Danzas de velatorio

Mula, 30 de enero de 1783
Archivo Casaú. 1924. CEHIFORM
Archivo Casaú. 1924.
CEHIFORM
A finales del siglo XVIII, la sociedad española era oficialmente católica, y por lo tanto debían seguirse los protocolos de los ritos de paso según las normas de la Iglesia: Responso, entierro, funeral, etc. con el mayor decoro posible. Sin embargo, se mantenían ciertas ceremonias desde mucho tiempo atrás, que escapaban a esa forma de entender los tránsitos, y que aún hoy en día podrían escandalizar a las mentes más conservadoras.
Dentro de las categorías de bailes o danzas rituales, se han documentado muy abudantemente las llamadas “Danzas de velatorio” que se hacían sobretodo ante los cuerpos de los niños fallecidos, pero tambíen ante cadáveres de personas adultas. Todo ello seguía la interpretación del destino de las almas, que según unos iban directamente a los cielos, en cualquiera de sus acepciones, y según otros iban al Purgatorio. En 1783, apenas se conocían las costumbres de los pueblos africanos, pero se empezaban a vislumbrar las de los indios norteamericanos. Entre estas estaba la “danza de la muerte” para desear un buen “viaje” al finado.
No es la primera entrada que el Postillón dedica a este tema. Debe buscarse la protagonizada por Walter Starkie que hizo la crónica de un de estos velatorios en 1930.
Que en atencion a que se experimentan graves perjuicios a la quietud publica de salir los hombres y mugeres que asisten a las velas de los parbulos a desora de la noche con panderos, guitarras y otros ynstrumentos y sin ellos, cantando y mobiendo alborotos por las calles de esta poblacion, para obiar semejantes escandalos y cortar la raiz a males tan grandes, mandaron sus Mercedes que ninguna persona de qualesquier estado, condicion o sexo que sea, salgan ni acompañadas con pretexto alguno ni puedan salir a las referidas velas ni de otras partes, de las diez de la noche en adelante, con musicas ni sin ellas, pena de tres rls por cada persona que contraviniere y de prozeder a lo demas que haya por drº.

Deja un comentario