La Contraparada de Murcia

Sobre azudes y  presas: La Contraparada de la Huerta de Murcia
Desde hace unas semanas se viene denunciando, incluso ante estamentos judiciales, el deterioro experimentado por el azud mayor de la Huerta de Murcia conocido localmente como “La Contraparada”. Habiendo procedido a una inspección ocular, hemos podido comprobar el estado de la cuestión. Ya que nuestros conocimientos resultan un tanto limitados, hemos cotejado opiniones con arqueólogos e ingenieros, quienes nos han aclarado el posible origen del daño causado.
Se hace preciso aclarar que, según nuestras fuentes, el azud mayor de la Huerta de Murcia es uno de los más importantes de España en su género ya que sigue cumpliendo su misión de distribuir el agua a miles de hectáreas del territorio tanto murciano como alicantino.
A lo largo de la geografía española se pueden encontrar azudes o pequeñas presas que ilustran de forma sencilla la razón de estas construcciones. Se trata de derivar parte de las aguas de un curso fluvial hacia un canal o acequia con diversas finalidades: riegos, impulso a artefactos, ingenios, Etc.
La tipología de estas presas varía en función de varios condicionantes como son la anchura y profundidad del curso matriz o la cantidad de agua precisa. Dependiendo de estos datos, la construcción deberá hacerse de la forma más sólida posible.
El tipo más sencillo consiste en la colocación de unas estacas en el cauce que son entrelazadas por troncos y broza. Es muy abundante en los pequeños cursos fluviales del norte de España, según hemos comprobado en viajes por Aragón, el País Vasco y Galicia. Su función es dotar de agua a pequeños huertos cercanos. Al existir en las inmediaciones una abundante vegetación, resulta sencillo reemplazar los elementos dañados.
A lo largo de los siglos se desarrollaron varias técnicas para la construcción de azudes de mayor envergadura. En unos casos se procedía a la construcción de muros de argamasa o de piezas de cantería y sillería cuya base descansaba sobre el mismo cauce, partiendo de una limitada profundad. En otros, se procedía a la construcción de todo un entramado de carpintería sujetado al suelo mediante una cuadricula de sólidos troncos. El espacio interior se rellenaba con cascote, broza y atochada.
Los dos procedimientos resultaban eficaces en un principio, pero al que no quedar totalmente cerrados, con el paso del tiempo se iban generando pequeñas filtraciones que afectaban al interior del edificio. Su falta de mantenimiento o conservación fue motivo en parte de su destrucción parcial o total a causa de las fuertes avenidas.
En el caso del azud de Murcia, a pesar de las importantes obras de reconstrucción llevadas a cabo durante los siglos XVI al XIX, nunca se procedió a una remodelación total del edificio, actuando de forma parcial sobre la plana externa o en los laterales, alterando la estacada original o, recientemente cubriéndola con una losa de cemento.
Según nuestras observaciones los daños visibles con rotura y desmonte de varias piezas de sillería han sido producidos en el interior del edificio y generados por bolsas o pozos, que al rebosar por el ímpetu de las recientes crecidas, han motivado una pequeña explosión de esos depósitos.

 

La Noria del Villar en Ulea…. y otras cosas.

