Día mundial de la radio: Marconi, Flammarion y H. G. Wells

El Liberal de Murcia, 27 de febrero de 1906
La prehistoria de la radio está marcada por los trabajos de Marconi, quien “inventó” la tecnología capaz de transmitir señales mediante ondas hercianas. Desde 1904, técnicos enviados por el inventor italiano trabajaban activamente en el puerto de Cartagena para instalar aparatos en los barcos de la marina de guerra española. A finales de ese año habían instalado una pequeña antena junto al faro de Cabo de Palos.
La electricidad, a principios del siglo XX, era el centro de numerosas investigaciones, ya que en todos los terrenos científicos se trabajaba en sus posibles aplicaciones.
En este sentido cabe mencionar que el cine tal y como lo conocemos pudo no llegar a ser, puesto que desde algunos centros experimentales se habían establecido las bases para poder transmitir imágenes en movimiento mediante las ondas: La televisión.
Camille Flammarion, hermano del fundador de la importante editorial, fue un apasionado astrónomo y difusor de la cultura en Francia. Apasionado estudioso del planeta Marte, probablemente debió quedar impresionado por la novela de H. G. Wells”: La Guerra de los mundos”.
TELEGRAFÍA INTERPLANETARIA.
Los periódicos de ambos hemisferios publican, desde hace algunos meses, una noticia sensacional, acerca de cuyos términos me pida alguna explicación. Parece que se trata de que en un punto de las Islas Británicas llamado cabo Clear, donde Marconi tiene instalada una estación de telegrafía sin hilos, se recibe diariamente entre doce y una de la madrugada un mensaje, siempre el mismo, que todavía no ha podido ser descifrado.
No se ve en él palabra alguna de lenguaje terrestre conocido. La señal misteriosa permanece incomprensible. Se agrega que el sabio inventor de la telegrafía sin hilos, ha dado a entender que puesto que el mensaje no corresponde a ninguna lengua terrestre, quizá sea enviado por habitantes de Marte.
La idea es original, pero inverosímil. De toda suerte convendría saber con exactitud lo que ha sido observado. Quizás se trata de un trastorno debido al magnetismo terrestre y a la electricidad atmosférica. Como quiera que Marconi se ha abstenido de toda comunicación personal sobre el asunto, es probable que no le conceda gran importancia.
Por otra parte, también convendría saber lo que hay de verdadero en el origen de esta historia, en qué época comenzó el misterio, cuanto tiempo ha durado y si verdaderamente la perturbación se ha producido a una hora fija de la noche. Al pasar por la trasmisión sucesiva de los periódicos de los diversos países, los hechos más sencillos se transforman, se deforman, se metamorfosean de la manera más extravagante.
Y desde luego, el hecho de que los habitantes de Marte hayan escogido esta año de 1906 para entrar en relación con nosotros, reviste evidente aspecto de imposibilidad; porque hemos permanecido desde hace un año a la mayor distancia los unos de los otros, habiéndose alejado el planeta Marte por el otro lado del Sol. Es de creer que no habría de escogerse tal situación para l’entante cordiale. Si nuestros vecinos del cielo tratan de comunicar con nosotros, las épocas más propias para tales ensayos de telegrafía interplanetaria serían las épocas de mayor aproximación, tales como Mayo de 1905 o Julio de 1907; pero el año de 1906 nada vale para ello.
Por otra parte, ¿cómo es posible que se haya recibido ese mensaje martiano todos los días entre doce y una de la madrugada, no hallándose el planeta por encima de nuestro horizonte, sino estando por el contrario bajo la Tierra?
Todo nos induce, pues, a creer que los habitantes de Marte no han intervenido para nada en este asunto.
Si como lo afirman varios periódicos científicos, la señal recibida consiste en tres puntos (…) lo que representa el l,s de Marconi, podemos recordar que los aparatos Morse, en tiempo de fuerte tensión eléctrica, dan precisamente ese signo de tres puntos (no masónicos) por lo cual podemos pensar que la electricidad atmosférica, como decíamos más arriba, es la verdadera causa de todo. La regularidad periódica, continúa de todas suertes constituyendo un problema.
Hasta lograr más amplia información, debemos pues, guardar una prudente reserva. Pero la cuestión no pierde por ello interés. No crean ustedes que es de ahora ni mucho menos.
La primera idea de una comunicación con otro mundo, tomó a la Luna como primera etapa. Ya hace mucho tiempo, en 1862, escribía yo en mi obra “La pluralidad de los mundos habitados” que en sus explicaciones de astronomía dadas veinte años antes en el Observatorio de París, recordaba Aragó que un geómetra alemán había propuesto se instalasen en un vasto espacio de terreno cierto número de espejos metálicos, reflectores de la luz del Sol, y dispuestos siguiendo figuras geométricas, tales, por ejemplos, como el  cuadrado de la hipotenusa. Por poco inteligentes que fuesen los habitantes de la Luna (decía el geómetra alemán) reconocerían sin trabajo que esas figuras geométricas regulares no debían ser efecto de la casualidad, sino obra de los habitantes de la Tierra. De aquí a pensar que ellos podrían a su vez trazar figuras de la misma índole, no había más que un paso. Y de este modo una primera comunicación óptica, en lenguaje geométrico, podría establecerse entre ambos mundos.
