La Santa Compaña

Murcia, 31 de octubre de 1795
41031La noche de Ánimas era una de las más terribles, sobre todo para los moradores de los pequeños lugares y de los caseríos aislados. Antiguas creencias y fuertes supersticiones aludían a “La Santa Compaña”, especie de procesión macabra formada por las álmas en pena que podía salir en cualquier momento y en cualquier lugar. Los cementerios civiles no existían y los enterramientos se hacían en el entorno o en el interior de las iglesias parroquiales, lo que aumentaba en las poblaciones los temores por la proximidad de los difuntos. En los campos de Fortuna y Abanilla todavía hoy se mantienen creencias sobre aparecidos y aparecidas que surgen en los caminos.
Para protegerse de estas desagradables presencias, las viviendas se cerraban por completo al anochecer. Pero, por si venía algún ancestro, se le preparaba un pequeño almuerzo y dulces a base de calabaza, o se le dedicaban pequeñas luminarias en recipientes de aceite. Se ha documentado que en algunos sitios, incluso se preparaba una cama por si quisieran descansar. En Murcia, entre los más pequeños se recuperaba la terrible figura del Tío Saín o Saíno o el del Perule en Cartagena: ¡¡¡El Tío del saco que podía llevarselos!!!. Según Sánchez Conesa, desde tiempos inmemoriales, se utilizaban calabazas con luces dentro como amuleto protector. Esto, aunque se atribuye a la actual cultura norteamericana, procede como tantas otras cosas de allí, de las tradiciones de los emigrantes europeos.
Tratose de arreglar las posturas a los generos comestibles en cumplimiento de lo encargado por la superioridad, practica y costumbre de este Ayuntamiento, quien ynformado de las ocurrencias presentes por los Cavalleros Fieles Ejecutores actuales, resolvio lo siguiente:
Que la libra de uva de Jijona se venda a quatro quartos
La de garvanzos remojados a zinco,
La de arrope claro a nuebe cuartos
Y la de calabazate a ocho
Y Acordó la Ciudad sigan estos precios con los demas señalados en la tabla general hasta nueva providencia.

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