Tornel y el jardín de Floridablanca

12 de julio de 1907.- Diario de Murcia.
El Jardín de Floridablanca no es, ciertamente, lo que debiera ser. A ningún alcalde la ha dado por elevarlo á la categoria que debiera tener en una ciudad como Murcia, donde no hay planta, mata, ni árbol que no arraiguen, y estando dedicado á un tan Ilustre murciano como D. José Moñino Redondo, conde de Floridablanca, que nunca fué basurero, ni hijo de basurero, como todavía vulgarmente se crée. Aunque si lo hubiera sido, no hubiera quitado la humildad de su origen absolutamente nada al título de nobleza que él se ganó por su talento y por sus servicios á la patria. Don José Moñino nació noble.
El nombre hace también en ocasiones es la clase; y habiéndole dado el de Floridablanca el jardin, éste debería estar á la altura de aquel máximo cuando tiene una tierra excelente, abunda en agua de riego, está emplazado en inmejorable sitio y tiene un trazado regular y apropiado, Pues con todo eso, no tiene más que el nombre de jardín. Sus pocos árboles, irregulares y mal cuidados, exceptuando los que rodean la estátua condal, no agradan á la vista ni producen perfume, ni dan tampoco sombra opaca; la parte dedicada á las matas que dan flores no es pequeña pero no se verá en ella nada que llame la atención, porque no hay más que matas vulgares é insignificantes, hasta el punto de que hay algunos balcones en la ciudad que ofrecen más que ver y aun que admirar que el jardín de Floridablanca. Lo que allí abunda es precisamente lo que no debería existir: plantas vivaces, de las que no necesitan cultivo, propias de cercas y vallados y de las orillas del río.
Y no cabe duda, señor, no cabe duda de que Murcia tenía el deber de guardar el mejor jardín de España para ofrecerlo á los forasteros y para recreo de los murcianos. Un jardín embalsamado, donde desde la primavera hasta e1 otoño se sucediesen todas las flores de todos los perfumes y de todos los colores.
¡Y qué poco hubiera costado ese Jardín que hubiera sido una maravilla! Con habérselo propuesto el Ayuntamiento y haber persistido en la idea con inteligencia y constancia, se hubiera conseguido. Pero por regla general, ese Jardín ha estado siempre abandonado y los encargados de él no han tenido ni estímulos ni medios para hacer nada.
Así es que el jardín, como jardín, no tiene atractivos. Es menester que vengan estas novenas del Carmen, para que concurra le gente á las veladas musicales que en él se celebran. Tanto que las veladas no duran ni un día más que las novenas. Es verdad que la Glorieta tiene menos amenidad que el Jardín, porque por todo arbolado tiene unos tísicos naranjos agriyerros, unos cuantos castaños frondosos y algún otro corpulento ejemplar, que no se sabe cómo se han salvado de la simetría devastadora, pero es que á la Glorieta se le acepta como salón popular, más bien que como paseo donde el contraste de las sillas gobierna las grandes recepciones familiares. En el Jardín estamos como de prestado; en la Glorieta como en nuestra casa. En uno y otro paseo, el perfume que predomina es el que se escapa de los mecheros del gas.
Tal vez alguno me dirá:
-Hombre, usted que habla bien de todo lo murciano, ¿Cómo es que le tira al Jardín de Floridablanca?
Ya sé yo que tal como está, lo quisieran tener en muchas capitales, pero aunque sea así, no es menos cierto que podría ser un jardín modelo y que debería serio. Cosa que no está en la categoría de lo rayano en lo imposible, como el alcantarillado, la traída de aguas potables, el cuartel y otras mejoras.

José Martínez Tornel.

El Jardín de Floridablanca, Jaime Bort y un Alcalde

La Alameda del Carmen, declarada Bien de Interés Cultural, a pesar del fuerte rechazo por el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Murcia.
Proyecto de Jaime Bort para la plaza y la Alameda. 1741.
Proyecto de Jaime Bort para la plaza y la Alameda. 1741.
Mucho antes que los hombres inventaran los modernos cacharros para desplazarse, en tiempos cuando que los Alcaldes se preocupaban más por el ornato y la comodidad de los habitantes de las ciudades, algunos de ellos diseñaron espacios para el descanso y el paseo.
El puente de la Ciudad había sido destruido por una furiosa crecida del río, y durante muchos años sus habitantes debieron utilizar barcos y plataformas para cruzarlo. Algunas venerables cofradías, como la de la Sangre, cuya sede estaba junto a la Ermita de San Benito, al otro lado del cauce, se enfrentaron a serias dificultades para que sus procesiones pudieran desfilar por las calles de la Ciudad durante la Semana Santa. El comercio se las ingenió para traer o sacar sus productos por otras vías.
Sin embargo, en el espíritu de aquellas gentes se mantuvo el antiguo proyecto de hacer una alameda o jardín para disfrute de todos. A lo largo de los más de cuarenta años que duró la reconstrucción del nuevo puente, arquitectos de gran prestigio como Toribio de la Vega o Jaime Bort, y albañiles y jardineros trabajaron para crear un jardín único en todo el levante español: La Alameda del Carmen.
Lo consiguieron.
Ahora otros alcaldes quieren quitarle el valor y el trabajo a todos aquellos murcianos que lo hicieron posible.
Que su conciencia les perdone.
Amén.