Tornel y el agua de gracia

Sequía, julio de 1912
Uno puede pensar que las cosas que pasan en estos días son genuínas y que “antes” no ocurrían. Cuando llegaba el verano se hacía preciso dar un riego a las huertas que eran la fuente de vida de los pueblos y las ciudades y que se encontraban en un lamentable estado.
Al dividirse la administración terrotorial en Regiones y provincias y antes de crearse las Confederadiciones Hidráulicas de las cuencas, la gestión de las aguas se llevaba desde los Gobiernos Civiles. Un entendimiento, no siempre cordial, entre Murcia y Albacete solía desembocar en la autorización del llamado riego de gracia que se hacía a mediados del verano. Entonces funcionaba, aunque poco, el Consejo de Hombres Buenos.
Ayer acordó el Ayuntamiento pedir al gobernador de esta provincia que interese al de Albacete en ordenar a los pueblos ribereños que tienen toma en el Rio Segura, para que dejen correr el agua en un día señalado de modo que llegue en abundancia a esta Ciudad para sanear el rio y para que llegue a las colas de estas acequias. Lo mismo que se pide a aquel gobernador, hará este con los alcaldes de los pueblos de esta provincia.
El caso es conseguir lo que se llama “el agua de gracia” que se dedica, principalmente, al saneamiento, a la higiene y a las necesidades de la vida.
Todos los años, cuando los calores han producido sus efectos, hay que recurrir a pedir esta gracia para evitar muchos males.
Este año no será una vez sola la que se pida. Porque año más seco que este tal vez no se ha conozido. Se han apurado los algibes del campo. Han mermado los manantiales. En la misma huerta han bajado mucho las aguas de los pozos y en el caudal de las acequias se nota también una merma considerable.
El agua para el riego de los esquimos se la disputian en los veranos y más cuando son tan secos como el presente, palmo a palmo. Las mismas angustias pasa el huertano cuando lo que tiene plantado en la tierra le pide agua que cuando sus hijos le piden pan y no tiene que darles. De aquí los intentos de robar el agua, como se robaría el pan, y de aquí las peleas sangrientas que ocurren sobre las ventanas de las acequias.
Hasta ahora no ha habido este verano más que un caso sangriento con motivo de las cuestiones sobre riegos, pero ya se vienen celebrando ante el Consejo de Hombres Buenos muchos juicios pacíficos promovidos por usurpación de aguas.
Y es que sucede una cosa, que cuando hay agua en abudancia, todo se pasa por alto, hoy por ti y mañana por mí, pero en escaseando el líquido ya no hay padres para hijos. Además, en algunas acequias, por este comun arbitraje de regar cuando les parece a los partícipes, se ha olvidado el régimen de las tandas que todos los regantes y sus respectivos cauces tienen, y cuando el agua es deficiente y quieren que impere el derecho no saben cual es este y apelan a la fuerza. Como siempre que se desconoce un derecho.
Venga, pues, el agua de gracia a producir, por lo pronto, sus saludables efectos y a tranquilizar del mismo modo a los que temen ya que pueda faltarles el agua para sus pimentonares.
José Martínez Tornel

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