Cartagena: Molinos y vientos

170131Los molinos de viento cercanos a Cartagena quedaban parados e inoperantes durante semanas por la falta de aires. En todas las Ciudades, Villas y Lugares, la gestión del acopio de granos y su transformación en harinas era fundamental, ya que esta era la base de la alimentación, tanto en las panaderías como en la elaboración de aletrías, fideos y sémolas, bizcochos, pastelería y confitería.
La actividad molinera más afianzada por su continuidad era la realizada en Aljucer, inmediato a Murcia, pero a más de cinco leguas de Cartagena. Tener que llevar los granos a esa distancia conllevaba el aumento del precio de los productos mencionados por los gastos generados por el transporte.
Cartagena, diciembre de 1727
El Sr Dn Joseph Mrz, patron del Posito, dixo que por la falta de aires que ay y porque no llegase el caso de que faltase la arina para este publico, le fue presizo, con notizia que paso al Sr Theniente Correxidor, ymbiar con la maior prontitud a los molinos de Murzia 100 fªs de trigo y continuar en el dia de oy con otra remesa. Y aviendo llegado ya dhª arina la primera y que de ella es preziso dar a los panaderos esta tarde, aviendo sido el coste del trigo a 17 Rls la fanega, agregandose el gasto de la conduzion a Murzia y demas acostumbrados. Por lo que es nezesario que esta Ciudad arregle el precio y peso que a de tener la arina y peso del pan, lo pone en su notizia para que resuelva lo que combenga.

 

Don Quijote, Pacheco y los molinos

EN esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como Don Quijote los vió, dijo a su escudero:
-La aventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertárarnos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o poco más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.
-¿Qué gigantes?- -dijo Sancho Panza.
-Aquellos que allí ves -respondió su amo- de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.
-Mire vuestra merced – respondió Sancho – que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.
-Bien parece -respondió don Quijote- que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.
Y diciendo esto, dió de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que, sin duda alguna, eran molinos de viento y no gigantes, aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes, que ni oía las voces de su escudero Sancho, ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes iba diciendo en voces altas:
-Non fuyades, cobardes y viles criaturas; que un solo caballero es el que os acomete.
Levantóse en esto un poco de viento, y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por don Quijote, dijo: -Pues aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar.
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Torre Pacheco y los molinos
Bien podría suponerse que si Don Quijote hubiera corrido sus aventuras por el Campo murciano y se hubiese enfrentado a unos molinos, esto habría sucedido en las inmediaciones de Torre Pacheco.
Las condiciones eólicas de la comarca, junto con su alta producción de trigo, favorecieron la construcción de numerosos molinos harineros.
Por esa zona, la falta de manantiales obligó la perforación de pozos de los que se extraía el agua. En un principio este proceso se hacía mediante aceñas, o “norias de tiro”, como se las conoce por allí. Pero la eficacia y la economía de medios, llevó a muchos labradores a transformar esas “norias” en molinos o “molinas de agua”.
De esto y de otras muchas cosas hablará el Postillón esta tarde en la Biblioteca Municipal de Torre Pacheco, dentro de las actividades del Dia del Libro.
Se os espera.

 

 

Cuaresma y molinos

Molinos de viento de Cartagena, 10 de febrero de 1725
A
plano de las inmedaciones de Cartagena en el que se aprecian dos molinos y tres aceñas

plano de las inmedaciones de Cartagena en el que se aprecian dos molinos y tres aceñas

