María Linares, carnicera

Me hubiese gustado conocer a María Linares, carnicera del Lugar de La Palma, en el Campo de Cartagena.
A pesar de muchos criterios erróneos, las mujeres tuvieron un papel muy activo en la sociedad murciana del siglo XVIII. Era habitual que los mostradores de las panaderías, pescaderías y fruterías estuviesen atendidos por mujeres. En los muelles y orillas de lugares donde la pesca era la principal actividad iban las mujeres a coser redes y a otras faenas, al margen de la colada. En las marinas, era frecuente que los hombres hiciesen los guisos de pescado, por ser esto a pleno sol.
En las grandes ciudades, algunos comercios de zapatería y pañería eran propiedad de mujeres, aunque el negocio estuviese registrado a nombre de un familiar, en caso de que la propietaria fuese soltera. Grandes haciendas eran gestionadas por sus dueñas al haberlas heredado de padres o maridos fallecidos.
En los pequeños núcleos de población, esas actividades estaban “mal vistas”, y a las trabajadoras se las acosaba de la forma más cruel que pudiera darse: “el desprestigio”.
Por antiguas leyes de la administración, era una obligación de los Ayuntamientos garantizar el abastecimiento de las llamadas cuatro especies: carne, vino, vinagre y aceite a los lugares. Para ello se sacaba a subasta cada una de ellas, distribuyéndolas el adjudicatario a los “Estancos” y tiendas, con la precisa condición de que la carne debía vender en una tienda específica, para evitar contaminaciones con otros géneros.
La inspección de la calidad de los productos corría a cargo de los “fieles ejecutores”, antecesores de los actuales inspectores de consumo. Era frecuente que esos abastecedores, confiados en que por la distancia de los lugares a la Ciudad o Villa, era difícil que se averiguase si cometían alguna tropelía, ofreciesen carne, sobre todo la del abundante cordero, que no tenía la calidad requerida.
Sin embargo, La Palma y Pozo Estrecho, eran muy frecuentados por Concejales y otros miembros relevantes tanto de la sociedad cartagenera como de la de Murcia ya que allí tenían haciendas y tierras. En La Palma estaba una de las Tercias más productivas del Cabildo catedralicio, y allí residía uno de los Canónigos buena parte del año.
El abastecedor del lugar, al parecer, solía “cortejar” con malas formas a María Linares, casada pero con el marido carnicero en destierro, por lo que se ocupaba ella de la tienda. Ese hombre no dudó incluso en inventarse argumentos para desprestigiarla ante los regidores de la Ciudad.
23 de julio de 1781. La Palma, Diputación de Cartagena
Francº Aracil, escribano del Rey, Nrº Sr, público en su Corte y Reinos y Señoríos del Número y Juzgado de la Ciudad de Cartagena, estando al presente en este Partido de La Palma, doy fée:
Que siendo como las 4 horas de la tarde del día de la fecha, acompañado de Don Isidoro Rabacho, Regidor perpetuo de dicha Ciudad, pasé a la casa de María Linares, mujer de Vicente Sánchez, de ejercicio cortador. Y estando en ella, Don Isidoro mandó a la expresada María manifestase el peso de la balanza donde pesa la carne, para ver si tenía o no algún defecto. Lo que inmediatamente ejecutó, y se reconoció estar cabal.
Acto seguido, le preguntó qué pasaje le había ocurrido el día 17 del actual con Pascual Pérez, uno de los obligados de carne de ese Partido.
A lo que respondió: -Hallándose en mi casa, donde vendo la carne, el mencionado Pascual ese día acompañado de Juan López y Giménez del Olmo, en ocasión que entró por carne un cuñado del Cura de esta Parroquia llamado Bartolo, y dádole yo la que pidió, respondió el Pascual Péres, hablando con su compañero:
-¡Mira qué pesada de carne! ¡La buena, como pierna y costillas, es para el Cura y Rabacho, y los huesos para nosotros!
A cuya expresión, le respondí yo como expresaba semejantes palabras cuando estaba acostumbrada a despachar carne a las personas que iban por ella con la regularidad y proporción de hueso según la cantidad que piden, y en  particular a Don Isidoro, que me tiene dada orden que cuando vengan por carne de su casa, le eche algún hueso como codillo y eso.
