La Noria del Villar en Ulea…. y otras cosas.

ulea1En las últimas semanas, los medios han venido dando la crónica del proceso de degradación que está experimentando la noria del Villar del pequeño municipio de Ulea, emplazada en el corazón del Valle de Ricote.
ulea2Puedo presumir de conocer los riegos tradicionales de ese Lugar, por haber recorrido muchas veces el curso de la acequia mayor que discurre a lo largo de su huerta. Los papeles viejos cuentan que allí hubo al menos seis norias. Yo he visto dos artefactos, y el asentamiento de un tercero. Se supone que siguiendo el río, pocos metros más abajo del Salto de La Novia, paraje que marca los límites entre la huerta de Ojós y las de Ulea y Villanueva, hubo un artefacto que dotaba de agua la fuente o pilón, el lavadero y algún abrevadero de la Villa.
El Valle de Ricote atesora un sin fin de asentamientos de elementos vinculados a la cultura del agua, construidos muchos de ellos hace lo menos 300 0 400 años (azudes, acequias, lavaderos, abrevaderos, pilones y fuentes, molinos, y sobre todo artefactos elevadores de aguas: norias, aceñas y contraceñas). De estos últimos tenemos referencias documentales que generan un censo enorme: más de 100 artefactos.
Si se buscasen las raíces originarias de la sociedad murciana, se haría inevitable desembocar en esa cultura del agua.
Se ha venido hablando mucho de la influencia de la sociedad morisca que vivió en ese territorio, hablando de su filosofía, de sus personajes y de sus tristes destinos. Pocos se han acercado a la realidad cotidiana y en el mantenimiento de las normas del agua que habían heredado de ancestros venidos de Siria y de Egipto. Da igual. El caso es que la mayoría del paisaje que hoy existe en esos terrenos fue construido y mantenido por ellos.
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Desde hace yá muchos años hemos venido colaborando, de cerca o de lejos, en la restauración de los artefactos elevadores de agua, sobre todo norias. Como se ha dicho, los asentamientos de los artefactos están a lo largo de los cerca de 30 kilómetros del Valle. Pero la mayoría fueron construidos en las huertas, alejados, por lo tanto, de los núcleos urbanos.
Una animada ilusión que tienen muchos responsables municipales o regionales es la recuperación de esos elementos con un entusiasmo, sincero unos y oportunista otros. Para ello se ha procedido a todo el protocolo (habilitación de fondos, contrato de especialistas y constructores, acopio de materiales, etc.) y se ha restaurado el elemento.
Sin embargo, el mayor problema que presenta la mayoría de todos esos artefactos, es que están ubicados fuera de los territorios urbanos, en las huertas o en los montes cercanos. Y una vez que se ha cumplido con el ritual de la inauguración quedan suspensos su conservación y mantenimiento.
asentamiento que muestra la existencia de dos norias

asentamiento que muestra la existencia de dos norias

Los problemas pueden ser los siguientes:
1º.- Si el artefacto restaurado se encuentra en un cauce de aguas destinadas para el riego, debería contar con el acuerdo de la agrupación local de regantes, que suele ser agena a la gestión municipal.
2º.- Si el artefacto está emplazado en terrenos de particulares, debe procederse a un acuerdo con estos, para evitar apropiaciones una vez comprobada la buena ejecución de la restauración.
3º.- Sobretodo y antes de proceder a la ejecución del proyecto debe quedar en la Secretaría del organismo municipal concernido un documento que recoja el protocolo de mantenimiento y conservación del artefacto, para “que en todo tiempo conste” y evitar desconocimiento en caso de tener que volver a intervenir en él.
Este documento debe incluir el emplazamiento rural del artefacto y de las dificultades que pueden surgir por esa lejanía. La mayoría de los Municipios en donde se encuentran los enclaves de las norias y de las aceñas disponen de un presupuesto muy corto para cumplir con todas sus obligaciones, y a pesar de haber participado otros organismos y entidades en su recuperación, ese compromiso suele acabarse al quedar “inaugurada” la noria en cuestión. Lo que desemboca en la imposibilidad de atender su mantenimiento, y por lo tanto, dar paso al progresivo deterioro de la misma.
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ojos1bnComo se ha dicho, en el Valle de Ricote muchos asentamientos de vestigios de la cultura del agua están en las huertas o en los montes, lejos de las aglomeraciones urbanas. Y por lo tanto para las autoridades locales resulta casi imposible vigilarlos por la escasa nómina de agentes de que disponen, cuando a veces es casi imposible controlar los daños que sufren los “bienes culturales” emplazados en los mismos cascos urbanos. Es una constante en la sociedad actual, comprobar como, tanto las tribus grafiteras u otras, incluyen en sus ritos la destrucción de los elementos más representativos de la vida tradicional, unos con las pintadas, otros abandonando basuras en el recinto de ellos, y otros presenciando indiferentes esa degradación
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Siempre que he participado en la recuperación de elementos de la vida tradicional, he insistido en la prevención de normas y provisión de caudales para su mantenimiento y conservación.
Unas veces me han escuchado otras no…

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