Tornel y La Candelaria

3 de febrero de 1915
Febrero tiene sus fiestas, como todos, pero tiene unas fiestas cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, que no las tiene ninguno: me refiero o las fiestas del Carnaval.
Ya hemos pasado la fiesta de la Candelaria, con sus candelas amarillas, sus tórtolas, su tortada y su procesión, cosas simbólicas de la Purificación de la Virgen.
Hoy la fiesta de San Blas, en la misma iglesia de Santa Eulalia, en cuya plaza continua la verbena de ayer, con mucho concurso de pobres chicas, mucho confetti, muchos cordones de San Blas, muchos empujones.
Es la tradición, que obliga a celebrar esa fiesta sin serlo y sin haberlo sido nunca.
Los frailes trinitarios, que vivían donde hoy está el Museo y el primer grupo de Escuelas Graduadas, fueron los primeros que hicieron y vendieron cordones benditos del santo, pero luego les sucedieron los industriales; ello es que todavía son artículo de comercio y remedio contra males de la garganta, a pesar de tanto específico como hay contra la tos, preconizados con el célebre: sí toseis, tomeis…
Algo a menos ha debido venir esta mercancía, porque ya no la ostentan las mozas bizarras de la huerta ni de los barrios, que eran las que se ponían sobre el pecho esos cordones majos, de sedas e hilillos de plata y oro y con un santo de barro, de regular peso, obra de arte y de piedad, hasta cierto punto; pero porque haya venido a menos, en el concepto popular, no dejan de salir al mercado, de todas clases y precios.
Bueno es siempre la piedad y el pedir con fe lo que necesitamos en nuestras enfermedades, es, por lo menos, un consuelo; pero desde que la gente ha visto que la difteria, que tantas angustiosas muertes causaba en los niños, ha sido vencida por el suero antidiftérico, ni se atiene a brujerías, ni a sortilegios, ni a supersticiones, sino al específico proclamado en todo el mundo. Y esto sin faltar a nada ni faltarle a nadie.
Quiero decir que hasta en estas fiestas populares, como tengan algo de tradicional, se ve cómo el progreso verdadero se va extendiendo en todos las clases y se van borrando viejas rutinas, hijas de la ignorancia o de la falta de medios con que defenderse de los males.
Tampoco se dice ya el conocido refrán:
Si la Candelaria plora
el invierno fora.
porque ha sucedido ya llover abundantemente es ese día y continuar el frío.
Una efemeride tiene este mes muy interesante, condensada en una copla popular que dice:
Del día dos de Febrero
memoria nos quedará:
a las doce de la noche
se quemó la Catedral.
Yo recuerdo haber visto, al día siguiente del famoso incendio, muchos santos del retablo del altar mayor, carbonizados en medio de la plaza de Belluga.
Aquella noche hubo en Murcia el mismo terror que la noche de la riada de Santa Teresa.

 

 