Y entonces el Ginés de Olmo, hablando conmigo, me dijo:
-No te canses, pues quien nos mueve para que hablemos es tu amo.
Preguntó Don Isidoro a la citada María qué actos de Jurisdicción ejecutan Pascual Pérez y José Mínguez cuando ella o su sobrino Juan Sánchez despachan las carnes las mañanas; y a qué hora se ejecuta la matanza de las reses que se venden.
Respondió:
-Pascual Pérez y José Mínguez, en algunas ocasiones se han puesto detrás de mi sobrino al tiempo que estaba en la tabla despachando, y le decían y hacían despacharse a los sujetos que ellos querían con preferencia a otros, y señalando la carne que les había de dar con hueso o sin él. Con este motivo, llegó el extremo que en una de las ocasiones que practicaron este acto, se impacientó su sobrino saliéndose aburrido de la tabla, porque le privaban despachar con proporción la carne que vendía. Y en punto de matanzas unas veces la hacían a la oración, otras a las diez de la noche, y otras a las once o más.
De todo lo cual el mencionado Don Isidoro me requirió a mí, el escribano, que para los efectos que le convinieren y hubiese lugar, se lo diera por testimonio. Y para que así conste, a su instancia doy el presente que signo y firmo con él en este Partido de La Palma a 26 días del mes de marzo de 1781
Don Isidoro Romero y Rabacho = Ante mí Francº Aracil
Así mismo yo el infrascrito escribano, doy fée: Que estando la tarde de este día, siendo como las 6 horas de ella en las casas de morada del enunciado Don Isidoro Rabacho, que las tiene en esta Población de La Palma donde igualmente estaba el Diputado de ella, Domingo López, a mi presencia le preguntó Don Isidoro qué pasaje le había ocurrido el día 17 del corriente con Pascual Pérez, obligado de carne en este Partido. A que le respondió:
-Estando ese día enfrente de su casa que tengo inmediata a el pozo concejil, pasó el Pascual acompañado de Francisco León y otro vecino, que no hago memoria su nombre y apellido. En voces altas, me dijo ¿Por qué no vas a repesar la carne y cumplir con tu obligación? A que le satisfice que si él sabía que la carnicera o el carnicero la daban con falta, por qué no lo remediaba, supuesto que era su Amo. Y entonces me replicó el Pascual, encarándoseme con los que iban en su compañía, fuesen testigos que de aquí al Domingo eso me había de costar dinero.
Al oír aquello, le requerí y también a los otros sujetos lo fuesen igualmente, de qué me amenazaba, en qué me había de costar el dinero sin avanzar qué motivo hubiese para ello.
No contento con lo referido el Pascual, insistió el día 24 del propio mes, haciéndome como burla o escarnio, y diciéndome que por qué no iba a hacer justicia. A lo que no me contestó por valerse de su prudencia porque conocía que me quería provocar.
De todo lo cual me requirió el mismo Don Isidoro Rabacho se lo diese por testimonio.
Y para que así conste, a su solicitud y para los efectos que le puedan convenir, Doy el presente que signo y firmo con Don Isidoro en este Partido de La Palma a 26 días del mes de marzo de 1781
Don Isidoro Romero y Rabacho ante mi Francº Aracil.
Papel del médico del lugar
Certifico yo, Don Diego Morote Melgares, medico titular de La Palma, Jurisdicción de la Ciudad de Cartagena, que siéndome indispensable atender al bien público respecto las enfermedades que a mi cuidado incesantemente practico y asisto. Y siendo el uso de los alimentos una de las precisas y más necesarias prevenciones para que con su alituoso nutrimiento se ejecuten los aciertos de un total exterminio y recta curación, si estos no son saludables no causan los efectos que a cada paso observamos. Y habiendo experimentado que las carnes que se venden y que usan los enfermos, en vez de prestarles el efecto debido, se encuentran perniciosos síntomas deletéreos que, ya alterando precipitan las dolencias, ya con su nociva cualidad exaltando fulíginos dañados, perecen muchos de los que de tales alimentos usan.
Por tanto prevengo ésta mi certificación para que se providencie no sean esas carnes mortecinas ni de otra cualquier cualidad distinta al exacto régimen.
Y para que conste, doy esta en 13 del mes de julio de 1781.
La Palma, Don Diego Morote Melgares.
