Tornel, las caracolas y las rogativas

8 de febrero de 1915
Guerra, caracolas y rogativas.
El conflicto internacional se prolongaba más de lo esperado, y sus consecuencias comenzaban a dejarse ver. Y como siempre, la urbe vivía de espaldas a la huerta.
EL JORNAL DE BRACERO
Puente Tocinos.- Los propietarios de hoy deberían percatarse de que no estamos en tiempos de que se pueda abusar del obrero, de las necesidades de nuestros braceros de la huerta.
En Puente Tocinos se ha dado el caso de que un propietario solo pague los jornales a ¡cinco reales!…
Debido a esta esplendidez, los braceros tomaron el acuerdo de no trabajar y se ha dado el caso, también, muy natural, de que los braceros de la huerta toda hagan solidaridad con sus compañeros y se nieguen a trabajar en dichas tierras. Parece ser que los propietarios de tales terrenos han buscado jornaleros de fuera de esta huerta; pero casi podríamos asegurar que, cuando se enteren de las causas, tampoco querrán trabajar.
Nos manifiestan que no hace muchos días fueron muchas las parejas de la guardia civil que estuvieron en aquellos alrededores para guardar el orden y garantir la libertad del trabajo. Nos parece muy bien que se garantice la libertad del trabajo; pero es sensible que se intente aprovecharse de las necesidades del obrero queriéndolos explotar con jornales irrisorios para hacerles trabajar en las duras faenas de la tierra.
Hoy existe una solidaridad grande y plausible entre nuestros huertanos, que se hallan dispuestos a defender sus intereses. El intentar explotarlos pudiera ser causa de serias alteraciones que, si nó los propietarios poco escrupulosos, deben evitarlo las autoridades tomando aquellas medidas de prudencia que deben tomarse, respetando y amparando los derechos de propietarios y de jornaleros.
TORREAGÜERA.- Serían las diez proximamente de la mañana de ayer cuando empezaron a oírse caracolas y cohetes entre los pueblos de Beniaján y Torreagüera. Como respondiendo a una misma vez empezaron a reunirse hombres, mujeres y niños en un sitio de la huerta propiedad de un tal Antonio Martínez (a) “El Molinero” quien, según se dijo de rumor público entre aquellos honrados vecinos, había mandado dos guardias jurados y cinco jornaleros a coger limones en uno de los huertos que llevan a medias cuatro o cinco padres de familia. Y como quiera que esto era con el fin, según nos decía, de quitarles lo poco que el año tan malo como este tienen para darles de comer a sus familias, fué la causa que provocó el que millares de almas acudieran a evitar de cualquier modo se llevara a cabo un hecho como el que se pretendía.
Tanto los guardas jurados como los jornaleros se retiraron ante la actitud de los huertanos, pero sería cosa de la una de la tarde cuando cinco parejas de la guardia civil a pié, tres a caballo, dos sargentos y un oficial llegaron al sitio mencionado, escuchándose a lo lejos y cerca un incesante pitar de caracolas y muchos cohetes; y como si fuera un hormiguero, una de esas legiones conquistadoras de la antiguedad, así iban llegando a centenares hombres, mujeres y niños; unos con caras amenazadoras y otros como suplicando.
Las mujeres decían a gritos que el propietario, valiéndose de su influencia y apoyado por la fuerza pública, trataba de quitarles de lo que en justicia justo del trabajo de los arrendadores. Y ellos estaban dispuestos a morir o a ser atravesados por las balas de los mausers antes que permitir se les despojara del único patrimonio de sus hijos.
El dignísimo teniente de la guardia civil, quizás por orden superior, pero sin la más pequeña duda de que, también compadecido de ver aquellas pobres mujeres, estuvo prudentísimo y acertado, considerando las razones tan poderosísimas que exponían, y ordenando lo retirada de la fuerza después de ponerse de acuerdo con el alcalde pedáneo y el señor cura párroco.
Cuando dicho señor teniente dió la voz de marcha, salió un viva espontáneo de las mujeres aclamándole, así como a la guardia civil, el cual fué contestado por miles de personas.