ulea1En las últimas semanas, los medios han venido dando la crónica del proceso de degradación que está experimentando la noria del Villar del pequeño municipio de Ulea, emplazada en el corazón del Valle de Ricote.
ulea2Puedo presumir de conocer los riegos tradicionales de ese Lugar, por haber recorrido muchas veces el curso de la acequia mayor que discurre a lo largo de su huerta. Los papeles viejos cuentan que allí hubo al menos seis norias. Yo he visto dos artefactos, y el asentamiento de un tercero. Se supone que siguiendo el río, pocos metros más abajo del Salto de La Novia, paraje que marca los límites entre la huerta de Ojós y las de Ulea y Villanueva, hubo un artefacto que dotaba de agua la fuente o pilón, el lavadero y algún abrevadero de la Villa.
El Valle de Ricote atesora un sin fin de asentamientos de elementos vinculados a la cultura del agua, construidos muchos de ellos hace lo menos 300 0 400 años (azudes, acequias, lavaderos, abrevaderos, pilones y fuentes, molinos, y sobre todo artefactos elevadores de aguas: norias, aceñas y contraceñas). De estos últimos tenemos referencias documentales que generan un censo enorme: más de 100 artefactos.
Si se buscasen las raíces originarias de la sociedad murciana, se haría inevitable desembocar en esa cultura del agua.
Se ha venido hablando mucho de la influencia de la sociedad morisca que vivió en ese territorio, hablando de su filosofía, de sus personajes y de sus tristes destinos. Pocos se han acercado a la realidad cotidiana y en el mantenimiento de las normas del agua que habían heredado de ancestros venidos de Siria y de Egipto. Da igual. El caso es que la mayoría del paisaje que hoy existe en esos terrenos fue construido y mantenido por ellos.
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Desde hace yá muchos años hemos venido colaborando, de cerca o de lejos, en la restauración de los artefactos elevadores de agua, sobre todo norias. Como se ha dicho, los asentamientos de los artefactos están a lo largo de los cerca de 30 kilómetros del Valle. Pero la mayoría fueron construidos en las huertas, alejados, por lo tanto, de los núcleos urbanos.
Una animada ilusión que tienen muchos responsables municipales o regionales es la recuperación de esos elementos con un entusiasmo, sincero unos y oportunista otros. Para ello se ha procedido a todo el protocolo (habilitación de fondos, contrato de especialistas y constructores, acopio de materiales, etc.) y se ha restaurado el elemento.
Sin embargo, el mayor problema que presenta la mayoría de todos esos artefactos, es que están ubicados fuera de los territorios urbanos, en las huertas o en los montes cercanos. Y una vez que se ha cumplido con el ritual de la inauguración quedan suspensos su conservación y mantenimiento.
asentamiento que muestra la existencia de dos norias

asentamiento que muestra la existencia de dos norias

Los problemas pueden ser los siguientes:
1º.- Si el artefacto restaurado se encuentra en un cauce de aguas destinadas para el riego, debería contar con el acuerdo de la agrupación local de regantes, que suele ser agena a la gestión municipal.
2º.- Si el artefacto está emplazado en terrenos de particulares, debe procederse a un acuerdo con estos, para evitar apropiaciones una vez comprobada la buena ejecución de la restauración.
3º.- Sobretodo y antes de proceder a la ejecución del proyecto debe quedar en la Secretaría del organismo municipal concernido un documento que recoja el protocolo de mantenimiento y conservación del artefacto, para “que en todo tiempo conste” y evitar desconocimiento en caso de tener que volver a intervenir en él.
Este documento debe incluir el emplazamiento rural del artefacto y de las dificultades que pueden surgir por esa lejanía. La mayoría de los Municipios en donde se encuentran los enclaves de las norias y de las aceñas disponen de un presupuesto muy corto para cumplir con todas sus obligaciones, y a pesar de haber participado otros organismos y entidades en su recuperación, ese compromiso suele acabarse al quedar “inaugurada” la noria en cuestión. Lo que desemboca en la imposibilidad de atender su mantenimiento, y por lo tanto, dar paso al progresivo deterioro de la misma.
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ojos1bnComo se ha dicho, en el Valle de Ricote muchos asentamientos de vestigios de la cultura del agua están en las huertas o en los montes, lejos de las aglomeraciones urbanas. Y por lo tanto para las autoridades locales resulta casi imposible vigilarlos por la escasa nómina de agentes de que disponen, cuando a veces es casi imposible controlar los daños que sufren los “bienes culturales” emplazados en los mismos cascos urbanos. Es una constante en la sociedad actual, comprobar como, tanto las tribus grafiteras u otras, incluyen en sus ritos la destrucción de los elementos más representativos de la vida tradicional, unos con las pintadas, otros abandonando basuras en el recinto de ellos, y otros presenciando indiferentes esa degradación
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Siempre que he participado en la recuperación de elementos de la vida tradicional, he insistido en la prevención de normas y provisión de caudales para su mantenimiento y conservación.
Unas veces me han escuchado otras no…

