Autos Sacramentales de Navidad

Auto de Reyes. Patiño, Murcia enero de 2015
Auto de Reyes. Patiño, Murcia enero de 2015
Murcia, 16 de diciembre de 1738
Entre 1730 y 1740 las compañías de teatro que actuaron en la Casa de Comedias de la puerta del Toro ofrecieron numerosos espectáculos en los que abundaban los “efectos especiales”. Con motivo de la proximidad de las fechas navideñas, a veces se ponía en escena algún asunto de carácter bíblico, bajo el formato de “Auto Sacramental”, siguiendo el estilo de los textos de Calderón de La Barca y de otros escritores de los siglos anteriores. Sin embargo, no se han encontrado apenas testimonios de alegorías y simulacros de la Epifanía o Adoración de los Reyes.
Viose memorial de Balthasar Garcia, autor de la Compañia que se halla representando, en que manifiesta tiene dispuestas para estas proximas Pasquas las comedias de “Sta Rita por Maria Ejipciaca”, “El Diablo Predicador” y “La Magdalena de Roma”, todas ellas con las tramoyas que les corresponde, de que se ocasiona crecido gasto, y para sanearlo concluye pidiendo que en las entradas se haumente (s) lo que la Ciudad tubiese por combeniente, dando al mismo tiempo la providencia que corresponde para que el crecido numero de personas que entran sin pagar lo executen no teniendo regalia que los exima.
Y la Ziudad, haviendolo oydo, tratado y conferido, Acordó que en dhªs comedias se haumente (s) la entrada de dos quartos por persona, prezediendo que el Sr Marques de Beniel, Rexidor Comisario, se actue de las tramoyas que cada una tiene y disponiendo que el tramoyista cumpla con su obligacion en la mayor desencia de ellas, sin permitir falte ninguna de las que les corresponde. Y por lo que mira a las personas que entran sin pagar, dhº Sr practique la diligencia que lleba entendido guardandose el estilo.

 

Cultura (de lo) popular.- II

La cultura (de lo) popular – II

Uno de los recursos más utilizados en los últimos tiempos para justificar una acción “cultural” ha sido proceder al mecanismo de la deformación mediante la exageración de su demanda, creando calificaciones falsas en cuanto a la identidad del evento que potencian sólo una parte del origen de esa demanda, las características de la acción a realizar y los motivos, populares, tradicionales o similares para ello.

En esta línea, en numerosas pedanías ciertos eventos, sobre todo de carácter religioso, se han convertido en “culturales” por el buscado entronque con unas señas de identidad (las presuntas tradiciones) mal interpretadas o justificadas por una demanda exagerada por parte del “pueblo”

Los avatares de los tiempos han hecho que los actuales pobladores de la Región de Murcia carezcan de señas de identidad arraigadas a través de los siglos, como puede suceder en otras partes. Migraciones de salida y de entrada de gentes, por motivos económicos o políticos, son algunas de las razones que han generado esta realidad. Los primeros “folkloristas” de finales del siglo XIX ya acusaban la perdida de numerosas manifestaciones consideradas como de raíz por la continua marcha de campesinos y obreros a América y el consiguiente abandono del mundo rural.

Absurdas luchas entre las ciudades de Murcia y Albacete por la obtención de la capitalidad de la reciente creada región, propiciaron una presunta recuperación de los bailes y cantos antiguos mediante concursos casi zarzuelescos. Esto, junto con el movimiento de regeneración surgido con motivo de los desastres militares y políticos de Cuba y Filipinas no hizo más que recrear formas de vida presuntamente “tradicional”, al que se unió el clero con un fuerte apartato propagandístico.