Diario de Murcia.- El domingo se celebraron en esta cuidad, como se celebrarían en todo el orbe católico, los actos religiosos que ha dispuesto el Papa que se hagan para pedir a Dios que termine la guerra europea. Toda la cristiandad, obedeciendo el mandato del Santo Padre, se ha postrado ante los altares y ha pedido al Señor, Dios de los ejércitos, que acabe el derramamiento de sangre, la destrucción de las poblaciones, al asolamiento de los campos y la paralización del trabajo. Han sido millones de fieles los que han dirigido sus plegarias al cielo.
No existe otra asociación en el mundo que pueda mover tantas almas como la Iglesia Católica, ni que sea tan disciplinada y obediente a la voz de su jefe.”Pidamos la paz al cielo” – ha dicho el Pontifice – y todos los fieles de todas las naciones se han congregado en los templos, se han acercado a sus altares y han repetido la oración que el mismo Pontífice les ha enseñado para hacer la Petición.
En los mismos pueblos que están enconados por la lucha, en las mismas poblaciones cuyos templos han sido destruidos, se habrán rezado esas preces, aunque haya sido entre las ruinas del templo desolado. Ellos han podido añadir lo que dijeron a Jesús sus discípulos cuando estuvieron en peligro de ahogarse: “¡Señor, sálvanos, que perecemos!”.
En la conferencia dada el domingo en la noche en el Círculo de la Federación de Dependientes del Comercio y de la Banca por el señor don Vicente Llovera, palpitó una plegaria por la paz. Esa noble compasión que siente el señor Llovera por la Francia reintegrada por el dolor a la grandeza de la alta alcurnia, tiene piedades de salmo y deprecaciones de santa humildad para que la paz pueda restituir a esa nación a su misión de cultura y progreso.
De modo que en Murcia se colaboró el domingo por la paz en el acto religioso dispuesto por S. S. Benedicto XV, y con el acto literario preparado por la sociedad de Dependientes del Comercio, en donde el señor Llovera se unió al espíritu de la iglesia, lamentándose humanamente de las consecuencias dr la guerra, apreciándolas en lo que tiene de regeneradoras y en lo que tienen de destructoras, en la nación francesa.
La Iglesia no pide al cielo el triunfo de ningún ejército; ni nadie lo pide tampoco, aunque cada cual tenga  sus recónditas simpatías; a estas alturas, lo mejor que puede descender del cielo para todos es la paz y la fraternidad de las naciones, de los pueblos y de las razas.
José Martínez Tornel.

1914: Anglófilos y germanófilos. Tornel se define

22 de octubre de 1914
41027Las noticias de la contienda venían cargadas de cifras de muertos y de heridos. Bélgica había quedado arrasada y la guerra de las trincheras, tan divulgada por novelas y películas no había hecho más que empezar.
La opinión en Murcia, al igual que en toda España, comenzaba a dividirse con simpatías hacia los dos bandos, lo que a lo largo se ampliará a términos casi crueles con apuestas sobre las acciones de los países beligerantes.
Diario de Murcia.
Cada dia se acentúa más el apasionamiento de los que desean que triunfen los alemanes y el de los que hacen votos porque el triunfo sea de los franceses, ingleses y rusos. Yo, no sólo no me he apasionado por ninguno de los pueblos beligerantes, sino que permanezco en esa impasible neutralidad que nos recomienda a todos los españoles el Señor Dato, jefe de Gobierno.
Yo saldría de mi neutralidad si me probaran que de algunas de las naciones beligerantes podrá temer algo España en caso de que triunfase; pero, como veo, según sus respectivos partidarios, que del triunfo de todas las que luchan no puede venirnos más que cosas buenas a los españoles y a todo el mundo, de aquí que no me atreva ni a hacerme alemanófilo ni francófilo ¿Para qué?