ojos1

Aceñas en la huerta

30 de junio de 1739
160630 1Según los sondeos que hemos realizado, en las acequias de la huerta de Murcia llegaron a funcionar más de doscientos artefactos elevadores de agua para riego, sin contar molinos y ruedas para tornos de máquinas de torcer seda. Muchos de estos artefactos se construyeron sin permiso de la autoridad competente, ya que el enorme espacio físico de la huerta, (cuarenta kilómetros de largo por doce de ancho) sólo era vigilado por dos personas, los sobre acequieros, que debían controlar el reparto del agua (las tandas), la limpia en marzo y abril (la monda), y las construcciones o aberturas de nuevos canales de riego. Además, buena parte de los heredados (propietarios de las tierras) pertenecían a la iglesia o a comunidades religiosas, cuando no eran algunos señoríos como el Marquesado de Beniel.
aceña en Egipto

aceña en Egipto

La Aceña era el artefacto más frecuente, y se instaló abundantemente en los campos. Su origen se remonta a tiempos remotos, probablemente en territorios árabes, aunque se han documentado en países asiáticos.
El Sr Marques de Beniel, Rxºr y Comisario de la zequia Mayor de las Barreras, dixo que en virtud de la que se le confirio en Cavildo de diez de Marzo de este año sobre la pretension de Matheo Thomas, vecino de la Alcantarilla, pidiendo se le conzediese lizencia para construir una zeña para thomar agua de dhª zequia mayor a fin de dar riego a nuebe thaullas que posee en la Jurisdicczion de dhª Villa, por estar imposibilitado la de su dotacion en la Zequia de la Dava mediante haberse lebantado dhªs tierras y por las havenidas del Rio de Sangonera, pasó al examen y reconocimiento desta pretensión.
Y ha encontrado ser cierto estar de secano dhªs tierras y no poderseles dar su riego con zeña de dhª zequia de la Dava y si de la referida de las Barreras por los motibos expresados en el memorial de esta parte, y que dejando a beneficio de dhª zequia mayor el agua que tenia de su dotazion en la de la Dava, la que se introduze en la antezedente, no encuentra perjuicio en que se le conzeda dhª gracia por ser conforme a la que en el año pasado de proximo se le hizo a Dn Salvador Perez, Presvitero, por padezer sus tierras el mismo impedimento que las de esta parte, a las que estan contiguas.
Que no obstante que con el transcurso del tiempo se suelen borrar dhªs zircunstancias y en su contrabenzion resultan algunos perjuicios dignos del mayor reparo, para obiarlos combendra el que esta Ziudad acuerde que los juezes sobreazequieros traigan individual razon de todas las zeñas que se hallen en ambos lados de la huerta con separacion de las de cada heredamiento, las thaullas que riegan, los dias y oras de su consignación; y fhº, que se forme un libro en donde se anoten los titulos de la pertenencia de cada una, el qual se protocole en el Archibo donde se tenga presente, y que tambien se anoten las que nuebamente se conzediesen y que dhºs juezes de aguas zelen el gobierno de dhªs zeñas y en su contrabenzion puedan hazer las denunciaciones correspondientes. De todo lo qual da quenta para que en su intelijenzia resuelva la Ziudad lo que le pareziere combeniente.

 

Riegos de Mula

Mula. 29 de junio de 1797
160629La huerta de Mula funciona, desde hace siglos, gracias a la construcción y conservación de la acequia mayor. Esa gestión, a diferencia de otras huertas levantinas que conservan la tradición árabe, se hacía mediante el reparto de agua, adjudicándola a quienes la necesitasen abonando un canon. Esto se debe a que por diversas causas, fue preciso reconstruir la vieja acequia por parte de un grupo de propietarios, ajenos a la gestión concejil.
En el siglo XVIII este reparto se hacía en las puertas del Ayuntamiento, originándose algunas cuestiones, por la disconformidad de las partes. Así, era habitual que los regidores apelasen a la moderación y tranquilidad durante ese ritual.
Teniendo por conveniente que el concierto de las aguas de esta Villa que diariamente se haze en la entrada de estas Casas Consistoriales se execute con el devido arreglo, presidido este Acto de la autoridad correspondiente, conforme a las ordenanzas que lo gobiernan: Dixeron que devian de acordar y acordaron asista y presida diariamente al explicado Acto el referido Señor Rexidor Decano, por quien se execute con toda quietud, tranquilidad, moderacion y arreglo, y que en los casos de gravedad que ocurriesen se de cuenta a su Merzed, dhº Sr Rexente, para que se adapten (s) las devidas providencias mediante a que las ocupaciones del Juzgado no permiten la diaria asistencia al explicado concierto; y en ausencia o impedimento del dhº Señor Rexidor Decano, lo sostituia el dhº Sr Diputado Dn Felipe Sanchez, a quienes para el efecto sus Merzedes confieren su comision en forma.