Tornel y la nieve

18 de enero de 1885.- Lo del día
El cuerpo del hombre pierde vida, cuando la ha de perder, empezando por los pies.
Esto es indudable, porque esas extremidades son las que más frío tienen, se hielan antes, y más trabajo cuesta el calentarlas.
Hacer entrar en calor los pies, es tan difícil como hacer latir el corazón de un avaro.
Nieve pisaron ayer los nuestros por estas calles, sembradas como de sal blanquísima; pero yendo y viniendo, y, sobre todo, haciéndonos cargo de que aquí se siente toda necesidad, y hallan eco, sin cansarnos, las lastimas de Granada y Málaga, entramos en calor general.
Al ver ayer prepararse a la corrida de Toros de hoy a los jóvenes toreros del Circulo Taurino, encontrándose un circo nevado, en el que es tan fácil romperse la crisma, también es cosa que calienta.
Hasta lo que nos dicen de Fortuna, pueblo que se ha emancipado de la tiranía de sus malas pasiones políticas y de quienes, hasta con mofa la dominaban, anima y vivifica la esperanza de un mejor porvenir para los pueblos de esta provincia que sufren parecidos males.
De la verbena en el barrio de San Antonio, si verbena puede llamarse una fiesta celebrada cuando por todas partes se ve la obra de los copos de nieve, también parece que ayer estuvo airosa, por el aire, y por la concurrencia.
De la nieve se ha podido decir en Murcia aquello que dice la copla:
“La nieve por tu cara
pasó diciendo,
en donde no hago falta
yo no me quedo.»
Pero parece que ahora, merecimos también ese castigo, que castigo es para las personas, para las plantas y para todo lo que la sufre.
Por lo pronto, lo que se cogiera ayer de la tierra y se traiga á la plaza para su venta, doblará el precio, como ayer mañana sucedió. Los compradores se quejan, nos quejamos, de esta carestía; pero, al mismo tiempo, yo, por mí, digo que:
“Si no hubiera, de comerse más coles, ni más lechugas, mi más escarolas ni otros apios y cardos que los que yo cogiera ahora de entre la nieve.. ya estaba fresco el que tuviese tal deseo.”.
Hagámonos cargo de estas cosas ¡caramba! que el frío es un enemigo malo que puede con todos.
9 de enero de 1891.- Lo del día.
Si el día de las elecciones marca el termómetro la temperatura que ayer, podrá haber empeño en los que luchan, pero lo que es calor, no habrá mucho.
Se helaron las palabras.
Amaneció hecho hielo el barro de las calles.
Convirtiose en cristales transparentes toda el agua que se quedó a la intemperie y los palomos y las aves de corral al ir a beber picotearon en firme.
Un aguador que subió temprano a llenar en la fuente de Santa Catalina no podía sacar sus cántaros del carro en cuyos huecos habían quedado cogidos por el hielo que pegaba el barro y la madera, como el más fuerte cemento.
La pobre huerta estaba negreando ayer mañana. Los tellos caídos, lacios, como quemados. Los brazales parados. Los juncos llenos de perlas blancas. El humo no podía ascender sobre las chimeneas. Reinaría por allí el silencio de los cementerios. Ni un ave que canta, ni nada alegre, cuando el frío castiga tan insólitamente como ayer en esta casi siempre templada vega.
Nieves, hielos, escarchas, vientos fríos y en jueves, Mal día para todos los que trabajan y viven de la animación del tráfico y movimiento.
El mercado de ayer… bajo cero.
La venta, idem.
A una lavandera de La Albatalía, le dio un dolor de costado al rato de ponerse a lavar, según me ha dicho la mía, que dice, y dice bien, que ahora no mete las manos en agua.
Según leemos en “La Paz” se han helado dos pobres en Nonduermas…
Si esto es cierto – ¡qué tristeza para todos! – para todos los que tienen casa de sobra y fuego con exceso y alfombras de más.
Puede uno mirar con indiferencia relativa que muera un colérico, un tísico o un enfermo incurable; pero que en el siglo XIX, y en una ciudad cristiana como Murcia, muera un pobre de frío… no se puede conceder sin que todos los que tenemos más de un pantalón nos echemos encima alguna responsabilidad.
Un pobre viejo compró ayer tres raciones una tras otra, y se las comíó en la Tienda – Asilo, y se quedó confortado y entró en calor… ¿Quien sabe si esta institución libraría ayer a alguien de la muerte de frío y de hambre?
No politiqueemos tanto mientras el problema social presenta ese aspecto tan terrible.
José Martínez Tornel.

 