El triunfo de Alemania impondría a Europa su cultura, sus principios autoritarios, el orden social, la moralidad más severa, el progreso de las ciencias y las artes, y otras muchísimas cosas excelentes que levantaría el sentido moral de los pueblos y evitarían desórdenes y revoluciones – según los partidarios del Kaiser y sus ejercitos.
Si el triunfo fuese de Francia y de Inglaterra, estaría en el mundo de enhorabuena el principio de las libertades, imperaría el derecho, sería soberana la democracia, caería vencido el militarismo, no se repetirían guerras como la presente y Europa gozaría de una paz octaviana.
Convengamos en que si esto es lo que podemos esperar del triunfo de unos y otros, no hay en ello nada temible que nos impulse a malquerer a ninguno, ni a maldecirlos.
Yo lo que maldigo es la guerra que tantas vidas inocentes cuesta, la guerra que ha ensangrentado los campos y teñido los ríos con arroyos de sangre, la guerra que ha asolado y cubierto de ruinas una nación tan laboriosa y tan honrada como Bélgica. Y maldigo también, no a los que pelean por defender su patria, sin a los que luchan porque se creen hombres providenciales, y creen que los hombres han nacido para matar y morir antes en los campos de batalla a la conquista de grandes territorios.
Aquel altivo tu regere imperio populis, romanae memento no se le puede aplicar ya a nadie, porque la civilización y la cultura y la libertad rigen en todos los pueblos que se gobiernan por si mismos y viven la vida del derecho.
Por eso, yo al decidirme a desear el triunfo de algún beligerante, elegiría a aquel que respetase y protegiese a todas las naciones por pobres y pequeñas que fuesen, al que garantizase la libertad de los pueblos y aspirase a la paz universal en una fraternidad cristiana.
Del 23 de Octubre.- En el Ayuntamiento me parece que no llegó a constituirse el Consejo de Hombres Buenos, y si se constituyó apenas celebrarían algún juicio. En lloviendo se acaban las cuestiones sobre riegos y sonrriegos. Cuando estas cuestiones apasionan hasra el extremo es cuando el sol agosta las plantas y hay poca agua en las acequias.
José Martínez Tornel
Teatro Romea.- Accediendo a nuestro ruego, nos ha manifestado el Señor Llano que el próximo sábado pondrá en escena el drama del inmortal Zorrilla “Don Juan Tenorio”.

1914: La Feria y la emigración

1914: Los unos y los otros.- Feria de Murcia
A pesar de la gravedad del conflicto, las cosas por Murcia seguían, o a lo menos se intentaba que siguieran “como siempre”. La feria entonces se reducía a unas pocas atracciones en la Glorieta y en la actual avenida del Teniente Flomesta, con algunos barracones con juguetes y dulces, y las terrazas de los establecimientos en donde actuaban algunas orquestas, y, si hacía buen tiempo, se proyectaba cine. La gran convocatoría seguía siendo la oferta de festejos taurinos.
Fuera de esto, la emigración continuaba en los campos y en las huertas por la presión fiscal, la falta de iniciativas empresariales, los fenómenos climatológicos como sequías prolongadas, y un sin fín de motivos. La minería, con la ausencia de empresarios e ingenieros franceses, ingleses y alemanes, y la falta del carbón que venía de los paises en guerra quedó casi paralizada. Los cortijos y los pequeños poblados se vaciaban, y los jóvenes que habían escapado a la leva para ir a la larga guerra que España tenía con Marruecos, seguían marchado a Cataluña o a las Américas, como desde varios años atrás.
40908Diario de Murcia.- Aún quedan entre nosotros bastantes forasteros, si lo son. La numerosa mayoría de los que vinieron para asistir a la primera corrida, se marcharon el mismo dia 8. Las empresas de los ferrocarriles han ofrecido al público tantas facilidades para la venida como para la vuelta, moviéndose los trenes con exactitud matemática; sin que a pesar de la aglomeracíon y de la alegría de los trenes toreros haya ocurrido ningún accidente desgraciado. Son muy de agradecer estos servicios, pues sin ellos no podrían darse estas grandes concurrencias. Muchas veces hablamos de los servicios del ferrocarril para censurarlos con más razón unas veces que otras; hablamos también de ellos para alabarlos cuando nos sean beneficiosos a todos, como han sido los últimos y serán los del próximo día 13, día de la segunda corrida de nuestra feria.