 

Consejo de Hombres Buenos. Apuntes.- 1

La huerta en tiempos de los árabes
Notas del informe preparatorio para la candidatura del Consejo de Hombres Buenos como Patrimonio de la Humanidad. M. Muñoz Zielinski.
“El rio de Tudmir posee norias que riegan las huertas de este territorio. El comienzo de la acequia que parte del río está en Quarta Askaba (Alcantarilla) y alcanza las propiedades de los habitantes de la ciudad de Mursiya (Murcia), hasta el limite de la alquería de Taws (Cox?), que es una de las alquerías de la ciudad de Orihuela”. Al Udri [1]
El origen de la huerta de Murcia viene resultando de origen discutido. Es presumible que en torno a los conocidos asentamientos antiguos tanto de la Costera Norte (Monteagudo), como en los de la Costera Sur, (Verdolay, La Alberca, Algezares, etc.), se desarrollase una cierta actividad agrícola a partir bien del agua obtenida de las fuentes cercanas, bien a partir de ciertas estructuras como presas y pequeñas acequias (Garruchal), o bien a partir de primitivas acequias (antigua Alcantarilla).
Aunque se viene aportando una abundante información sobre la época pre islámica (prehistórica, ibérica, fenicia, romana, etc.), de diversas comarcas y localidades de la Región, apenas se ha avanzado en la documentación histórica del espacio geográfico que cubre hoy en día la huerta de Murcia, lo cual nos lleva a especulaciones sobre su configuración: fecha de construcción de la contraparada y de las acequias mayores, aplicación y desarrollo de los cultivos, implantación de la “Xaria” o del sistema legal de origen mahometano.
La propia leyenda de la fundación de la ciudad nos habla de una rica huerta en donde se cultivaba la viña, planta que precisa de ciertos cuidados agrícolas.
La ciudad de Ello estaba poblada por yamanitas y mudaditas. Uno de los yamanitas había sacado del río de Lorca un cántaro de agua y había cogido una hoja de viña para tapar la boca. El mudadita encontró inadmisible este gesto y declaró que el otro había cortado hojas de su viña con el único propósito de despreciarlo. Las cosas emporcaron hasta tal punto que estalló la guerra entre los dos clanes, que lanzaron tropas uno contra otro y tuvieron un violento combate [2].
Sobre este tema, Gaspar Remiro esgrime otros argumentos más científicos:
La antipatía nacional entre yemeníes y modaríes, que produjo en España luchas de carácter general se localizó en varias provincias, especialmente en Todmir, donde entre los de uno y otro bando corrió la sangre en abundancia por espacio de siete años, a despecho de la autoridad del emir, a quien costó un poco trabajo reducir dicha región a su obediencia [3].
Costumbres, normas y leyes árabes en materia de reparto de aguas
“No es sino por inducción como podemos formar juicio de la organización que tuvo nuestro regadío, en tiempo de moros. Parece que debió haber un magistrado supremo y que pudo llamarse (Çahib – as – sequiya), un nombre árabe que corresponde al de sobreaçequiero que usa, traduciendo aquel quizás, la carta del Rey Sabio de 10 de julio de la era 1314” [4].
Las más recientes investigaciones [5] inciden en la vigencia, en la sociedad árabe de Al’Andalus, de un “consejo de ancianos” o de” expertos” en cuestiones de riegos, que estaría encabezada por el mencionado Cadi, y reseñado por Díaz Cassou como “Çahib-al-Saquiya” [6]. Al mismo tiempo, se viene insistiendo en que y tal y como queda plasmado en el documento trascrito más arriba, se mantenía un orden más o menos jurídico con respecto a los riegos y a la distribución del agua, que sería una aplicación directa de ciertas reglas del Corán y de la “Shar’ia”. El documento valenciano despeja cualquier tipo de duda sobre la existencia de una organización en torno a la gestión del agua, tanto en su cantidad como en el cuidado de las acequias al menos en los últimos años del dominio económico árabe en el levante español.
El profesor R. de Seine explica:
“Up until the end of the seventh century A. D. and well into the eighth, the Islamic state did not possess a formal legal system of anything resembling a code of laws. All there was, was an ad hoc system of legal administration. Court decisions were made on a pragmatic basis, and cases were judged on their merits, without reeference to any formal body of laws”  [7].
Sin embargo, parece ser que la ley islámica incide, en numerosos apartados, en todos los aspectos que pueda afectar a la comunidad, sea esta local, regional o estatal. Así, el profesor R. de Steine comenta:
