el mal equilibrado egoismo, la incalificable avaricia que se deja vislumbrar al través del motivo que ocasiona esta alarma internacional. Contra esta conflagración europea ha de levantarse la bandera de conservación de la especie humana, un socialismo bien entendido sin diferencia de color amarillo o rojo, llevando por lema las teorías de Carlos Marx o las del conde de Mun. El socialismo católico o demagogo, es igual: lo que importa es impedir el derramamiento de sangre inocente. El lema: “todos para uno y uno para todos” cabe en todas las tendencias sociales. El que no encaja en ninguna de ella es la de “uno contra todos y todos contra uno”.
El espectro de millones de cadáveres, sacrificados en aras de un aliento de venganza o de una pasión egoísta, deben ser más que suficientes para hacer que las almas grandes luchen con denuedo hasta impedir que la muerte se enseñoree sobre muchos hogares. Hay que evitar a toda costa que el mundo presencie ese espectáculo melodramático. Para ello hace falta pasividad en la ejecución de planes y fé en el triunfo de un socialismo puro sin mezcla de color ni de bandería.
¿Es que una pasión rencorosa o un deseo de venganza puede llevar al sacrificio a millares y millares de seres inocentes? El mal menor, ya consumado y sin poderlo evitar por muy grande que sea el esfuerzo para conseguirlo, no puede ni debe producir nunca el mal mayor. ¿Qué es la sangre vertida ante la que se puede verter? Si aquélla, con un esfuerzo sobrehumano, pudiera volver a circular por las arterias muy en punto bueno, que nos esforzáramos por reproducir una vida insensatamente arrebatada. Pero por venganza, cruel e inhumana, producir nuevas victimas, solo puede ser concepción propia de locos o suicidas.
Hay que evitar a toda costa que se reproduzcan nuevos crimenes. Unidos todos con una sola bandera, la de conservación de la especie humana, se debe luchar por impedir al derramamiento de sangre. Socialistas de Marx o del conde de Mun, todos tienen un punto de convergencia, cual es el credo social. Aunque los procedimientos sean desiguales, ante una catástrofe como la que ahora comienza, todos deben aunar sus aspiraciones pidiendo a pleno pulmón que esta guerra, cruel y fratricida, no se produzca ni aun en las pequeñas proporciones en que hasta ahora se desarrolla. Con la paz por bandera es dificil el fracaso. Los hombres de buena voluntad han de sumarse a esta noble causa de patriotismo, que tal es el impedir que las naciones con su afán egoista, se precipiten en el caos de la desesperación y de la ruina, cuando nó en el de la más tremenda catástrofe o en la más cruel abyección.
No es calma y serenidad lo que hace falta en estos momentos. La paz universal, amenazada de turbarse por un hecho nimio cual es la tragedia de Sarajevo, debe mantenerse incólume a toda costa. No crean los espiritus timoratos que su acción caería en el vacío. Ante la ley de humanidad nada se opone. Y si alguna locura suicida se interpusiera a estas ideas grandes y nobilísimas, siempre quedaría en pie la más enérgica protesta, o cuando menos, la resistencia pasiva predicada por el gran Tolstoi…
Luis BENAVENTE

Cofradías y fiestas de toros

28 de julio de 1739
Las fiestas de toros están poderosamante ligadas a las Cofradías del Rosario y de Ánimas, entre otras. Muchas de estas agrupaciones corrían con la organización – y recaudación – de las corridas que se hacían en muchas ciudades de España. En Murcia, desde mediados del siglo XVII hasta adentrado el XVIII, la Cofradía del Rosario vinculada al Convento de Santo Domingo solicitaba permiso para hacerlas en la plaza del mercado, que todavía hoy sigue presidiendo su capilla. Como se aprecia en el texto, muchos concejales eran miembros de esta cofradía, por lo que siempre que se presentaba una solicitud de este tipo, la apoyaban.
Por cierto, en 1739 hubo tremendas epidemias, por lo que las aglomeraciones de gentes estaba prohibida.
Muchas de las presuntas “fiestas” de toros en las que los animales sufren tido tipo de vejaciones como los toros ensogados, los embolados, los de “fuego”, y el conocido “toro de la Vega” también eran organizadas por las cofradías en los pequeños lugares. Baste buscar en las redes las páginas de ese triste ritual.
Para más información: M. Muñoz Zielinski: “Fiestas de toros en los pueblos”. Revista Aportagayola. Feria de Murcia, 2013 y 2014.
Viose memorial de la Illmª Cofradia de Nrª Señora del Rosario haciendo presente que con el producto de las corridas de toros de los dos años antecedentes se havia echo la obra de la capilla maior y escalera de la Yglesia de dhª ymajen; y por estar amenazando ruina la Sacristia y quedar algunos materiales para prinzipiarla, suplicava a esta Ziudad que para subbenir a los gastos le concediese licencia para tres corridas de toros en los dias que fuere servido señalar vajo de las reglas que se les havia concedido en los años antecedentes.
La Ciudad, haviendolo oydo, Acordó no haver lugar la gracia que se pide en atencion a las continuas enfermedades malignas que se han experimentado y al presente subsisten en la estacion de rigorosos calores, fuera dar fomento a su augmento, ademas de tener representado a su Magetad sobre el destino de lo que rindieron las primeras corridas de toros, en cuya atencion no se admitan en este año sobre el referido asumpto memoriales algunos.
Exzepto los Señores Dn Juan Carrillo, Dn Christoval de Lison, dn Luis Menchiron, Dn Diego Portocarrero, Dn Joseph de la Calle, Dn Juan Antonio Navarro, Dn Lorenzo Fuster y Dn Lorenzo Dieguez, Rxores, que no bienen en el acuerdo por las razones que han manifetado en la conferencia.