He dicho que aún quedan entre nosotros bastantes forasteros y he añadido “si lo son”, por que son tales murcianos que viven fuera de Murcia que tienen aquí familia y que no vienen para un día cuando hay fiestas o festejos, si no para el tiempo que estos duren. Diez o doce días que se dan de satisfacción en el antiguo hogar donde aun vive la madre o el padre, y algún hermano, que se esmeran en obsequiar al “forastero” querido, si no es él el que obsequie y hace el gasto.
Esto lo decide el haber de los unos o del otro, predominando en todos la generosidad. En esto días se da culto a Murcia, se la alaba y pondera sobre las demás cuidades del mundo y se enfervoriza el amor a la tierrecica, a la Torre, a la Virgen de la Fuensanta.
Estas cosas pasan en muchas partes, lo mismo en casas ricas que en en casas pobres; pero en la primeras no tiene trascendencia. Es una cosa corriente. En las segundas, en las modestísimas viviendas de los barrios populares, la venida de un hijo que se ha colocado por ahí, por el mundo, y se ha hecho de un comercio, de una pequeña industria, de un oficio o de otro cualquier medio que le pemita vivir decorosamente y ahorra cinco duros, es un suceso.
Martínez Tornel

1914: Cuestión de melones

1914: 3 de Julio
Probablemente muchos elementos de la sociedad murciana fueron conscientes de lo que se venía encima. Eran ya muchos años de crisis, con una guerra interminable en Marruecos que estaba costando la vida y la salud a muchos jóvenes, pero que resultaba muy rentable para ciertas empresas de la conserva y de curtidos o de alpargates, calzado imprescindible para los soldados. La nueva guerra dividió más a una sociedad que no había conseguido regenerarse después del desatre de 1898. Y las presiones fiscales y la escasa oferta laboral propició el aumento de la emigración hacia América y África. Pero todo esto había que disimularlo.
– Los guardias de seguridad han presentado en la Inspección a Juan Valera Giménez por producir un fuerte escándalo, pegar a su esposa y ocuparle al mismo tiempo una pistola del calibre 12.
– Esta noche habrá velada familiar en el paseo de la Glorieta que será amenizada por una banda de música que ejecutará un bonito y escogido programa.
– Diario de Murcia.- Hemos entrado en el mes de Julio, en el hermoso mes de Julio, que verán ustedes como no nos engaña y cumple el programa a que está obligado, dándonos dias calurosos y noches frescas y plácidas. Junio ha sido un mes infernal, porque no ha preparado siquiera la estación de los calores. Su 40 de Mayo ha rectificado la confianza que en él se tenía para cambiar el sayo de iinvierno por el de verano. Ha sido necesario que transcurran todos sus dias para que la gente se aligere de ropas.
Pero ha venido julio y todos nos hemos dicho: “Esto no falla. Este trae sus días propios, sus siestas, sus solaneros, sus veladas, sus fiestas nocturnas, sus novenas del Carmen y sus jazmines. Ahora ya se puede uno burlar de las corrientes de aire, de los enfriamientos y de las pulmonias. Ya puede uno dormir tranquilo, quitándose de encima el peso de las mantas y las colchas sin temor a constiparse. ¡Ay! y ya se puede beber a chorro el agua fresca del botijo”.
El nombre dé este mes es una garantía para la libertad individual, porque rompe las cadenas y las ligaduras con que el invierno nos ata y nos esclaviza.
Su perspectiva son las playas alegres, con sus hermosos balnearios, con sus mujeres vaporosas medio sirenas en el mar y seductoras en la tierra. En llegando este mes, ni los muy enfermos piensan morirse; todos piensan en vivir, en despertar, en dejar, según se pueda, el yugo del trabajo y descansar, sesteando sobre la fresca mecedora. ¡Lástima que todo esto no esté al alcance de todos,  aunque algo si que lo estál. El presupuesto del vestido se alivia en verano, tanto para las clases pobres que pueden hacer una transferencia para otro capítulo de necesidades de la vida.