lgunos autores identifican los rituales de Carne-Vale a la necesidad de ingerir alimentos en la época más dura del calendario agrícola. Según esos investigadores, durante los meses de febrero y marzo las provisiones, sobretodo de cereales, están prácticamente agotadas, lo que conlleva un ahorro de granos y de harinas. Es por ello que al martes de Carnaval se le llama en muchos países “Martes de carnes grasas” (Mardi gras). En nuestras tierras a lo largo de la cuaresma todavía se hacen los “jueves larderos” o “los días de la mona” durante los cuales queda en suspenso la abstención de comidas teóricamente prohibidas por el ritual de ese tiempo.
A todo esto, en algunos lugares de nuestra región durante esos meses, el problema de la falta de harinas se agudizaba al tener que comprar granos en otras regiones, y al no poder funcionar regularmente los molinos construidos en las inmediaciones de Cartagena por la falta de vientos. Esto era habitual en esa zona, por lo que era necesario recurrir a los molinos murcianos y lorquinos. (Del Libro: Historias de los Lugares).
El Sr Dn Fulgenzio Sanchez, Patron del Posito, dixo que acavandose del dia de oy al de mañana la arina que an produzido las 1000 fanegas de trigo ultimamente compradas de Dn Carlos Maria Rizo, la que conforme a Acuerdo de esta Ciudad se a dado a los panaderos a 7 Rls y 20 mrs Vn, se haze a zenso dar prinzipio a dezaser (s) del trigo que se a comprado de Dn Juan Baptª Beltrandi, a prezio de 26 Rls de Vn; el que, segun la calicata que se a echo de su arina, produze en limpio 3 @s y 13 libras por fanega. Y acreziendose al prinzipal los portes, moliendas y demas gastos regulares, se nezesita para sacar cada fanega de 29 Rls y 11 mrs de Vn, no entrando en esta quenta el gasto extraordinario que se esta practicando en llevar trigo a moler a las Ciudades de Murzia y Lorca a causa de las continuadas calmas.
Cuia providenzia a dado su Merzed por notizia que de ello dio al Sr Alcalde Maior; todo lo qual pone en la de esta Ciudad para que se sirva acordar prezio a dhªs arinas, estando tambien en la ynteligenzia de que esta produzen el propio pan que la panadeada de dhº Dn Carlos, y asimismo que la cortedad del prezio de 7 Rls y 20 mrs, a sido motivo de crezer tanto el numero en la panaderia que pasa diariamente de 140 @s, atento a no aver arina de arrieros, que la que traen venden a 9 y a 10 Rls, y añade que asta a ora tendra remitidas a las dhªs Ciudades de Murzia y Lorca de 200 a 230 fanegas, con poca diferenzia; y continuara durante las calmas.

 

 

Molino de viento en Balsicas

151021Balsicas, 21 de octubre de 1741
La harina era básica en la dieta alimenticia, no sólo para la elaboración del pan sino también para la de buñuelos y rebozados. Fideos, aletrías y sémola eran platos habituales, así como los pasteles de carne, y había muchos establecimientos de confitería y pastelería de dulces.
Los molinos de viento de los campos de Murcia y Cartagena son algo más que edificios típicos “tradicionales”. Su construcción en las cercanías de los lugares y en las diputaciones del campo para la obtención y venta de la harina es un referente que confirma el considerable aumento poblacional de esa zona. Paralelos a estas construcciones estaban los hornos, tanto concejiles como privados.
Algunos de esos molinos se transformaron en artefactos elevadores de agua de los pozos, sustituyendo a las lentas aceñas.
(del libro “Historias de los Lugares”).
La Ziudad concede lizencia al Sr Dn Joachin de Toledo, rxor, para que pueda fabricar un molino arinero de biento en su hacienda del Campo desta Jurisdiccion, Partido de Balsicas, por el beneficio que ha de resultar a los vezinos de aquel paraje, y todo en conformidad de lo que a manifestado el Sr Dn Francº Montijo, rexidor, a quien se cometio esta pretension. Y acordó se le de testimonio desta gracia.

Molino de viento en La Aljorra

La Aljorra. 30 de abril de 1740
150430En el Campo de Cartagena, al sur de la Rambla del Albujón, se favoreció la construcción de molinos harineros. En la actualidad todo ese territorio está regado por las aguas del trasvase Tajo – Segura, pero en la época el principal cultivo, cuando lo había, eran los cereales. Alguna vez se ha comentado la importancia de la harina en la dieta alimentaria. El lugar elegido para construir un molino se hacía con conocimiento de los “inteligentes” o expertos en climatología, puesto que en su entorno era preciso la existencia frecuente de vientos, de los que en muchos documentos se destaca la existencia con sus nombres locales.
El Sr Dn Joseph de Torres, dijo que en conformidad de lo acordado por esta Ciudad (Cartagena) por no ser de perjuisio, a señalado a Dª Antonia Vidal, biuda de Salvador Hrz, en el Baldido (s) que tiene en el Partido de La Aljorra treinta varas para el molino arinero que pretende haser, y treinta para la casa que a de fabricar para dhº molino, lindando unas y otras por lebante y jaloque con tierras de Dn Manuel Anrrich, por poniente y leveche con tierras de los herederos del dhº Salvador Hrz; por maestral con tierras de Visente Mrz, y por tramontana con tierras de Dª Maria Hernandez y del Mayorazgo de Dn Joseph Garcia Garro, de que da quenta.
Y entendido por esta Ciudad, Acuerda le hase mersed de dhºs sitios en la forma ordinaria y sin perjuisio de tersero.

