1º de noviembre de 1914
Definitamente, parecía que los espectáculos eran el mejor refugio para olvidar la crisis, aunque fuese por unas horas. El mismo dia en que se proyectó una película por primera vez en la Región de Murcia pero 18 años después, se inuaguraba un salón de espectáculos con todos los avances de la época, incluída una cabina de proyección protegida contra cualquier incendio. El fútbol todavía era un deporte de minorías que se practicaba en pequeños estadios.
Sin embargo, en algunos lugares ocurrían algunas cosas que bien podían ser el argumento de una película…
41103Teatro Ortíz. (actual Cine Rex).- Anoche se celebró la inauguración del Teatro Ortíz, precioso saloncito que ha construido en la calle de Vara de Rey nuestro buen amigo Don Daniel Ortíz, y al que auguramos un éxito completísimo.
No hay que decir que el teatro estaba completamente lleno. Desde hace días se habían agotado las localidades, siendo muchas las personas que se han quedado sin poder asistir a la función inaugural.
El teatro gustó mucho. El público dedicó grandes elógios a cuantos han intervenido en la construcción.
Lo que ocurre en Jumilla.- Cosas absurdas se ven en España emanar de los centros gubernativos pero confesamos que ninguna comparable a lo que viene ocurriendo en el honrado y laborioso pueblo de Jumilla, donde el disparate oficial ha llegado al límite.
He aquí una ligera explicacíon del asunto, para que nuestros lectores digan si hay o no para indignarse.
Hace muchos años, más de treinta, que las gentes humildes de Jumilla enpezaron a dedicar los días en que carecían de trabajo a convertir en terrenos cultivables las márgenes de las ramblas y las laderas estériles de los montes del Estado. Nadie se ocupó de ello, y merced a esta tolerancia, no ya humana sino digna de aplauso, y a la laboriosidad sin límite de los obreros, muchas familias han podido salvarse de la miseria y quizás de los horrores de la emigración, y el pueblo de Jumilla y el Estado mismo han visto acrecentarse la riqueza agrícola en un lugar tan castigado por la adversidad y convertirse en frondosos viñedos y hermosos olivares lugares que antes fueron eriales sembrados de piedras.
Pues bien, así las cosas, el Estado se acuerda de que tales terrenos son suyos ¿Y qué dirán ustedes que hace? ¿Ponerles un censo? ¿ Proponer su venta a los obreros que a costa de sudor les han dado un valor del que carecían y que nadie pensó pudieran adquirir?
Nada de esto: Se ha ordenado – ¡agárrense ustedes! – que tales plantaciones sean destruídas y que los terrenos vuelvan a quedar incultos.
Tan absurda medida ha motivado, como no podía menos de suceder, una viril protesta del pueblo de Jumilla, que por lo justa debieran suscribir todos los pueblos regionales y hasta los cuidadanos españoles que pensando cuerda y patrióticamente se lamentan de que los capitales y las personas emigran habiendo tanta riqueza por desarrollar en España.
El badilazo propinado por el Estado a esos obreros que le han dado una lección simbólica, que mediante el apoyo oficial se puedne convertir en tahullas fértiles los inmensos páramos que en nuestra nanión existen, da una triste idea de como se administra en España.
Nada más cruel que haber dejado realizar una obra que tantos desvelos representa, para verla ahora coronada con esa cruel destrucción que viene a ser el premio otorgado a los humildes hijos del trabajo.
Sabemos que la indignación es grande entre los jumillanos, que han nombrado para que los defienda en la acción que tiene entablada ante los Tribunales al abogado de Albacete Dn Pedro Pérez de los Cobos.

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