Y aun la alimentación es más barata, porque en ningún mes produce más la tierra que ahora.
De este mea es clásico el cantar murciano de
En la huerta de Murcía
por un chaviquio
te llenan de tomates
el canastiquio
Pero no son solamente los tomates; aun los pimientos, son los melones, iqué ricos y qué frescos!, son las calabazas, tan alimentícias, son los judías verdes, que por mucho que se exporte de todo ello, siempre queda un margen abundantísimo para el abastecimiento de esta ciudad.
Claro que la ternera está cara y la carne en general está barata, pero la prohibición de ella, según los vegetarianos, es un beneficio incomparable para la salud. No se apenen por tanto, los que no la catan. El calor de Jilio vigoriza más que todos los tónicos; hasta el agua parece que alimenta. ¡Bien venido seas, hermoso mes!
José Mártínez Tornel

Aceñas y acequias

Alcantarilla, 30 de junio de 1739
Acequia de Alquibla o Barreras
Los documentos más antíguos que tratan sobre la huerta de Murcia atestiguan que en las acequias mayores de Barreras (Alquibla) y Daba que discurren de norte a sur entre Alcantarilla y La Alberca, era donde más abundaban los artefactos de elevación de aguas, que eran desde sencillos algaidones hasta grandes norias. Esto puede deberse a que las continuas avenidas del Rio Guadalentín, Santomera o Reguerón (caso raro de un curso fluvial con varios nombres) aportaban tierras enriquecidas con tarquines a la zona del oeste de la huerta. Dependiendo de la importancia de esas riadas el suelo se veía recrecido entre diez y veinte centímetros lo que obligaba a renovar los artefactos, tanto en asentamiento como en altura. De las decenas de algaidones, aceñas y norias que se han documentado en estos cauces no queda ni siquiera rastro de su asentamiento.
El Sr Marques de Beniel, Rxºr y Comisario de la zequia Mayor de las Barreras dixo que en virtud de la que se le confirio en Cavildo de diez de Marzo de este año sobre la pretension de Matheo Thomas, vecino de la Alcantarilla, pidiendo se le conzediese lizencia para construir una zeña para thomar agua de dhª zequia mayor a fin de dar riego a nuebe thaullas que posee en la Jurisdicczion de dhª Villa, por estar imposibilitado la de su dotacion en la Zequia de la Dava mediante haberse lebantado dhªs tierras y por las havenidas del Rio de Sangonera, pasó al examen y reconocimiento desta pretension, y ha encontrado ser cierto estar de secano dhªs tierras y no poderseles dar su riego con zeña de dhª zequia de la Dava y si de la referida de las Barreras por los motibos expresados en el memorial de esta parte, y que dejando a beneficio de dhª zequia mayor el agua que tenia de su dotazion en la de la Dava, la que se introduze en la antezedente, no encuentra perjuicio en que se le conzeda dhª gracia por ser conforme a la que en el año pasado de proximo se le hizo a Dn Salvador Perez, Presvitero, por padezer sus tierras el mismo impedimento que las de esta parte, a las que estan contiguas.
1914:
Murcia: El tren correo de Madrid llegó ayer con dos horas y media de retraso. La causa fue una formidable tormenta por Villasequilla, cuyas ramblas desbordardas, dejaron la vía en malas condiciones.
Cartagena: Salón “El Brillante”.- Esta noche se estrenará en este popular salón cinematográfico la interesantísima película de gran metrage (s) dividida en seis partes y de dos horas de duración titualda “Sin familia”, una de las últimas producciones de la renombrada casa Pathé.
