José A. Martínez Muñoz

y veintiseís
Y cuando calla el saxo
y el charles levanta su último vuelo
si uno se fija queda en el cuarto
un sonido un murmullo apenas un rumor
como si un animalillo hubiera decidido pasar la noche bajo la silla
y uno se dice que es el viento en la ventana
(el viento y nada más)
pero se sigue oyendo sordo un apenas rozar
silente y taimado como de lince que acecha
o como si hubiera entrado en la casa una partida del vietcong
como si alguien pasara las páginas de nuestras memorias
y las leyera en la sombra
un rezongar asmático de escolar que repasa las cuentas
de viejo confesor o de fusilero
como cuando se escucha el urdir del reloj
o el comercio de los topos en una noche de insomnio
como el siseo en la brisa del diario que cubre un cuerpo
el visillo desgarrado de la casa vacía
o el último leño que muere en el hogar
como el rasgar de la pluma sobre la bitácora del náufrago
y uno cree oír un silencio de nadie al teléfono
y el eco ligero de un resuello que no es el suyo
y supone que es el silencio (el silencio y nada más)
y pudiera pensar que se asienta la casa
o hay carcoma de los muebles
o que el perro anda otra vez royendo su hueso
pero lo que se escucha mientras el humo teje su danza
como una quinta columna es la vida
que da cuenta de cuanto queda de uno

 

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