Tornel, los Reyes y la crisis

12 de enero de 1890
REVISTA DE LA SEMANA
La semana de los reyes ha sido esta que reseñamos.
La iglesia ha conmemorado a los tres reyes Santos, Melchor, Gaspar y Baltasar, que caminando trece días en la horrible estación del crudo invierno por dilatados países, transitando y pisando nieves y cruzando hielos, llegaron a Belén guiados por la milagrosa estrella, y ofrecieron al Rey de los cielos oro, mirra e incienso, como a Rey, como a hombre y como a Dios.
Esta religiosa fiesta, tiene, en nuestra huerta, un aspecto popular muy simpático. Los Reyes, en el Palmar, en la Alberca y en otros pueblos y partidos con un auto dramático religioso, que se verifica en las calles y plazas del pueblo, y termina en la iglesia con la adoración del Niño por los disfrazados de reyes del Oriente.
Son de ver aquellos caballos engalanados a lo contrabandista; aquellos trajes pintorescos; aquellas coronas y cetros; y, sobre todo, aquel real decir y declamar de Herodes furibundo:
¿Qué es esto que por mi pasa?
¿Que es esto, Herodes, que es esto?
¿Ceder mi trono a otro rey
teniendo en mi mano el cetro?
Antes, no hace muchos años, se representaban los reyes con más formalidad; ahora está encomendada la función á muchachos que lo toman todo a chacota y juerga y los representan como cosa de carnaval o bufa. Tanto, que cuando declaman aquello de
Allá en aquellos días prodigiosos,
días de paz y de ventura llenos,
en que tuvo principio la gran obra
para la redención del Universo…     
Cuando declaman estos verbos ridículamente, dicen las buenas mujeres:
¡Asnos! si entendierais lo que estáis diciendo no lus riríais…
Otros reyes, los imaginarios, los que pasan de noche por las calles mientras los niños duermen el sueño de la inocencia, les ponen dulces y juguetes en los balcones, también han pasado por todas las calles de las ciudades cristianas a la misma hora y han obsequiado espléndidamente a sus pequeños y queridos vasallos.
A todos los niños de España han podido contentar los Santos Reyes, menos al niño-rey, que ha pasado la semana gravemente enfermo, postrado en la cuna, luchando por él y por su salud no los ejércitos, que nada pueden, si no la ciencia y el cariño de una madre.
Sobre la Reina Regente han pesado esta semana las penas más grandes de una madre y el conflicto de la crisis más trascendental que se ha presentado desde la restauración.
El rey-pueblo, o el pueblo soberano, también ha sufrido esta semana, azotado en Madrid y en otras poblaciones, por el hambre y la enfermedad reinante, y agobiado en toda España por el peso y las consecuencias de la crisis.
Este rey, en cuya majestad y en cuyas penas, todos tenemos alguna parte, es el más mísero y desvalido, porque sobre él pesa todo. Cada partido lo quiere aliviar de un modo y ninguno acierta con el remedio; todos los hombres políticos aspiran a su felicidad, y todos le producen alguna nueva desventura. Esto cuando se acuerdan de él; que la mayor parte de las veces, lo pisan y estrujan en sus pasiones, sin acordarse de donde ponen sus plantas.
Y hasta el humilde y modesto ciudadano, rey de su casa, ha pasado la semana temeroso, soliviantado, por la plaga de males pequeños que ha llovido sobre las familias.
Los médicos que asisten al Rey, dijeron: “El Rey puede salvarse como se salvó el hijo del general Antequera.”.
¡Y como el hijo de Juan el Roque…! Cuando Dios quiere…
Y aun dicen que si hay privilegios y castas y clase… ¡Qué más igualdad puede pedirse!
Desengáñense los socialistas, los radicales innovadores, los que creen que es posible hacer sociedad nueva, con otra organización, otros estímulos y otros móviles; aquí, sobre todas las verdades, hay que consignar y admitir la vulgar, pero evidente, de que la tierra es un valle de lágrimas.
Relativamente hay ricos, poderosos, sanos y contentos.
En absoluto desde el Real Palacio hasta la humilde barraca, no hay más que infelices.
Martínez Tornel

 

Tornel. Lo del día

Febrero de 1899
Lo del Día.- Tres días abiertas las Cortes y ya estamos desilusionados de lo que se puede esperar de ella.
Ninguno de los oradores que ha hablado hasta ahora, ha producido en la nación este efecto que causa siempre la palabra cuando vibra en ella la nota del patriotismo; nota que debía ser ahora tristísima, elegiaca, profunda y enérgica.
Como muchas cosas se ven mejor desde lejos, sobre todo las que hay que apreciar en conjunto, es muy posible que nosotros desde aquí veamos más claramente lo que pasa en el Parlamento que los que ocupan las tribunas.
Y desde aquí, lo que están haciendo casi todos los senadores y diputados es oposición a carteras. Y no parece sino que tienen la mira puesta en que les aprobemos los ejercicios para en su día. Estos es quedar ministrables.
La cuestión más grave que se ha tratado es la de las responsabilidades de la última guerra. Cuestión que el país tiene resuelta en la siguiente forma: “Responsables de la pérdida de Cuba y Filipinas, y de los desastres de nuestras escuadras, todos los que han gobernado desde la Restauración hasta hoy, sin exceptuar a nadie”.
Por esto esta cuestión no inspira ningún interés, porque en la conciencia nacional está ya resuelta. Y por eso la discuten los verdaderos responsables, que son los representantes de todos los partidos dinásticos que hay en el parlamento. Más o menos, todos han puesto su influencia en la obra del rebajamiento y de inmoralidad que ha dado al traste con las energías nacionales, y ha hecho que el egoísmo y la codicia reinen en absoluto sobre los grandes intereses de la patria.
Estos discursos de ahora, con raras excepciones, son otra forma de engaño, como los de antes; y la única manera que les queda de defender una influencia que se les escapa. Discursos y más discursos, palabras y más palabras ¡Que aún entusiasman a algunos!
Que no nos digan dentro de qué orador de esos de hoy está el político de mañana.
Todos son los de ayer ¡Del funesto pasado!
Martínez Tornel

 