El jueves próximo hará su presentación el notable número de varietés compuesto de cuatro bellas señoritas denominado “Estrella Troupe”. El trabajo de este escepcional número es verdaderamente notable según dice la prensa de las poblaciones en donde ha actuado, no solamente por la originalidad del trabajo sino por el verdadero lujo con que se presentan las artistas. Seguro que el público que constantemente asiste a este salón cinematográfico quedará satisfecho con la nueva contrata que de artisitas notables han hecho los señores Cánovas y Valero.
COMUNICADO DE ZARWELL: Mañana es el cumple del jefe

Walter Starkie: Don Gitano en Antequera

Libros de viajeros para el verano.
Walter Starkie: Don Gitano. Barcelona, 1944.
Starkie, folklorista interprete del pied pipper o violín irlandés, recorrió a pie buena parte de Andalucia entre 1930 y 1933 como músico ambulante. Entre carreteros y caldereros, se introdujo en los ambientes gitanos con la intención de conocer el flamenco de la época. Sus vivencias quedaron recogidas en el libro “Don Gitano”.
Tardé dos días en llegar a la ciudad. El primer dia anduve cerca de veintitres kilómetros y después de atravesar el pueblo de Cuevas del Becerro hice alto en una granja a mitad del camino entre el pueblo y las montañas de Peñarrubia, donde me dieron alojamiento y comida por una peseta. Al dia siguiente, cuando llevaba andado unos cinco kilómetros, encontré un carro de dos mulas y el carretero me invitó a subir. Iba a Campillos y me cedió un sitio en su carro entre dos barriles de vino. En Campillos probé suerte con mi violín y al cabo de dos horas y media de trabajo en calles y tabernas me encontré rico, con una peseta y cincuenta céntimos, no como un príncipe, pero con lo suficiente para tener fe en mi profesión de músico ambulante. Por fin, después de un largo día de viaje, llegué a Antequera, una imponente ciudad edificada alrededor de un magnifico castillo en ruinas. No pude prestar mucha atención a las bellezas de Antequera porque me veía obligado a afanarme por las calles en busca de céntimos, pero siempre recordaré el sonido profundo, el tono solemne de la gran campana del castillo. En mi visita al castillo, el guardián -un joven de brillantes e inteligentes ojos- me invitó a subir a la torre para contemplar la vista panorámica de la ciudad.
El guardián se puso a contarme historias de luchas y guerras de tiempo de los moros y terminó por las conocidas hazañas de José María y otros bandidos que hicieron de aquellas montañas próximas el centro de sus proezas: “Allí arriba, en Archidona -me dijo- está lo que era el refugio más importante de los bandoleros de Andalucía. Y allí cerca se halla el “Pico de los Amantes”, del cual seguramente ha oído hablar.
-¿Qué amantes?
-Los amantes de Antequera, les llaman. Es una leyenda del tiempo de los moros: Cuentan que un caballero cristiano fue capturado por un príncipe moro que hacía el recorrido de Archidona a Loja. Reducido a prisión pudo contemplar la belleza de la hija del príncipe de la que se enamoró perdidamente. Ella, al verle tan gallardo, correspondió a su pasión y determinó ponerle en libertad y huir con él al campamento cristiano. Pero no bien habían logrado su propósito, cuando en todo el campamento moro cundió la alarma. Los amantes, dándose cuenta de que eran perseguidos, se ocultaron en una cueva hecha en la roca viva; mas pronto fueron descubiertos por los soldados que los acosaron para detenerlos y conducirlos cautivos al campamento. Entonces los amantes avanzaron hasta el pico más alto, a la vista de los soldados. “¡Vuelve, vuelve, hija mía, te lo imploro!”, suplicaba el anciano padre de la doncella extendiendo hacia ella sus manos. Pero ella abrazóse a su amante y ambos, de un salto, se arrojaron desde aquella altura, quedando deshechos al pié de la roca, donde el padre pudo verlos unidos para siempre en la muerte.