Por entonces el porcentaje de analfabestismo era extremo, llegando al 90 % en algunos lugares donde ni siquiera los miembros más representativos apenas sabían leer y escribir. Sólo lo hacían unos pocos entre los que se contaban los maestros locales, los párrocos y algún apoderado de los terratenientes.

al dorso de esta foto de la colección de un vecino del Barrio del Cármen, se leía "consumero. 1920"
al dorso de esta foto de la colección de un vecino del Barrio del Cármen, se leía “consumero. 1920”

El sistema de producción agraria mantenía las viejas formas de arrendamiento y aparcería de siglos anteriores, y la división entre el mundo rural y urbano se había acentuado por la imposición de fielatos de consumo. Se trataba de pasos obligados en las entradas de las poblaciones para todo aquel que llevaba algo para vender, por lo que estaba obligado a pagar una especie de “portazgo”. Estos pasos estaban controlados por los llamados “consumeros”, que ejercían su misión a veces con escandalosos excesos y abusos.

Sin embargo, era necesario ensalzar esa vida campesina, quizá por añoranza de los orígenes de muchos comerciantes, terratenientes y profesionales de la Ciudad. Estos, o sus antepasados habían vivido en un ambiente con rituales festivos centrados en el encuentro y la diversión, al amparo de advocaciones y patronazgos religiosos surgidos en los últimos dos siglos. Surgieron las fiestas patronales oficiales en pedanías y caseríos recordando los antíguos encuentros festivos en torno a las viejas ermitas. Durante esos días, el que no estaba apremiado por las tandas de riego o las obligaciones de siembra o cosecha, se divertía. A los actos religiosos acudían unos pocos, aunque algunas sonoras crónicas relatasen otra cosa, siendo el centro de atracción los recintos de baile, los juegos y las primeras atracciones. Los propietarios con sus familias e invitados solían presenciarlos, quienes después calificaban aquello de gran “fiesta popular”.

Las caserías se convirtieron en diputaciones, hoy pedanías. El paso del tiempo apenas ha variado las formas de vida en algunas de ellas. Todo depende de la ciudad, salvo en la sanidad y en la enseñanza si acaso. El ocio ha evolucionado, pero las actividades oficiales durante las fiestas se han reducido en muchas a los ritos religiosos, justificándolos por la fuerte demanda de muchos de los pobladores del lugar, por la “gran tradición” del culto al santo o vírgen local, y por la gran afluencia de asistentes que llegan de otros lugares.

Muchos de esos lugares tienen censados entre 10.000 y 40.000 habitantes, y toda la gestión y la actividad social y cultural de esas pedanías es gestionada por un grupo de personas lideradas por un Alcalde Pedáneo, que es nombrado (no elegido) por el Alcalde elegido en la Ciudad. Así, según el unico criterio de estas personas, que en algunos casos están en el límite del absolutismo, se han fomentado ciertas actividades “oficiales” en detrimento de tradiciones, festejos y juegos que formaban parte de la raíz de esta tierra, todo ello siguiendo el criterio planteado más arriba.

Hoy mismo tienen lugar varias procesiones que carecen de tradición ni razón justificada.

La noria de Felices

Javalí Viejo.- 22 de enero de 1774
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La noria de Felices, desaparecida con el beneplácito del Consejo de Hombres Buenos, fue de alguna manera un símbolo. Su construcción se llevó a cabo por la colaboración que prestó la casa del Marquesado de Villar a la recuperación del azud de la Contraparada después de la triste inundación de San Calixto, a mediados del siglo XVII. Se han documentado cerca de ochenta artefactos similares en las acequias de la Huerta de Murcia. Desaparecieron por la llegada de las nuevas fuentes de energía como el vapor, el gas pesado y la electricidad.
Viose memorial de Dn Joaquin de Toledo y Albarado, Marques del Villar y vezino de esta Ciudad, en que dize que Dn Martin Felizes Ladron de Guevara le conzesio lizencia para que por devajo del primer escorredor de la Azequia mayor de Aljufia sacase hijuela con que regase la hazienda que tenia en el azud por medio de una ñora que habia de fabricar en los terminos que comprehende la copia de escriptura que exive, y mediante a ser el referido Dn Joaquin actual posehedor de dhª Hazienda y no poderse fazilitar el riego por otra parte por los motivos y razones que expone concluye suplicando a este Ayuntamiento se sirva dar las disposiziones combenientes para que se saque dhª hijuela por la misma azequia colocando la ñora en otro sitio mas avajo, donde sin quebranto alguno de terzero tome el agua prezisa conforme a dhª lizencia.