“In the Islamic social order, apart from the voluntary help provided by individuals, the state guarantees the basic necessities of life to all” [8] .
Vidal Castro aporta una gran información al respecto:
“Las fuentes del derecho musulmán no recogen una teoría general sobre las aguas o una descripción de su régimen jurídico” [9].
El mismo autor aporta una información decisiva sobre la cuestión:
“El origen de la legislación sobre aguas está en la Zuna…/… Una tendencia a la equidad en el uso y reparto del agua. El Profeta recomienda, indirectamente, la creación, como obras pías, de fuentes y pozos públicos. Imponen el orden de riego de las tierras en dirección descendente, de las altas a las bajas, con la limitación de que en las primeras la cantidad de líquido utilizado no debe superar la altura de los tobillos. Prohibe que se responsabilice de los accidentes en los pozos a sus propietarios. Rebaja los impuestos a la mitad del diezmo Para las tierras que deben ser regadas artificialmente mediante extracción de agua, frente a las que se rieguen naturalmente por las lluvias, fuentes o canales, que pagarán el diezmo completo” [10].
Con respecto a un sistema más o menos mancomunado de regadíos, Vidal Castro aclara:
“Las aguas de los ríos son de tres tipos: las de los grandes ríos caudalosos, pequeños ríos y canales artificiales.
 Los canales artificiales, construidos para vivificar tierras muertas, son propiedad común del grupo de hombres que los construyó y ninguno de ellos puede convertirlo en o considerarlo de su propiedad privada. Cuando su caudal no es muy abundante ni suficiente para satisfacer todas las necesidades, el canal pertenece a los propietarios de las tierras que los construyeron y nadie más puede tomar de su agua  o derivar un brazal, azacaya, caz, etc. Tampoco pueden los propietarios ribereños hacer un puente o captar para mover un molino sin el consentimiento de los demás asociados. En definitiva, ninguno de los copropietarios puede disponer de él a título individual. El uso y reparto del agua se puede hacer sólo de tres maneras:
primero, por turnos, (de días si son pocos, de horas, si son muchos). El orden se establecerá por sorteo en caso de desacuerdo;
segundo, por cantidad. Distribución mediante una tabla de madera, colocada en la salida del canal, a lo ancho, y de una ribera a otra; dicha tabla lleva una serie de aberturas que dejan pasar la cantidad de agua correspondiente a cada regante, por ejemplo, un quinto o un décimo del caudal. En caso de que el número de regantes sea mayor al de aberturas que razonablemente se puedan practicar, se establecerán también turnos para la utilización de cada una de las porciones.
tercero, por tomas individuales. Cada uno sitúa una toma de agua a la altura de su finca. Esta toma será calculada y fijada de común acuerdo o con arreglo a la superficie de la finca.
No se puede modificar el enclave de la toma poniéndola más arriba o más abajo” [11].   
Aunque no se menciona la problemática creada por la inserción de aparatos elevadores en lo cauces de las acequias, en el párrafo anterior se encuentra resumida básicamente toda la legislación que sobre la administración de las acequias se encuentra contenida en cualquiera de las ordenanzas que, desde los tiempos de Alfonso X, vienen rigiendo en las huertas murcianas. Debe reseñarse que en ningún momento se hace mención a los gastos derivados del mantenimiento del canal común o de la persona que pudiese intermediar entre varios regantes en caso de litigio. Pero estas normas aportan la información necesaria para explicar y justificar el criterio seguido por Alfonso X al llevar a cabo los sucesivos “repartimientos” de las huertas murcianas.
Las norias y artefactos elevadores en general, al parecer, tenían más importancia desde el punto de vista fiscal, puesto que su presencia suponía que las tierras a regar eran de peor calidad, puesto que:
“El agua también repercute en la fiscalidad territorial a través del impuesto sobre la tierra (“jaray”) de una forma directa e importante: se paga atendiendo a la producción y a su costo …/… El riego se divide en cuatro tipos según la siguiente clasificación:
1.- Riego por la mano del hombre y sin instrumentos.
2.- Por la mano del hombre y con la ayuda de instrumentos, generalmente, animales de tiro, y ruedas hidráulicas. Es método más dificultoso y caro.
3.- Por la meteorología. “… lo que riega el cielo con la lluvia, nieve y rocío”.
4.- Por la humedad del suelo y el agua que contiene la tierra permanentemente y que es absorbida directamente por las raíces de las plantas” [12].