El guardián me presentó a su esposa, una joven que, sentada, mecía en sus brazos a un niño de pocos meses. Era una linda muchacha de alegre rostro, que tendría a lo sumo veinte años. Vivía con su esposo en la torre que constaba de una sola pieza, especie de inhóspito calabozo en la que se veía la cama de matrimonio, un simple colchón de paja tendido en el pétreo suelo junto al rellano de la escalera.
-A mí me daría miedo dormir aquí de noche -dije a la joven-, es este un sitio propicio para ser visitado por fantasmas.
-Nunca los he visto -dijo ella-, pero algunas noches tengo miedo cuando el viento silba alrededor de la torre y sopla por debajo de las puertas.
Es extraño como los proverbios se funden a la vida de los pueblos. Muchas veces había oído decir en Andalucía “El disimulo de Antequera”, sin comprender su significado. La frase completa es:
El disimulo de Antequera,
la cabeza tapada y el culo fuera.
Según un amigo mio andaluz, la frase proviene de una feria que hubo en Antequera. Un cierto caballero de aquella ciudad fue cogido en circunstancias comprometedoras respecto a la posición de sus pantalones. Levantó su capa enrrollándola alrededor de la cabeza de manera que no pudieran reconocerle y dijo ingeniosamente: “Así ninguno del pueblo me reconocerá con la cara tapada y el culo al aire “.
Hay muchos caminos para alcanzar la inmortalidad y yo creo que el que siguió el caballero de Antequera es tal, bueno como cualquier otro. Muchos hubo que para alcanzar la fama escribieron grandes volúmenes que hoy yacen olvidados en los sótanos de la literatura; en cambio, aquel ingenioso caballero se inmortalizó a sí mismo y a su ciudad con una sola frase.
2ª versión de la fotografía de Zarwell: “La calabaza”
1914: El año de la gran guerra
Murcia, “el Tiempo”, 26 de junio de 1914
En la calle del Castillejo, riñeron ayer tarde dos mujeres por interioridades de familia.
El marido de una de ellas, Francisco Martínez García, de 65 años, medíó en la cuestíon, y como su mujer viera que le daba la razón a su contrincante, con un botijo le dio tal golpe en la cabeza que el infeliz anciano cayó sin sentido al suelo. Resultó con heridas contusas en la frente, ojo derecho y manos. Fue conducido al hospital donde el médico de guardia, después de curarle las heridas, las calificó de pronóstico leve.
Del hecho se ha dado cuenta al juzgado de guardia.
Sarajevo.- 29 de junio 1914 El Liberal.- Comunican de Sarajevo que en el momento en que el Archiduque heredero Francisco Fernando y su esposa, la archiduquesa Sofía, marchaban a una recepción en su honor que se celebraba en el Ayuntamiento, un individuo que se hallaba confundido entre el público arrojó una bomba sobre el auto del Archiduque. Este recibió la bomba sobre el brazo, rechazándola a distancia. Cuando estalló alcanzó a los ayudantes Coosvaldich y Merizi que iban en otro auto detrás de los archiduques. Los ayudantes resultaron heridos de poca importancia. Además recibieron heridas otras personas de la comitiva oficial.
El autor del atentado es un obrero tipógrafo llamado Rebinge, natural de Cabrinovio. Fue detenido por el público y la policia evitó que lo lyncharán (s).
El asesinato.- Después de la recepción regresaban los archiduques a Palacio entre atronadoras ovaciones del inmenso público que quería demostrarles simpatías en desagravio del atentado de que se habían librado merced al acierto y sangre fia del archiduque, cuando repentinamente y sin que nadie pudiera preveerlo ni evitarlo, un estudiante del último año del Liceo, Principe Jaratoff, se abalanzó sobre el automovil y disparó varios tiros con una pistola Browning.
El archiduque resultó con una herida grave en la cara y la archiduquesa con un balazo gravísimo en el abdomen. Conducidos los archiduques precipitadamente al palacio real, ambos fallecieron al poco rato.
El estudiante cayó en manos de la policia, siendo muy maltratado por la muchedumbre.
El doble atentado ha causado hondísima consternación en todo el pueblo, viéndose por todas partes manifestaciones de duelo.