Tornel y los toldos de Platería

Junio de1904.- Diario de Murcia: Sol y toldos.
Me han preguntado algunos que cómo va el proyecto de toldo nuevo para el primer trozo de la calle de la Platería; y debo decir aquí, para que lo sepan esos amigos y el público que se ha interesado por esta novedad, que pasado mañana se empezará a poner, porque casi todos los vecinos, todos puede decirse, han manifestado su conformidad con el pensamiento y su decisión de contribuir a los gastos según proporcionalmente les corresponda.
¡Ojalá que se nos hubiese ocurrido antes, para que el mercado de hoy, que es de los más fuertes del año, y la procesión de mañana hubiesen sido favorecidos por la sombra fresca del toldo nuevo!
Pero no tardará mucho. Ya está adquirida, mejor dicho, apalabrada la tela que se necesita, con el fabricante Sr López Ferrer, que nos ha hecho el mejor precio posible: 5 Reales el metro cuadrado.
La tela tiene la consistencia necesaria para durar mucho, pesar poco, quitar el sol y dejar pasar la luz como cernida. Tiene unas rayitas azules que ayudarán a dichos efectos de visualidad.
También está contratado ya el trabajo de ponerlo. Los antiguos y tradicionales tolderos han estado generosos en sus exigencias; hasta el punto de que, con lo que se les ha de dar a ellos, con el precio de la tela y gastos accidentales, el metro de toldo ya puesto, lo más que va a costar va a ser dos pesetas.
La última vez que se hizo un toldo general en esta misma calle, fue uno de arpillera y costó, según me han dicho, el doble; y entonces ni habían subido el algodón ni los cambios.
Tengo la seguridad de que el toldo que van a hacer los vecinos de la Platería en este trozo primero, va a tener tan buena sombra, que primeramente, nos va a unir a todos los vecinos como en una familia, como debe ser; y que además nos lo van a copiar los del otro trozo, donde son se pueden entender para no achicharrarse.
Un día de este verano se va a celebrar en París, iniciada por Flammarion, la fiesta del Sol, cosa que parecería de idolatría si el ilustre astrónomo no estuviese acreditado de creyente.
Flammarion es que está enamorado del sol. Ya se ve en sus libros que esta fiesta había de venir, porque en ellos le rinde culto de admiración, el culto del misterio, el culto del portento.
Pero he aquí, que si la fiesta no se celebra de noche, lo cual sería un absurdo, siendo en Agosto, como parece, lo primero que preparará será un buen toldo, para que el sol no asista a su fiesta y propine un tabardillo a su ilustre y venerable adorador.
Ahora el sol parece que castiga, es inclemente, en invierno es cuando parece una Providencia. Porque acaricia con sus tibios rayos a las pobres criaturas que no tienen otro calor en el mundo.
Nosotros, los vecinos de la Platería, si nos adherimos a la hermosa excentricidad de ese sabio astrónomo, será también a la sombra de nuestro nuevo toldo.
A solis ortus usque ad ocasum, toldo corrido.

José Martínez Tornel

 

Tornel en el Casino (de Murcia).

13 de mayo de 1904 Diario de Murcia.
En el Casino.- Se ha hablado estos días de disgustos surgidos entre la junta directiva del Casino de esta ciudad y algunos socios, con motivo de cierto acuerdo tomado por aquella y resistido por estos.
Cuando supe lo del disgusto, me puse desde luego de parte de la Junta; primero porque yo soy siempre partidario del principio de autoridad, y segundo porque tanto el presidente de la actual Junta como los demás socios que la componen me inspiran confianza absoluta de no ser capaces de acordar ninguna tontería.
Sin embargo, aprovechando la festividad del día de ayer, fui a tomar café al Casino; porque yo soy un socio de los más antiguos y porque, como murciano, me interesa mucho el prestigio y la buena armonía de esa sociedad, que siempre que ha sido necesario, ha sabido honrar el nombre de Murcia.
Noté con extrañeza que casi todos los socios que había en el Casino estaban en la puerta, en los dos ventanales laterales que hay a la entrada del edificio.
En el patio árabe, que es un portento de laboreo, donde cae la luz filtrada por vidrios matizados donde se aspira el ambiente puro de una Alhambra perfumada, no había nadie, ¿Para qué –me dije yo, sentándome allí con el amigo Antonio Spotorno, a tomar café- para qué habrán gastado tantos miles de duros en hacer este templete encantador?
¡Cuidado que es aquello bonito! Todos los forasteros, todos los periodistas acostumbrados a ver cosas y a no admirarse de ninguna, se detienen allí y admiran aquella corrección, aquella exactitud copiada de los adornos arabescos, y aquel lujo de detalles riquísimos.
Pues allí me enteré de la cuestión de estos días, que ha puesto en entredicho a la Junta Salvadora (llamémosla así) con algunos socios.
La cuestión ha sido por si se ha de sacar butacas mecedoras a la puerta de la calle, o no. La Junta lo prohibió; algunos socios, que no tenían noticias del acuerdo prohibitivo de la Junta, quisieron hacer bueno y dar fuerza de ley a la costumbre; ¡y aquí fue Troya!.
Ayer no había butacas, ni mecedoras, en la puerta; había modestas sillas de anea en las cuales estaban algunos socios decorosamente sentados viendo pasar a la gente.
El motivo que ha tenido la Junta para prohibir que se saquen butacas-mecedoras a la puerta, según me dijeron, ha sido de orden económico, pero lo hay más respetable, que es el motivo del buen parecer.
En una calle con la de la Trapería y a la puerta de una sociedad como la del Casino, no se puede estar sentado tan a la negligée, como cuando uno está en su casa, perezoso y dormilón. Las señoras y señores que pasan, las señoritas, las jóvenes, el público en general, merecen otros respetos.
Ya que la autoridad permite que tanto allí como en los cafés, cervecerías etc., se apoderen de las calles, debe agradecerse el favor, correspondiendo a él del modo más correcto.
El estar repantigado y con una pierna sobre otra en una mecedora, convengamos que no tiene nada de actitud artística. Eso, que es algo musulmán, estaría medianamente y podría pasar en el patio árabe, por cuyos alicatados parece que van a descender las huríes a cantar las dulces cásidas que adormecían a los hijos de Mahoma y adormecerían a los cristianos.
José Martínez Tornel