Esta idea, que yo puse en circulación hace más de 40 años, ha sido repetida después otras veces y aplicada con preferencia al planeta Marte, al que tan magníficamente nos han aproximado las conquistas del telescopio. La vida intelectual parece hallarse hoy en su apogeo en ese mundo vecino, y no es absurdo que allí ensayan desde hace miles de años el dirigirnos señales que aún no somos aptos para comprender. La Ciencia es, en efecto, muy reciente en nuestro globo. No hace más que unos 200 años del comienzo de nuestras observaciones de Marte con instrumento de óptica y de su estudio geográfico y meteorológico, y aún en nuestra época, sólo un pequeño número de hombres siguen esos trabajos con asiduidad. Los martianos (s), más avanzados que nosotros en su evolución, pueden haber imaginado desde largo tiempo diversos modos de comunicación, a los cuales permanecemos extraños y estimarán que la humanidad terrestre no es muy fuerte desde el punto de vista intelectual.
Varias veces, es verdad, hemos notado en dicho planeta puntos luminosos que han dado la impresión de señales a imaginaciones un poco vivas, pero la observación atenta de esos puntos ha mostrado que se trataba de fenómenos naturales: nieves y nubes.
Nuestros progresos en Geografía Marítima han sido tan rápidos desde hace unos 20 años, que cabe esperarlo todo. No conviene, sin embargo, exagerarlo, como ha hecho una de mis lectoras, Mme. Guzmán, que al legar a la Academia de Ciencias la cantidad de 100.000 francos para premiar a quien encuentre el medio de comunicar con un astro, ha exceptuado al planeta Marte, pensando, sin duda que esto ha de ser cosa pronta y fácil.
La Academia ha aceptado este premio y ha hecho bien. El ilustrará durante largo tiempo el nombre de Guzmán, porque si alguna vez se llega a establecer una primera comunicación, es probable que sea precisamente con Marte. De modo que la adjudicación del premio es problemática.
Felizmente los intereses de esa suma se entregan en beneficio de los progresos astronómicos. Ya logró alguna protección a cuenta de esto Mr. Perrotín, el malogrado director del Observatorio de Niza.
Pero es este un caso notable de extravagancia. Poner fuera de concurso al único planeta que se halla en situación de responder, es el colmo de la originalidad. La humanidad terrestre es verdaderamente curiosa, aun en lo que sube del término medio corriente.
Mi amigo Carlos Crós imaginó y propuso un ingenioso procedimiento de comunicación con los planetas, que puede leerse en detalles en un pequeño libro titulado “Excursiones por el cielo”, y que consiste en la trasmisión de una serie de haces luminosos suministrados por un intenso foco eléctrico y dirigidos por medio de espejos parabólicos.
Así se crearía en la Tierra una estrella artificial, que vista desde Venus o desde Marte, tendría el brillo de una estrella de octava magnitud. Las señales se harían con intermitencias rítmicas de destellos simples, de destellos dobles, de destellos triples, etc., etc., de tal suerte, que los observadores de Venus o de Marte no podrían atribuirles un origen natural volcánico o de orden semejante, sino un fin intencionado e inteligente.
Así podría realizarse una primera comunicación del Cielo con la Tierra. La idea es ingeniosa, como cuanto salía de aquel cerebro ardiente. (Generalmente se ignora que Carlos Crós fue el inventor del fonógrafo y de la fotografía de los colores.) Pero se nos antoja que rozamos una utopía al pensar que los ciudadanos de nuestro planeta tienen otras cosas en que ocuparse antes de acudir a los otros mundos.
No es obligatorio, sin embargo, que hayan de permanecer siempre adheridos como ostras a su roca, y quizás algún día un fenómeno inesperado elevará sus miradas y sus espíritus hacia la solución del problema. ¿Quién hubiera podido prever el análisis espectral de los cuerpos celestes, por virtud del cual los elementos constitutivos de las estrellas, situadas a millones y millones de kilómetros, son hoy determinados en los Observatorios? ¿Quién hubiera podido prever los rayos X, que permiten á un operador fotografiar el esqueleto de una persona el través de sus carnes y de sus vestidos? No neguemos nada. Esperemos.
La perturbación magnética o eléctrica de los aparatos Marconi probablemente no hace adelantar nada en la cuestión, pero nos incita a pensar que quizás un día la humanidad de nuestra isla flotante no quedará ya aislada de sus hermanas del espacio.
Camille Flammarion.

 

Deja un comentario