Epidemia de tercianas

Algezares, 29 de noviembre de 1746
161129“Una de las enfermedades más frecuentes en la sociedad rural del siglo XVIII era el paludismo, entendido como tercianas. Se generaba a partir del estancamiento de aguas en las acequias o lechos de ríos durante varias semanas. En esas charcas, debido a las generosas temperaturas, anidaban miles de mosquitos.”
Historias de Los Lugares. M. Muñoz Zielinski.
Viose memorial de los vecinos del Lugar de Los Algezares y vecinos inmediatos al Regueron, en que dicen que haviendo las continuas havenidas de aguas quasi enteramente cegado la caxa de dhº Regueron de forma que en muchas partes esta igual con el pavimento de las tierras y vancales (como es publico y notorio), en esta postura, por cortas que sean se quedan estancadas en los mas sitios de dhº Regueron y vancales inmediatos que tienen ondura por falta de salida, pues antes bien la que tenia dhº Regueron se reconoce mayor altura, como la experiencia lo acredita en el retroceso y regolfo que hacen dhªs aguas, originando por ello su corrupcion y por consiguiente muchas prolixas enfermedades de tercianas y quartanas. Cuyo primer daño estan sufriendo de mas de 3 años a esta parte, y aun el resto de muchos vecinos de la huerta hasta la poblacion desta Capital, como se acreditó por los ynformes y declaraciones de muchos medicos en el expresado tiempo quando hicieron igual recurso al Ayuntamiento de esta Ciudad.
Y que aunque por entonces se dieron algunas providencias para subenir (s) a estos daños, no fueron suficientes ni para el alivio de dhªs enfermedades, que actualmente subsisten y seran cada dia maiores si no se da la mas pronta eficaz providencia para la saldia de dhªs aguas, con lo demas que contiene.

 

 

Problemas entre médicos y sangradores

Murcia, 11 de noviembre de 1788
151111A finales del siglo XVIII, la sanidad en Murcia pasaba por serios problemas corporativos. Superadas las diferencias éticas de las normas de la iglesia y de las comunidades frente a los profesionales independientes, las rivalidades entre médicos y cirujanos por un lado, y los sangradores por otro, se agravaron por la abundancia de estos últimos, ya que por sus tarifas más asequibles eran muy solicitados por buena parte de los habitantes, sobre todo de los que vivían en pedanías y diputaciones alejadas de la ciudad.
Al margen de estos, en la huerta y en el campo estaban los numerosos curanderos y “saludadores”, pero esto es otra cuestión.
Viose el ynforme que da por escrito el Sr Dn Jph Tomas Montixo, Rxºr Comisario del Hospital a la instanzia de Antonio Meseguer, ofizial de sangrador, sobre no permitirsele practicar la ziruxia en aquel, que se le cometio en Cavildo de siete del proximo octubre. Y expone que segun resulta de las zerfiticaziones que exive de D Juan de Vila y Dn Tomas Mira, Ziruxanos mayores de dhº Hospital y demas que ha inquirido en el particular, deben ser admitidos por estos todos los practicantes de la facultad, y el haberse despedido al ynteresado por el Presidente y enfermero mayor es por quererse aborrogar facultades que no le corresponden, con lo demas que contiene dhº ynforme, del qual y dhªs zertificaziones se enteró a la Ciudad.
Y habiendolo oido y conferido, Acordó que el zitado Cavº Comisario tenga una conferenzia con el Pe Prior de Sn Juan de Dios, para que instruido del asunto, satisfaga a el y de su resulta de cuenta a este Ayuntamiento a fin de que con mayor conozimiento adapte las providenzias correpondientes.

 