 

Tornel y la justicia

Diario de Murcia, Mayo de 1903 ¿Esta es la justicia…?
Vienen de muy atrás, en España, en general, y en Murcia, en particular, las deficiencias de la administración de justicia, para que, aun en casos concretos, pueda exigirse la responsabilidad personal á inmediata.
Un dolor, una injusticia, creo que una iniquidad, ha sido tener en la carcel de Murcia, preso dos años y medio á un mayor de 15 y menor de 18 años, 8 Pablo Ruiz, por complicidad en el robo de unas gallinas, ó por autor de él; pero lo lamentable del caso, es lo mismo.
¡En que edad y por que motivo ha estado ese joven treinta meses en la cárcel!
Cuantos han tenido conocimiento del proceso y sabían le pena que á lo sumo podía imponérsele, lo han olvidado al pobre, dejándolo en la prisión para que se instruyera en las enseñanzas que allí se aprenden.
Esto es verdaderamente horrible, no hay para que atenuarlo; y yo me atrevo a presentarselo en toda su desnudez al respetable Presidente actual de esta Audiencia Sr. Gironés, para que pueda justificar más y más, aunque no lo necesite, ante toda la curia provincial, sus nobles propósitos de reforma, de reorganización, de moralización, de la administración de justicia.
Porque es el caso, que aquí, en Murcia, donde ese muchacho ha estado en la carcel dos años y medio por unas gallinas que ni robó materialmente, ni se llegó á probar, se ha visto en libertad con fianza, o lo que fuere, a procesados por homicidio y a los pocos días de cometerlo.
Para el pobre Pablo Ruiz, no ha habido ni la fianza precaria que la misma ley facilita a los pobres.
Esto supone un estado de cosas que es preciso destruir, y yo estoy bien seguro de que el Sr. Gironés se informará enseguida de si hay algunos otros desgraciados en caso igual al de ese terrible delincuente.
¡Que suceda lo que quiera, porque todos sabemos que los magistrados más enteros son impotentes entre tanta corruptela y ante tanta influencia poderosa como cierne sus alas vampíricas sobre los encargados de administrar justicia y sobre sus subordinados – pero que no pesen sobre el desvalido las omisiones, incurias y deficiencias de todos!
Si esa causa del robo de las gallinas que empezó en 1901, hubiera seguido los trámites legales regularizados, y hubiera llegado á su debido tiempo ante el tribunal de la Audiencia, no hubiera resultado tan excesivo y tan injusto el castigo.
Pero no ha habido quien la empuje ni quien se fije en el “preso” que llevan por delante esos legajos procesales… ¡Quién sabe donde habrá estado olvidada la mísera causa de ese desdichado! Porque yo también he ejercido la abogacía y he tenido en mi casa, despachadas, ó sin despachar, algunas causas, sin que me las haya pedido nadie, en el trascurso de un año.
Con respecto al caso de Pablo Ruiz, solo me queda la duda de si se le debería haber aplicado el último indulto por la proclamación del rey.
Con respecto al actual Presidente de la Audiencia Sr. Gironés, que tantas pruebas viene dando, desde que tomó posesión de su cargo, de los laudables y rectos propósitos que le animan, en los cuales ha logrado ya interesar á los magistrados, á los abogados, á los procuradores, que siga adelante con la valentía que da la convicción de un alto deber cumplido; con lo cual hará que resplandezca y la justicia tendrá a su lado a toda la ciudad honrada.

José Martínez Tornel.

