Las pedanías: Pequeña historia

Pedanías de Murcia. (Del Libro: Historias de los Lugares).
41108Desde mediados del siglo XVII, el Concejo de Murcia quedó como único propietario de todo el territorio comprendido en sus límites [1]. Para poder administrar esos lugares, se procedió a una primera división administrativa en Partidos o Diputaciones (hoy pedanías), pero conservando el derecho y la propiedad sobre los terrenos, que eran llamados “realengos”, por su antigua pertenencia.
El término “Diputación” se aplicaba para la administración del espacio físico habitado a su cargo, ya que sólo se aplicaba el término “Pedanía”, y más concretamente a su gestión “Alcalde Pedáneo” a Fuente Álamo y a su dirigente. El resto resultaba ambiguo, puesto que en realidad se trataba de tres tipos diferentes de espacios:
1º.- Pequeña población o agrupación de edificios con calles y plazas, incluido su entorno geográfico y fiscal, de origen muy antiguo en algunos casos, donde tiene lugar la vida cotidiana de forma casi similar a la de la Ciudad.
2º.- Agrupación diseminada de edificios destinados a vivienda pero también a actividades industriales como la seda (las primeras barracas huertanas), más o menos surtida de unos escasos servicios fiscales, alimenticios y similares. Surgen a partir de la presencia inicial de una ermita, un estanco, una balsa o pozo para ganado o una venta. En el caso de estas últimas, suelen generarse en cruces de caminos o emplazamientos estratégicos por las distancias que obligaban al cambio o descanso de las caballerías.
3º.- Espacio geográfico indefinido delimitado por mojones o hitos, en los que bien predomina una actividad agrícola o industrial (alfarería en Guadalupe y Espinardo. Cal en Sucina – Balsicas), o se trata de un lugar estratégico como un paso tradicional de ganado o un Camino Real. La población, si existía, solía estar dispersa en pequeños cortijos o casas aisladas, cuyos propietarios iban aumentando los edificios conforme crece el núcleo familiar. Algunos ejemplos son:
Avileses (Los Avilés)                                      Familia
Casas de Saavedra (Santo Ángel)                Señorío
Lo (de) Ferro                                                  Familia
Gea y Truyol                                                  Familia
Gerónimos (Sucina)                                       Convento
Jimenado                                                        Venta
Lo Jurado                                                       Familia
Pacheco                                                         Familia
Los Ramos                                                     Familia
Roldán                                                            Familia
Cabezo de (los) Torres                                   Familia
Zarandona                                                      Familia
            Estos espacios, principalmente los dos últimos, venían siendo definidos como Pago, Partido, etc., en función de su utilidad o su rentabilidad: Pero resultaban confusos y difíciles de controlar en muchos aspectos. Era evidente que ahí vivían y trabajaban personas que hacían que los terrenos fuesen “rentables”, es decir susceptibles de generar impuestos. Por lo tanto se les debía garantizar unos servicios, que si no podían ser los mismos que en la urbe, tenían que garantizar a sus moradores un mínimo de calidad de vida. Muchas de estas diputaciones carecían de servicios religiosos, ya que la distribución del territorio en parroquias se hizo en función, entre otros, del número de “almas”. Sus habitantes debían desplazarse a las ermitas o conventos cercanos para las misas y demás o bien acudir a las capillas insertas en las haciendas de los terratenientes. Las numerosas Cofradías y Hermandades del Rosario y de las Ánimas suplían ciertos actos religiosos.
(continuará).
[1] Al parecer, esto ocurrió en torno a 1646, mediante un pago de 6000 Ducados de la época a la Corona.

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