Pleno del Ayuntamiento:
El Señor Don Isidoro Rabacho, dijo: Que deseando contribuir a las justas intenciones de la Ciudad, con motivo de hallarse actualmente en su Hacienda del Partido de La Palma, ha procurado atender a el reconocimiento de la bondad de los géneros de que se abastecen los moradores de aquella Diputación, y señaladamente en cuanto hace a las carnes que tanto necesitan los muchos enfermos que hay en ella.
A este efecto ha pasado algunas veces a la carnicería que está a cargo de María Linares, le ha enterado la misma de las considerables faltas que se han verificado así en cuanto a la calidad y naturaleza de las reses que se deshacen como en cuanto a el modo de distribuirlas al público, según se reconoce del testimonio que entrega. Y también la poca regularidad del abastecedor de esta especie, Pascual Pérez, queriendo abrogarse las facultades que no le corresponden en modo alguno. Debiendo añadir que, así este como su compañero José Mínguez, han intentado varias veces surtir la carnicería (y aun tal vez lo habrán hecho) de carneros enteros y mortecinos, cuyas resultas pueden ser perjudiciales a la salud pública como lo indica la certificación del Médico Don Diego Morote, que igualmente acompaña a el referido testimonio.
En cuya inteligencia, y para que se provea de remedio a unos daños tan considerables, y quizá a otros mayores que puedan resultar de estos abusos si a Pascual Pérez no se le contiene en los términos de sus facultades obligándole y a su compañero a que cumplan las obligaciones de su acto, para lo que será conducente se determine tiempo y hora en que deba hacerse la matanza, presenciándola el Capitular que se encuentre en aquella Población, o en su defecto cualquiera de los Diputados de ella. Espera de la justificación de la Ciudad que sobre ello y sobre todo lo demás, acuerde lo que tenga por conveniente.
Entendida la Ciudad, Acuerda: Que el Señor Don Juan García Campero y el Caballero Procurador Sindico General pasen a ese Partido y examinen lo que hubiese en el asunto, haciendo todas las prevenciones correspondientes a los obligados y Diputados.
22 de octubre de 1781
Vióse un memorial presentado por Pascual Pérez, vecino y labrador del Partido de La Palma y abastecedor subrogado en esa Diputación, exponiendo que estando en la libertad de poner cortador que cuide del despacho de aquellos moradores, y aun siendo responsable a las omisiones y co-omisiones del que se emplee en este ejercicio, bien instruido de los defectos de María Linares (a la que destinó a este efecto por sus muchas suplicas) y que han motivado repetidas quejas a esta Ciudad  y a que se dignase acordar su cometido al Caballero Capitular Don Juan García Campero para el examen de esas quejas, se ha visto en la precisión de despedirla.
La susodicha, auxiliada de su genio díscolo, no quiere separarse de su destino ni menos adherirse a lo que le previene el que representa ni los Diputados del citado Partido. De suerte que es una nota y escandalo lo que vocean aquellos moradores en relación a las faltas que experimentan en las pesadas.
Por todo lo cual y demás razones que expone, suplica a esta Ciudad se sirva resolver lo que sea de su agrado, para que entendido el que representa de su resolución y acuerdo, haga el uso y merito que necesita para la indemnización de todas resultas.
Entendido por esta Ciudad, Acuerda: Da su comisión al nominado Sr Don Juan Campero a efecto que haga que Vicente Sánchez, que parece es el cortador, corte y no María Linares.
29 de noviembre de 1781:
El Señor Don Juan García Campero, dijo: Que en cumplimiento del acuerdo de esta Ciudad celebrado en 22 del corriente, relativo a que pasase su Merced como actual fiel ejecutor a la Diputación de La Palma, de este término, a efecto de reconocer y remediar el modo y forma con que se expedía la carne a los vecinos del citado Partido. Y  habiéndolo puesto en ejecución, se confirió su Merced en la mañana del siguiente día 23 al enunciado Partido. Y pasando a la carnicería encontró a María Linares, que es quien ejerce y dirige la tabla de carne a causa (según expresó) por hallarse su marido en destierro. Y el referido Diputado mostró un Decreto del Sr Alcalde Mayor, en que se le prevenía no permitiese en aquella tabla otra persona para el despacho de la carne que la referida María Linares.

 

Deja un comentario