Tornel y la aviación

Algunos han aplaudido la carta del Postillón a Tornel. Incluso alguien ha pedido alguna información acerca del aviador Garnier.
En los primeros tiempos de la aviación mediante aeroplanos, la exhibición de estos cacharros se había convertido en el mayor atractivo de ferias y acontecimientos festivos. En Murcia, después de las espectaculares fiestas de Alicante de 1911, la comisión de fiestas buscó, tratando de aumentar la convocatoria de que gozaba el Entierro de la Sardina, contrató al piloto Garnier para que presentara el aparato el mismo Domingo de Resurrección de 1912. Las gestiones se hicieron de forma positiva, decidiéndose que el mejor terreno era un campo de tiro ubicado al norte de Espinardo, al que tanto militares como civiles acudían, unos para prácticas y otros por deporte, ya que el tiro al pichón y al plato eran practicados por muchas personas.
Se adjunta la crónica periodística y el comentario de Tornel.
9 de abril de 1912. La fiesta de la aviación.- La aviación ha constituido en Murcia un acontecimiento tan extraordinario que ella ha dado a nuestras fiestas de Abril resurrección y vitalidad consistente y ha ofrecido a nuestras calles tal contingente de forasteros, que podemos decir que ningún año hubo tanta animación como el presente.
De Alicante, Cartagena, La Unión y otras poblaciones vinieron un considerable número de automóviles, que con los muchos que en Murcia hay, han dado a nuestra capital un aspecto de población moderna.
En las fondas, en los cafés, en teatros y demás sitios públicos la concurrencia es inmensa. Todo es regocijo y algazara por todas partes.
Aspecto del campo.- Desde las dos de la tarde comenzaron a ir a los tranvías para Espinardo abarrotados de gente. A las tres los carruajes y automóviles formaban un interminable cordón vertiginoso por la pintoresca alameda. Un hormiguero de gente caminaba hacia el campo de tiro.
A las cuatro y media, el intrépido Garnier ordenó sacar el aeroplano, y subiendo sobre él, realizó, con la precisión de siempre su primer vuelo de altura, dando vueltas por las proximidades de la pista y alejándose después sobre los pueblos de Churra y Monteagudo. Este vuelo duró cinco minutos.
El segundo vuelo fue de velocidad y de duración, produciendo en el público un efecto de admiración profundo.
Garnier se alejó, perdiéndose de vista y apareciendo luego por encima de la sierra junto al puerto de la Cadena. Pasó sobre Murcia a muy poca distancia de los terrados, los cuales ofrecían un pintoresco panorama llenos de gente que, desde las primeras horas de la tarde, esperaban ver pasar el aparato. Toda la población satisfizo su ansiedad a las mil maravillas.
Regresó al campo de aviación, dando vueltas sobre la pista. Simuló que iba a aterrizar y cuando el aeroplano descendió hasta casi tocar tierra, volvió a subir en vertiginoso vuelo, causando admiración manifiesta entra la inmensa concurrencia. Este magnífico vuelo duró doce minutos.
El tercer vuelo fue de sensación: pasó por los montes cercanos, a muy poca distancia de los espectadores de los cerros y del público de las tribunas.
En el cuarto vuelo, anuncia una bandera del semáforo que Garnier volaría con un pasajero.
En efecto, el distinguido sportmán alicantino D. Artemio Pérez Bueno, ocupa un sitio en el aeroplano, y da con Garnier un vuelo que duró tres minutos.
En resumen, que la fiesta de la aviación ha sido un éxito para Murcia y para la Junta de este festejo culto y progresivo pues ha sabido proporcionar a los murcianos el recreo en uno de los más grandes y modernos progresos de la ciencia.
Pero el que merece todos los elogios que puedan salir del diccionario es el presidente del festejo, el primer teniente alcalde Don José Baeza Pérez, murciano de gran perspicacia y talento para todos los cargos que se le confían. Puede compendiarse su elogio diciendo que ha sido su organización tan exquisita y detallista que a pesar del loco ir y venir de carruajes automóviles y tranvías, no ha ocurrido accidente alguno que desluzca los días de aviación.
También ha habido un orden completo en el campo del tiro, todo lo cual es debido a las inteligentes disposiciones que el Señor Baeza Pérez ha adoptado.
Con presidentes como este, ya puede una población aventurarse a hacer festejos segura del triunfo. Que sea enhorabuena.
160516
Diario de Murcia.- Por poco no llego a tiempo de escribir estas líneas. Yo creí que el desfile de carruajes y automóviles y el desalojamiento del campo del Tiro nacional y sus alrededores sería cosa de poco tiempo; pero ya bien entrada la noche pude coger un tranvía.
El caso es que he llegado a mi casa las ocho y media.
La aviación de ayer fue más grandiosa y más emocionante, más artística y perfilada. El gentío fue mayor. ¡Espectáculo admirable!
Los tres ejercicios realizados sobre aquel inmenso campo fueron tan correctos y seguros que desvanecieron del ánimo de los presentes el temor de que pudiera ocurrir una desgracia.
En el último ejercicio, en que tomó parte con el aviador Mr. Garnier, el popular alicantino don Artemio, fue una nota simpática. La intrepidez del improvisado aviador, mejor dicho, del aficionado, y la tranquilidad con que tomó asiento en el aparato, fueron muy aplaudidas por el público que lo llenaba todo, lomas y cabezos, llanuras y alturas.
Aquí fue visto y aplaudido por la multitud que ocupaba todos los terrados, viéndolo como dio una vuelta magnifica; y nosotros les vimos enseguida aparecer muy pequeño y engrandeciéndose por momentos, hasta que llegó encima del campo, y con graciosos revuelos, tocó tierra volviendo a elevarse, descendiendo después majestuosamente.
Días de acierto y felices tendrá Mr. Garnier en el ejercicio de su arriesgada especialidad, pero como el de ayer en Murcia tendrá pocos. Sus vuelos fueron en conjunto un triunfo soberbio, una apoteosis de más de cien mil almas. Tampoco tendrán otro día venta como el de ayer las tiendas de comestibles de Espinardo, ni los ventorrillos del camino. Y no digamos de los tranvías porque eso ha sido una locura.
Decid de ahora para el año que viene todos los favorecidos ¡Vivan los festejos!