El valor, en menor cuantía, aplicado a las tierras regadas por artefactos elevadores, se mantiene hasta la redacción de las ordenanzas del siglo XIX y del XX.

[1] Cristina Torres – Fontes Suárez: Viajes de extranjeros por el Reino de Murcia. T II, pg 332. Murcia 1996
[2] Al – Himyari, in Cr. Torres Fontes. Viajeros… Op. Cit. T II, pg 372.
[3] Mariano Gaspar Remiro: Historia de la Murcia Musulmana. Pag 64. Zaragoza 1905. Ed. Facsímil Murcia 1980.
[4] Díaz Cassou. “Ordenanzas…”. Op. Cit.
[5] Véase al respecto “El agua en el derecho islámico”. In A.A. V.V.: “El agua en la agricultura de Al – Andalus”. Madrid, 1995.
[6] Díaz Cassou. Op. Cit.
[7] “Hasta el final del siglo VII e incluso hasta el VIII, el estado islámico no poseía un sistema formal legal o cualquier cosa que pudiera parecerse a un código de leyes. Todo lo más que pudiera haber, era un sistema “ad hoc” de administración legal. Las decisiones “jurídicas” se hacían sobre una base pragmática, y los casos eran juzgados según sus circunstancias, sin ninguna referencia a cualquier cuerpo formal de leyes” (Trad. de M. M. Z.) In “The Shar’ia. An introduction of the law of Islam”. Pg 52. Rodolphe J. A. De Seife . Londres, 1994 .
[8] “En el orden social islámico, a parte del voluntariado aportado por los individuos, el estado garantiza las necesidades vitales básicas de todos”. R. de Seife. Op. Cit. Pg. 51.
Quizá debería aplicarse el concepto de la palabra “estado” a cualquier organización territorial, según se verá.
[9] F. Vidal Castro.- El agua en del derecho islámico. Introducción a sus orígenes, propiedad y uso”. Pg. 99. In “El agua en la agricultura de Al-Andalus”. Madrid. 1995.
[10] F. Vidal Castro.- El agua… Op.C it. Pg. 99.
[11] Vidal Castro. “El agua…”. Op. Cit. Pgs. 105,106.
[12] Vidal Castro. “El agua…”. Op. Cit. Pg.113.
[13] En este sentido el profesor Torres Fontes indica:
“Cuestión discutida y de difícil resolución es la referente al origen de la Contraparada, si fue obra de romanos o creación árabe. La carencia de restos arqueológicos fiables en una obra destruida y rehecha incontables veces en el transcurso de los siglos por las avenidas del Segura, imposibilita una respuesta concreta”. Torres Fontes: La Huerta de Murcia y su problemática: Contraparada y tiempo de riego (1485- 1525). Homenaje a J. Barceló. Murcia, 1990.
[14] Varios documentos árabes nos hablan de la calidad de los paños fabricados en Murcia.
[15] El tratado de Ibn Abdun..  Op. Cit..
[16] Tratado…  Op. Cit.
[17] “Parece que las principales medidas agrarias de los moros murcianos fueron la taduiyá ó soga, la albaá ó braza y los athanes o mitades de estas medidas; y en efecto Cascales, el antiguo historiador de Murcia, nos dice que los cristianos conquistadores de la ciudad, se repartieron la huerta por tafullas, alfabas y atanes (Disc. 2º cap. 10). Estas medidas tenían por bara ó el dara ó codo, que no fue el mismo en los diversos pueblos de que procedían los moros españoles, ni en los varios territorios agrícolas de nuestra Península, y por ello tiene diferente extensión superficial la tahulla en los diferentes pueblos del reino de Murcia y de las provincias de Almería y Alicante, donde se ha conservado dicha medida agraria. Ordenanzas de la Huerta de Murcia. Díaz Cassou. Madrid 1889.
[18] V. Giner Boira. El Tribunal de las Aguas de Valencia. Pgs 34 – 35. Valencia 1997
[19] AMM 1641.- Informe sobre Joseph Ayllon sobre las obras viejas y nuevas en los ríos Segura y Mundo.
[20] Ayuntamiento de LORCA. “La Paz de Murcia”, 29 de julio de 1859
[21] Díaz Cassou. Ordenanzas. Op. Cit. Pg 111
[22] Díaz Cassou. Ordenanzas. Op. Cit. Pg 112
[23]“Libro del agua”. Recopilación de Ordenanzas de la Ciudad de Murcia. S XIV?. fs 9- 10. Amm.
[24] Codom XX doc 137. 30 de julio de 1474.