Las pedanías: Pequeña historia

Pedanías de Murcia. (Del Libro: Historias de los Lugares).
41108Desde mediados del siglo XVII, el Concejo de Murcia quedó como único propietario de todo el territorio comprendido en sus límites [1]. Para poder administrar esos lugares, se procedió a una primera división administrativa en Partidos o Diputaciones (hoy pedanías), pero conservando el derecho y la propiedad sobre los terrenos, que eran llamados “realengos”, por su antigua pertenencia.
El término “Diputación” se aplicaba para la administración del espacio físico habitado a su cargo, ya que sólo se aplicaba el término “Pedanía”, y más concretamente a su gestión “Alcalde Pedáneo” a Fuente Álamo y a su dirigente. El resto resultaba ambiguo, puesto que en realidad se trataba de tres tipos diferentes de espacios:
1º.- Pequeña población o agrupación de edificios con calles y plazas, incluido su entorno geográfico y fiscal, de origen muy antiguo en algunos casos, donde tiene lugar la vida cotidiana de forma casi similar a la de la Ciudad.
2º.- Agrupación diseminada de edificios destinados a vivienda pero también a actividades industriales como la seda (las primeras barracas huertanas), más o menos surtida de unos escasos servicios fiscales, alimenticios y similares. Surgen a partir de la presencia inicial de una ermita, un estanco, una balsa o pozo para ganado o una venta. En el caso de estas últimas, suelen generarse en cruces de caminos o emplazamientos estratégicos por las distancias que obligaban al cambio o descanso de las caballerías.
3º.- Espacio geográfico indefinido delimitado por mojones o hitos, en los que bien predomina una actividad agrícola o industrial (alfarería en Guadalupe y Espinardo. Cal en Sucina – Balsicas), o se trata de un lugar estratégico como un paso tradicional de ganado o un Camino Real. La población, si existía, solía estar dispersa en pequeños cortijos o casas aisladas, cuyos propietarios iban aumentando los edificios conforme crece el núcleo familiar. Algunos ejemplos son:
Avileses (Los Avilés)                                      Familia
Casas de Saavedra (Santo Ángel)                Señorío
Lo (de) Ferro                                                  Familia
Gea y Truyol                                                  Familia
Gerónimos (Sucina)                                       Convento
Jimenado                                                        Venta
Lo Jurado                                                       Familia
Pacheco                                                         Familia
Los Ramos                                                     Familia
Roldán                                                            Familia
Cabezo de (los) Torres                                   Familia
Zarandona                                                      Familia
            Estos espacios, principalmente los dos últimos, venían siendo definidos como Pago, Partido, etc., en función de su utilidad o su rentabilidad: Pero resultaban confusos y difíciles de controlar en muchos aspectos. Era evidente que ahí vivían y trabajaban personas que hacían que los terrenos fuesen “rentables”, es decir susceptibles de generar impuestos. Por lo tanto se les debía garantizar unos servicios, que si no podían ser los mismos que en la urbe, tenían que garantizar a sus moradores un mínimo de calidad de vida. Muchas de estas diputaciones carecían de servicios religiosos, ya que la distribución del territorio en parroquias se hizo en función, entre otros, del número de “almas”. Sus habitantes debían desplazarse a las ermitas o conventos cercanos para las misas y demás o bien acudir a las capillas insertas en las haciendas de los terratenientes. Las numerosas Cofradías y Hermandades del Rosario y de las Ánimas suplían ciertos actos religiosos.
(continuará).
[1] Al parecer, esto ocurrió en torno a 1646, mediante un pago de 6000 Ducados de la época a la Corona.