José Martínez Tornel

 

Carta a Tornel

Sr. Dn José Martínez Tornel, Director del DIARIO DE MURCIA
Muy Sr. Mío:
A pesar del tiempo transcurrido, me atrevo a dirigirle estas palabras, en recuerdo de los buenos momentos que he pasado, y sigo pasando, en la lectura de sus artículos.
Por si no se encuentra al corriente de lo que pasa por aquí, cosa que dudo por su inagotable curiosidad, paso a comentarle algunas cosas:
Los habitantes de la ciudad apenas han cambiado, salvo en que lo primordial ahora es su mayor afán por conseguir dinero, por gastarlo en vestidos, comidas y viajes. Las tertulias políticas y los corrillos siguen planeando por las Cuatro Esquinas y sus cafés aledaños, sin conseguir nada positivo para la ciudad o para la región, después de apasionadas discusiones. Todos los miembros de todos los partidos pretenden tener la razón, unos por los votos, otros por las utopías, de forma que, entre vanas reuniones esto no se mueve. Todo sigue como cuando usted lo contaba en su columna.
Sin embargo, debo informarle que, en algunos ambientes permanece un poco de inquietud. Esto viene sucediendo en torno a algunos núcleos de las poblaciones de la huerta, que por cierto han crecido una barbaridad desde que usted publicó su última crónica. En esos lugares, al estar lejos de la ciudad, la vida sigue transcurriendo en torno al calendario agrícola en algunos casos, y en otros con las ganas de hacer cosas.
Frente al suave empuje de la vida comercial de la ciudad, en los pueblos de la huerta y del campo, aunque como he dicho ahí la vida es más tranquila, hay una inquietud enorme hacia la lectura, el teatro, el cine y hacia cualquier otra manifestación creativa. Y todo lejos de las grandes ceremonias políticas que tienen lugar en la ciudad. En la huerta y en los lugares del campo, hay quien busca la manera de que la vida suponga algo más que el horario cotidiano de las funciones laborales o de los acontecimientos deportivos que en estos tiempos predominan por encima de todo. Se han puesto bibliotecas y muchos centros en los que se pueden hacer cosas. Ahí sigue viviendo la mitad del censo, pero los políticos, al igual que en su época, sólo se desplazan por esas pedanías cuando hay elecciones, que por cierto, siguen siendo tan frecuentes como en sus tiempos, por el interés de algunos en multiplicar las facciones ideológicas.
Debo reconocer que en algunos de estos lugares se quiere remover la sopa y reinterpretar las costumbres de los ancestrales jornaleros y trabajadores de la huerta, que a rebufo del Bando de la Huerta, del que usted tanto renegó, pretendiendo ensalzar una forma de vida que, en la realidad casi nunca existió. Al pairo de esto, hay quien pretende que en la huerta se hablaba al estilo de los bandos y “soflamas” de los presuntos “Perráneos”, basándose en algún comentario jocoso o irónico que usted dejó caer entre sus columnas.
Sin embargo, el Consejo de Hombres Buenos sigue sin funcionar y los regantes de la huerta campan por sus respetos sin que nadie les controle. A nadie le importa tampoco el trabajo que su amigo D. Antonio Gálvez Arce hizo por esta región.
Por lo demás, podría usted sorprenderse de que, a pesar del tiempo que ha pasado desde nuestra última conversación, el ferrocarril sigue estando igual, incluso en algunos tramos con las mismas traviesas y vías que se instalaron en la época de su juventud. Que la aviación, a pesar de que ha experimentado un enorme desarrollo técnico, aquí apenas se ha notado, con unas pistas muy parecidas a aquellas que usted conoció cuando presenció los vuelos de Garnier en las cercanías de Espinardo. Por cierto, aquella pista llamada “El Tiro” hoy es un centro donde se agrupan varios comercios, cafeterías y los actuales cinematógrafos.
En cuanto al desarrollo personal de las murcianas que usted tanto predicó, le diré tristemente que si bien algunas han conseguido ocupar altos puestos en la economía, en la judicatura, en la política o en la cultura, sólo unas pocas se inquietan por mejorar su situación, manteniéndose una predominancia masculina. Sobre esto, no se me puede olvidar la férrea defensa que usted hacía en sus páginas acerca de la situación casi de explotación esclavista por la que pasaban las trabajadoras de las fábricas de la seda y del pimentón. En estos tiempos, aquello puede ser interpretado como propio de un tiempo, pero hay muchísimas mujeres que trabajan más de lo estipulado en sus contratos, y en peores condiciones.
Lo único que puedo contarle de positivo es que ya no hay casi riesgo de una inundación del río, y que los atardeceres por algunas sendas de la huerta siguen siendo fascinantes.
Sin ánimo de molestarle más en sus quehaceres, reciba un atento saludo de su profundo admirador, deseando Dios le gde. mºs ªs.
S.A.S.S.
El Postillón