Saludadores y médicos

Murcia, 5 de febrero de 1765
50205Había serios problemas en la administración de los servicios sanitarios. Los hospitales se encontraban en las Ciudades y Villas, pero la población que vivía en los caseríos dispersos recurría a otros métodos.
Los saludadores o curanderos suponían una pequeña solución. Estos personajes debían ser reconocidos por las autoridades sanitarias. Pero la aplicación de muchos remedios, con una farmacopea muy artesanal, en muchos casos se encontraba en los peligrosos límites de la brujería. El tratado de Gregorio López, que estuvo vigente hasta bien avanzado el siglo XVIII, es una buena muestra.
Tesoro de Medicinas de Gregorio López:
Frenesis:
Es fiebre con locura. La causa es apostema caliente engendrada en los paniculos del celebro de colera rubia pura, o ebolucion de sangre en el corazon.
– Poner higado, azafran y la orina del propio doliente mezclada, y beberlo por la mañana
– Rapar la cabeza y lavarla con leche o con vinagre aguado, y poner al enfermo en parte fresca y regada.
Para que duerma el frenetico untar la frente y las sienes con zumo de llanten y yerva mora, raer la mollera y no cubrir la caveza. Luego poner como escofia cera resinada embuelta con leche de muger.
Otra: Rapada la caveza, ponerle un perrillo o pollo o palomino o pulmon de puerco.
Otra : Untarle los ojos con mirra y estroque, o que beva simiente de alholvas con vino.
Otra: Untar frente y sienes con simiente de apio, de calavaza, lechuga y azucar, todo molido.
Otra: Untar la caveza con azeyte rosado, y ponerle una sanguijuela en la vena de la frente para que le sangre.
Otra: Comer migas de pan remojada en agua en lugar obscuro que no tenga delante pinturas.
Viose memorial de Ysidro Antonio Navarro y Martinez, vezino de la Villa de Carabaca, suplicando a este Ayuntamiento le conzeda lizenzia para usar de la grazia de saludador mediante hallarse habil para exerzerla.
Y habiendolo oydo, lo cometio al Cavallero Procurador General a fin de que se ynforme si esta o no examinado y tiene las lizenzias nezesarias, y encontrandose en el referido estas zircunstanzias le de la lizenzia que pretende.

La costa de levante

12 de noviembre de 1720
41112Las costas murcianas estaban casi desiertas. Apenas había algunos barracones para guardar los aperos de los pescadores. Estos, por temor a ser vistos por los piratas, estaban pintados con cal morena mezclada con almagra. Sólo con motivo de alguna amenaza global como una epidemia de peste bubónica, obligó a poner guardias en cada rincón susceptible de servir de desembarco fraudulento. Aquel año, se puso en marcha el protocolo y durante los meses siguientes guardas civiles y militares permanecieron en las calas y playas más aisladas de la costa.
El Sr Dn Pedro Rosique dijo que en birtud del acuerdo de esta Ciudad y comision que se le encargo, a pasado a reconozer la costa y marina de la parte de Lebante de esta Jurisdiczion, y a allado poner presente que desde el Puerto de Excombera (s) a la Cala del Gorguel ay 1 legua, y en ella no se puede desembarcar sino es en el paraxe que llaman Trapajicar, y en el con mucho travaxo. Le pareze que para ponerse guardias que se puedan comunicar (aunque no las considera muy presisas) abra bastantes con 4 hombres, no yncluyendose las que debe aber (y ay) en el dhº Puerto y cala.
Desde el Gorguel a Porman ay 3 quartos de legua, en cuia distansia ay una cala que nombran del Cavallo y Puerto del Porman, donde le parese que con 3 hombres se podran con los antezedentes, sin yncluirse las guardias de los puestos de dhºs desembarcaderos.
De Porman a Juncos ay 5 quartos de legua y dos calas que llaman la Tamaria (s: Atamaría) y la de El barco. Le pareze se nezesitan de 5 hombres para la comunicasion con las otras, sin yncluirse las de dhºs puestos.
Desde Juncos a Moscas ay media legua larga y es plaia, en lo que se yncluie la que llaman Calblanque, y le pareze se nezesita de 3 hombres, ademas de los que debe aber y estan en la playa;
Desde Moscas a la Torre del Cabo ay 3 quartos de legua y 3 calas que llaman Cala Redona, El Cargador y Cala Abellana, y le pareze nezesita de 4 hombres para la referida comunicasion, ademas de los de los puestos y calas;
Desde la Torre del Cabo a la de El Estazio, que es donde feneze la Marina de esta Jurisdiczion, ay 2 leguas largas y en ella la Cala de Calnegre; y para la comunicasion le pareze son nezesarios 6 hombres por ser todo plaia, ademas de las guardias que ay puestas por esta Ciudad en las dhªs calas
Todo lo qual pone en notizia de esta Ciudad, como tambien el que las distansias que dexa espresadas son por bia recta sin considerar las zircunfleziones (s) que haze la tierra y cabos que salen a la mar.