Tornel y el agua de gracia

Sequía, julio de 1912
Uno puede pensar que las cosas que pasan en estos días son genuínas y que “antes” no ocurrían. Cuando llegaba el verano se hacía preciso dar un riego a las huertas que eran la fuente de vida de los pueblos y las ciudades y que se encontraban en un lamentable estado.
Al dividirse la administración terrotorial en Regiones y provincias y antes de crearse las Confederadiciones Hidráulicas de las cuencas, la gestión de las aguas se llevaba desde los Gobiernos Civiles. Un entendimiento, no siempre cordial, entre Murcia y Albacete solía desembocar en la autorización del llamado riego de gracia que se hacía a mediados del verano. Entonces funcionaba, aunque poco, el Consejo de Hombres Buenos.
Ayer acordó el Ayuntamiento pedir al gobernador de esta provincia que interese al de Albacete en ordenar a los pueblos ribereños que tienen toma en el Rio Segura, para que dejen correr el agua en un día señalado de modo que llegue en abundancia a esta Ciudad para sanear el rio y para que llegue a las colas de estas acequias. Lo mismo que se pide a aquel gobernador, hará este con los alcaldes de los pueblos de esta provincia.
El caso es conseguir lo que se llama “el agua de gracia” que se dedica, principalmente, al saneamiento, a la higiene y a las necesidades de la vida.
Todos los años, cuando los calores han producido sus efectos, hay que recurrir a pedir esta gracia para evitar muchos males.
Este año no será una vez sola la que se pida. Porque año más seco que este tal vez no se ha conozido. Se han apurado los algibes del campo. Han mermado los manantiales. En la misma huerta han bajado mucho las aguas de los pozos y en el caudal de las acequias se nota también una merma considerable.
El agua para el riego de los esquimos se la disputian en los veranos y más cuando son tan secos como el presente, palmo a palmo. Las mismas angustias pasa el huertano cuando lo que tiene plantado en la tierra le pide agua que cuando sus hijos le piden pan y no tiene que darles. De aquí los intentos de robar el agua, como se robaría el pan, y de aquí las peleas sangrientas que ocurren sobre las ventanas de las acequias.
Hasta ahora no ha habido este verano más que un caso sangriento con motivo de las cuestiones sobre riegos, pero ya se vienen celebrando ante el Consejo de Hombres Buenos muchos juicios pacíficos promovidos por usurpación de aguas.
Y es que sucede una cosa, que cuando hay agua en abudancia, todo se pasa por alto, hoy por ti y mañana por mí, pero en escaseando el líquido ya no hay padres para hijos. Además, en algunas acequias, por este comun arbitraje de regar cuando les parece a los partícipes, se ha olvidado el régimen de las tandas que todos los regantes y sus respectivos cauces tienen, y cuando el agua es deficiente y quieren que impere el derecho no saben cual es este y apelan a la fuerza. Como siempre que se desconoce un derecho.
Venga, pues, el agua de gracia a producir, por lo pronto, sus saludables efectos y a tranquilizar del mismo modo a los que temen ya que pueda faltarles el agua para sus pimentonares.
José Martínez Tornel