160512

 

 

Tornel y los obreros

“…En la Región de Murcia hay probablemente miles de trabajadores explotados en las labores del campo. …”. De la prensa de hoy, 10 de mayo de 2016.
2 de mayo de 1916
Última columna de denuncia social de Martínez Tornel.
Sin comentarios
El obrero.- Ha pasado el 1º de Mayo sin que nuestros obreros se exhiban en pública manifestación. Han pasado todo el día recluidos en sus talleres, trabajando tranquilamente, y por la noche celebraron una velada donde se pronunciaron discursos sobre la cuestión social. El obrero no está ya por pasear las calles y servir de espectáculo. Está por lo positivo, que es comer y que su familia coma. Toda la cuestión social estriba en esto, No hay otros dogmas ni arcanos ocultos.
Y en verdad que la razón y la justicia están de su parte. ¿Qué menos ha de pedir el que trabaja que satisfacer sus necesidades? El pan nuestro de cada día, es lo que nos enseña el Salvador a pedir y eso es lo que hace el obrero, pedir pan para su familia y para él, pero la retribución de su trabajo. No pide gallerías, sino que pide un jornal, un salario, un sueldo que esté en armonía con lo que cuestan las subsistencias. Porque eso de que el pan y las patatas, y las habichuelas y el arroz, suban de precio, mientras que los jornales bajan, o están estacionados, no resulta, y si resulta algo, es un déficit tremendo en el haber del obrero, que le amarga la vida. Cuando no alcanza el jornal a que en casa del obrero se reparta el pan según la necesidad, lo que se reparte es el hambre. ¡El hambre! entre niños inocentes y débiles criaturas.
En resolviendo esta verdadera vital cuestión, están resueltas todas las arduas cuestiones del socialismo, o por lo menos se ponen en camino de resolverse. Todo eso del odio a los ricos pro ser ricos y de la saña que se supone al obrero contra el capital, son fantasmas que forja el miedo. El obrero podrá no tener buena voluntad con el que directamente lo explota, contra el que abuse de él por su indefensión, sea compañía, sea sociedad, sea empresa, sea contratista, sea destajista, pero contra el rico, no.
Es que la lucha por la vida, el que más pone y expone es el obrero. Pone su esfuerzo, que agota y hace envejecer prematuramente, expone su vida, y todo por un miserable jornal; mientras que, si por su peligroso trabajo en la oscura mina se encuentra un filón de plata, para él no se encuentra nada, es para los propietarios de la mina. Él entra en el pozo minero con ocho o diez reales y no sale de ahí sino cuando sale para el hospital con un braza o una pierna de menos.
Convengamos que el obrero sufre las mayores injusticias y que no hay más que reflexionar sobre ellas para unirse a los anhelos de los trabajadores y pedir con ellos que se les atienda, que por lo menos … menos… no les falte un jornal suficiente para que no les falte el pan ni a ellos ni a sus hijos. Es lo menos que pueden pedir.
José Martínez Tornel