Los molinos de viento

Ginés García Martínez: Los molinos de Cartagena. Murcia, 1960.
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El molino de viento de Cartagena tiene la torre de albañilería, de planta circular y alzado levemente cilíndrico – cónico. Está hecha de manpostería no careada, enlucida con argamasa de cal y arena, y después blanqueada. Algunas torres están pintadas con almagra, como las paredes de las casas por dentro, dejando solamente en la parte superior una franja blanca de unos cincuenta centímetros.
La piedra de la obra de la torre o es caleña o es piedra negra del cabeso próximo, según la localización del molino. Para situar la torre siempre se ha elegido una lomica o la parte alta de un desnivel, en la medida de lo posible. Se ha construído sobre una amplia plataforma de más de un metro de altura, bordeada con cal y canto.
El chapitel o tejadillo del molino descansa sobe el telar que tiene cuatro maderos o vigas principales con sus ocho cabesuelos. De madre a madre van los camones, (uno del eje y otro de la guía) que soportan la fuellaga también llamada cuella y las otras piedras también de medio punto sobre las que rueda el eje inclinado. La piedra de atrás, de ojo completo o agujereá que recibe el extremo del eje es la piedra rabote.
Todo el sistema giratorio vertical recibe el nombre de arbolete. Su cabeza o linterna engrana con la rueda del aire o rueda de arriba que mueve el botalón o eje inclinado y externo a la torre, impulsado por las velas. Sobre la rueda terrera gira o rula todo el chapitel para ponerse en derechura al viento. Esta rueda dentada de abajo es la catalina o del infierno.
El rolde de gruesa cuerda de cáñamo o de alambre, una las aspas entre sí, y los vientos la sujetan al extremo del botalón. Los trapos o velas mas o menos arrollaos, risaos, o arrecogíos con el cordelaje según la clase o intensidad del viento, van sujetos a la parte superior por la escota o cuerda de cáñamo.
Las aspas y su rolde se orientan, según la direccíon del viento hasta ponerse en derechura de él por medio del palo guía, o simplemente la guía, y por arriba llega hasta el fraile (pieza de madera donde termina el chapitel). Una vez lograda la orientación requerida, se inmoviliza dicha guía mediante cuerdas atadas a hitos clavados en el suelo formando otro reolde o rolde. Junto a esta guía cae la cuerda freno que está atada a la faja o platilla de hierro donde se atornillan las piezas de madera que constituyen el freno, para detener la rueda de aire al tirar.
Las cuatro cuñas que sujetan el botalón al eje inclinado son los mejiones.
Dentro del molino, las dos panzudas gruesas vigas, de cerca de un metro de diámetro, con sus extremos empotrados en la obra muerta o pared de la torre, y que soportan las piedras de moler o muelas, son los marranos.
En la rueda del aire, las riostras, riestras o simplemente la riestra, pieza integrada por las cuatro viguetas que forman el armazón de la dicha rueda, que merced a sus puntos apoyos o dientes del engranaje, mueve el arbolete.
La masa (maza) es la parte ensanchada del eje central del arbolete que se incrustra en la piedra moler o muela.
De las piedras o muelas la de abajo es la solera, y la de arriba, la corredera. Tienen regatas o canales por donde escurre la harina. Y lomos o palmeras que es por donde muelen el grano.
De la linterna o engrane con la rueda del aire, arranca la porción de eje llamada la lavija, cuya parte superior comparte con el agujero del puntalete el nombre de cuella.
Para designar tanto a la tolva y a su canal que alimenta de grano a las muelas, como al cajoncillo por donde sale ya la harina para ser envasada en sacos, se dice, simplemente, el embudo y la canal.
Para regular la distancia entre ambas piedras de moler o muelas a fin de calibrar el grosor de la molienda, se usa la palanca llamada el alivio.