Vino nuevo

Murcia, 7 de noviembre de 1705
41107A partir de mediados de noviembre se ponía a la venta la cosecha de vino del año. Antiguas ordenanzas obligaban a consumir el cultivado en las huertas cercanas, prohibiendo la entrada de los forasteros. En Cartagena, los médicos titulares debían certificar su bondad. En Caravaca, Lorca y Mula se buscaban los caldos de Bullas y Cehegín. Jumilla producía muy poco y lo compraba en Yecla, aunque aquí lo solían importar, bajo mano, de Monovar.
Al parecer, el vino cosechado en la huerta murciana era muy “bronco”, pero la mayoría de los propietarios eran los mismos regidores. Sólo el destinado para los actos religiosos era de mayor calidad.
Seguimos sin tener noticias sobre la venta de bebidas alcohólicas como el whisky o el coñac, y sólo sabemos del aguardiente de vino o de anís.
Yá entonces, en Murcia había al menos una taberna en cada calle.
La Ciudad, en conformidad del estilo y costumbre que tiene de poner prezio al vino, Acordo que el azumbre de vino nuevo se venda a 6 quartos; y para el consumo del que ubiere viejo en las tavernas se conzede de termino asta el dia catorze de este mes, y se publique. Y pasado, no se pueda vender si en la casa de la nieve y en la Carreteria por mayor vajo la pena de la hordenanza.
Para su observancia se encarga a los Cavºs fieles executores y a los Sres Dn Antonio de Roda y Dn Francº Abellaneda, Rxres, zelen y hagan visitas denunciando a los que a lo referido contravinieren.

Enfermos en la cárcel

24 de octubre de 1744
Para Susana
41024Las Reales Cárceles estaban cerca de las dependencias de la Inquisición, en las inmediaciones del actual Colegio de Arquitectos y del edificio Victoria. Sus instalaciones mantenían las antíguas celdas de siglos anteriores. Mujeres y hombres estaban acinados, y era frecuente que las cuerdas de galeotes que llegaban desde la Corte y debían pasar a Cartagena viniesen a la Ciudad en malas condiciones sanitarias. En la sociedad urbana, cuando acontecía algún caso de enfermedad contagiosa, el protocolo obligaba a quemar todas sus ropas y pertenencias, pero esto resultaba complicado en los ambientes penitenciarios.
Al Memorial de Juan Siles, Alcaide de la Carcel, suplicando a la Ciudad que haviendo muerto en ella un preso de accidente contagioso, por lo que ha quedado inficionado el quarto donde tuvo la enfermedad, como consta de la certificacion de los medicos en que son del dictamen se limpien las maderas y se enluzga el quarto para que pueda havitarse a fin de precaver qualquier daño. Quien en su vista Acordo que dhª obra se execute cin intervencion del Sr Dn Francº Montixo, regidor, y que su gasto se pague de los efectos de propios formandose relacion por el mayordomo para librarlos.

“Marranos” de San Antón

Murcia, 21 de octubre de 1727
41021Dentro de la política de higiene y saneamiento de las Ciudades, Villas y Lugares que se generó en toda Europa para evitar las terribles epidemias del siglo anterior, una de las mayores dificultades era suprimir la ancestral presencia de los llamados “marranos” de San Antón. Los animales pertenecían a la Encomienda hospitalaria y podían deambular por las calles para ser alimentados por los vecinos, o bien comiendo todo lo que encontraban a su alcance.
La Ziudad en vista de lo manifestado por el Sr Dn Francº Rocamora, Rxºr, sobre los graves daños publicos que resultan de el exzesibo numero de lechones de Sn Anton que andan por esta Ziudad, su guerta (s) y Lugares de la Jurisdiczion, Acordo que el Cavº Procurador General, en Justicia y a dictamen de los abogados, aga todas las dilixenzias combenientes para que se reduzcan a numero competente como esta Ciudad lo tiene arreglado en lo antiguo sacando para ello copia de dhºs acuerdos.