Molinos de Cartagena y de Murcia

Cartagena, 24 de julio de 1725
Una de las obligaciones más duras que debían cumplir los vecinos de cualquier Lugar, Villa o Ciudad, era la del alojamiento y alimentación a los soldados. En la mayoría de las poblaciones esto suponía un serio problema, pero para ciudades fortificadas como Cartagena, el esfuerzo era mucho mayor.
La población civil de la ciudad se dividía entre pescadores, artesanos y comerciantes. Pero ante la ausencia de cuarteles suficientes para acoger a los destacamentos de guardia o los que transitaban por ella y a las tripulaciones de los navíos de la armada, el Ayuntamiento se enfrentaba con frecuencia a serios problemas.
El principal problema era el suministro de harina, materia esencial en la dieta del siglo XVIII. Los molinos cercanos se habían construído en emplazamientos inadecuados por la escasez de viento en ellos, lo que obligaba al Concejo a enviar el grano a los molinos de Aljucer, en la huerta de Murcia, ya que eran los más cercanos. Esto, entre otros problemas, encarecía el precio de la harina por el abuso que solían ejercer los trajineros que transportaban el grano a la ida y la molienda a la vuelta, sin olvidar el porcentaje de maquila que debía abonarse a los molineros.
A lo largo del siglo XVIII, se buscaron emplazamientos para la construcción de molinos de viento en las comarcas mas a propósito, como eran las cercanas al Mar Menor, entre El Albujón, Pacheco, y el Rincón de San Ginés.
El Sr Alcalde Mayor hizo presente a esta Ciudad como, sin embargo de yr camino de la Ciudad de Murzia una porzion de trigo para que la traigan echa arina, con la nobedad de aver entrado en la noche pasada las siete Galeras de España se alla en suma estreches; pues abiendo despachado ministro para que los molineros no moliesen otro trigo que el de el Almodin (s) donde se traxena la arina que produxesen, por la gran calma no an traido alguna. Y aunque en dhª noche su Merced a bisitado las casas de los panaderos por si en ellas se encontraba alguna arina que pudiese socorrer este publico, junto con la escasa porzion de zinquenta @s que solamente ay en dhº Almodi, no a encontrado mas que la que tenian para amasar en el dia de oy; por lo que se haze forzoso, en tanto que se traen las arinas de la Ciudad de Murzia, aber de pedir prestada la que baste al publico abasto de esta Ciudad y sus vezinos.
Entendido por esta Ciudad la proposizion del Sr Alcalde Maior: Y respecto de que ya se alla en camino de los molinos de Murzia porzion de trigo que redima la falta de los de esta ribera por la falta de vientos, deseando que en el ynterin que buelve dhº trigo echo arina, (que considera no pueda ser asta despues de mañana), no falte esta probiencia para la panaderia abiendo tan cortisima porzion en su repuesta, ynmediatamente se busque del probeedor desta guarnizion, factor de las Galeras u otras personas en quien se encuentre la porzion de arinas nezesaria asta que llegue la que se a de conduzir de los molinos de Murzia, o los de esta ribera (corriendo aires), den la sufiziente. Que para que no se extravie la que puedan moler, se ymbie ministro con aperzibimiento de graves penas.

Molinos de Cartagena

Cartagena, 10 de abril de 1723
En el perfil de la Ciudad de Cartagena siempre ha predominado la figura de un molino. Ello viene por la fuerte necesidad que ha tenido de harina, tanto para sus habitantes, como para los militares y marinos que frecuentaban sus instalaciones, sin olvidar los cientos, a veces miles, de prisioneros del penal. La actividad de esos molinos de viento era frenética, puesto que para obtener cantidades enormes de harina, precisaban trabajar desde el amanecer aprovechando la más leve brisa. Los periodos de calma suponían un desbarajuste tremendo en los precios, puesto que el trigo era llevado a lugares lejanos como Murcia o Lorca, con el consiguiente coste de arrieros y carretas.
Algunos propietarios de molinos están procediendo a su recuperación.
Se puede observar como el signo @ era muy utilizado en los ambientes comerciales y que el “seseo” cartagenero se practicaba tanto en el habla como en la ortografía escrita.   
La Ciudad dixo que segun la quenta dada por el Sr Dn Ysidoro Mrz, Patron del Posito, del costo, pezo (s) y gastos de las 400 fanegas de trigo que Dn Pedro Martel a puesto en el Almodi, y que segun la relazion que haze el fiel corresponde cada @ a 10 Rls Vn.
Y abiendo dado quenta en este Ayuntamiento el Sr Dn Francº Jabier Garsia Campero, fiel executor, aver echo cala y cata de una @ de arina de dhº trigo y aver dado 32 libras y media de pan, que redusidas a 22 onzas a cada ogasa de a 4 quartos, corresponde el ymporte de los 10 Rls del valor de la @ de arina que da en venefizio del panadero 9 quartos por su travaxo. En cuia ynteligenzia de todo, la Ciudad Acuerda que el Cavallero Patron del Posito haga que el fiel del Almodi de a los panaderos la arina a los 10 Rls, y a estos los obligue el Sr Dn Francº Jabier, fiel executor en este presente mes, venda cada ogasa de a 22 onzas a presio de 4 quartos. Y respecto a que en la relazion de gastos y desperdizion del trigo referido se carga 2 libras por fanega que se vaxan por la perdida de garbillo, lo que pareze execzibo (s) por estar ynformada ser dhº trigo limpio y que vastara la revaxa de 1 libra, por lo que suplica al Sr Dn Ysidoro Mrz arregle a los molineros a este respeto y no al de las 2 libras, y que Fernando Escribá, fiel del dhº Almodi, no se les abone a dhºs molineros mas de la dhª libra.