Protocolos sanitarios

4100991720 – 1724
410092-La cuestión – dijo brutalmente el viejo Castel – es saber si se trata o no de la peste.
Dos o tres médicos lanzaron exclamaciones. Los otros parecieron dudar. En cuanto al Prefecto, se sobresaltó y se volvió maquinalmente hacia la puerta como para comprobar si sus hojas habían podido impedir que esta enormidad se difundiera por los pasillos.
                                                                                    Albert Camus: La Peste, 1947
En aquellos dias no teníamos nada que se pareciese a los periódicos impresos para diseminar rumores o informes sobre las cosas y para mejorarlos con la inventiva de los hombres, cosa que he visto hacer desde entonces. Pero las noticias como esta se recogían a través de las cartas de los mercaderes y de otras personas que mantenían correspondencia con el extranjero, y se hacían llegar verbalmente a todas partes; así, las noticias no se divulgaban instantáneamente por toda la nación, como sucede ahora. Pero al parecer el Gobierno tenía un informe veraz sobre el asunto, habiéndose celebrado Varios consejos para discutir los medios de evitar que el mal llegase hasta nosotros.
                                                                      Daniel Defoe. El año de la peste, 1722.
Defoe fue un escritor incómodo para su tiempo. A parte de su conocida novela Robinsón Crusoe, el resto de sus trabajos criticaban duramente a la sociedad de su tiempo, lo que le supuso serios problemas con las autoridades.
En 1722 escribió “El año de la peste”, crónica novelada de la peste de 1667 en Londres, en cuyas páginas se ponía en duda la forma con que los gobiernos, y en concreto el inglés, se enfrentaron a los estragos de la pandemia. Albert Camus se inspiró en ella para escribir “La Peste”.
A lo largo del siglo XVIII, hubo numerosos episodios de enfermedades y epidemias. La más grave se desencadenó en Marsella en 1720, cuando llegó a su puerto un barco mercante que venía de las costas africanas y que estaba totalmente infectado de peste bubónica. A las pocas semanas, habían muerto miles de personas en la ciudad francesa y sus alrededores. Este suceso fue rápidamente controlado por todos los gobiernos europeos, puesto que, como se comprobó después, supuso un serio revés para el comercio durante los años siguientes. No es de extrañar que Defoe publicase su novela en 1722, criticando en ella ciertos comportamientos decepcionantes de los gobernantes.
Hasta 1724, se estableció un férreo protocolo de seguridad en todo el Mediterráneo. Para evitar desembarcos de hombres o mercancias contagiados, las costas murcianas fueron ocupadas militarmente, colocándose puestos de vigilancia en todas las playas y en todas las lomas desde donde se pudiera ver el mar. Los poblados de Mazarrón y los cercanos al Mar Menor tambíen fueron controlados por los soldados. Las Ciudades de Murcia, Cartagena y Lorca quedaron cerradas, llegando a participar activamente en las labores de control y vigilancia los miembros del Clero.
En otros momentos de menor gravedad, el castillo de San Julián de Cartagena se convirtió en lazareto donde eran conducidos los marineros de los barcos sospechosos de estar contagiados. Allí permanecían el tiempo establecido por los protocolos de cuarentena. Los médicos los visitaban diariamente.
Las pagínas de las actas capitulares de estas Ciudades que se ocupan de los sucesos de aquellos años, son de las más interesantes de todo el siglo XVIII.

Libros y enfermos

Murcia, 30 de julio de 1754
El mayor problema a que se enfrentaban los médicos era los abundantísimos casos de tuberculosis. El protocolo a seguir, una vez fallecido el enfermo era la quema de todas sus pertenencias. Esto hace que a veces se tenga información de algunos aspectos de la vida cotidiana. Según lo que reflejan los numerosos testamentos consultados hasta ahora, el nivel cultural en Murcia era muy bajo. Muy pocos, incluídos concejales y destacados miembros de la sociedad, sabían leer y escribir. La existencia de una pequeña biblioteca debe ser considerado como un hecho aislado.
El Sr Dn Joaquin Riquelme, Rgor, hizo presente que en virtud de la comision que se le confirió en el Cavildo inmediato se ha ynformado si se debe quemar la librería de Dn Francº Lison, y le a respondido Dn Bartolome de Canovas, medico asistente a su enfermedad, quien le ha manifestado no deverse quemar por no haver usado libros desde antes que tuviera el mal contajioso, para que la Ciudad resuelva lo combeniente.
Y haviendolo oydo, dio las gracias al Señor Dn Joaquin por su zelo al veneficio publico, y Acordó se execute asi y que disponga dho Sr se quemen las ropas y trastos de su uso.